Andamos los culés con resaca hoy. Pero no esa resaca embriagadora, de sonrisa boba y síntomas amnésicos, con la que no sabemos qué hicimos el día anterior pero suponemos... no, estamos seguros de que fue algo bueno y divertido. No, la resaca de hoy es pastosa, de lengua como estropajo, pegada a los dientes o al cielo del paladar, de dolor de cabeza persistente, como si tuviéramos un martillo en lo más profundo del cerebro, que al ritmo del reloj tragado por el cocodrilo de Nuncajamás (o si lo prefieron, los acordes amenazadores creados por John Williams para el tiburón spielbergiano) nos recuerda que algo malo ha sucedido...