Buenos días. ¡Vaaaamoooossss!
Querido Enrique, en este mundo traidor donde cada vez hay menos verdad y más mentira, es difícil encontrar gente que se muestre cual es sin importar lo que piensen los demás, y que lo haga con el despliegue de honestidad y ejercicio de sabiduría que mostraste. Cuesta creer que ya no vamos a ver más retazos de tu gran cultura, de tu ingenioso sarcasmo, de los proyectos ilusionados que tu condición de jubileta con tiempo libre te permitía afrontar, de tus opiniones sobre cine, libros música y tebeos, de los imposiblemente posibles instrumentos musicales que construías (¿quién va a tocar el sputnik ahora, eh?), tus ¿habilidades? culinarias, tus paseos por Salamanca, los eclipses venidos y por venir. Cuesta creer que ya no compartiremos otro cachopo, o que ya no nos tomaremos ese jamón de Guijuelo regado de un buen vino que teníamos pendiente.






