Es una de esas noticias que dan colorido pintoresco a las secciones locales de los periódicos, aparentemente una anécdota simpática, pero de consecuencias graves para los ciudadanos que han de sufrir la circunstancia.
Un frutero residente en Gijón (y con nebulosos vínculos con gente relacionada con el 11-M) cierra su negocio con cientos de kilos de fruta dentro ("Frutero a la fuga"), mercancía que poco a poco va pudriéndose, atrayendo a insectos y creando un problema sanitario serio. Mientras que la cosa no avanza porque hay problemas burocráticos ("La Policía espera los permisos para limpiar la frutería llena de mercancía putrefacta") el marrón le pasa a la dueña del local, a la que ante la tocata y fuga de su realquilado le toca hacerse cargo de la situación ("La dueña de la frutería de Schulz tiene un mes de plazo para limpiarla"). Al final, dos meses después, todo parece solucionarse ("Retiran la mercancía podre de la frutería de la avenida de Schulz de Gijón"). Más vale tarde que nunca y fin de la cita.