Farmacia de Alonso Luengo, en León. Foto de Jordi Asturies.

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sábado, 13 de junio de 2026

Una peli al día (2026-06-12): ALARMA EN EL EXPRESO (Alfred Hitchcock, 1938) 10 (9,5)/10

Todo, o casi todo, funciona en "Alarma en el expreso” (The Lady Vanishes, Alfred Hitchcock, 1938). Para empezar, tenemos una primera parte de claro tono cómico que esta vez sí que es una perfecta introducción de los personajes y que explica y anticipa mucho del por qué de sus actitudes en el desarrollo posterior de la historia. Es cierto que si acometemos el visionado de esta película esperando que el maestro se meta en su terreno rápidamente y que nos haga disfrutar con su manejo del thriller y del suspense, es posible que esta parte inicial se nos pueda aparecer premiosa y hasta demasiado larga. Debo reconocer que las primeras veces que la vi caí en la misma trampa y no supe disfrutarla debidamente por esperar que se desencadenara la trama principal...

Pero con sucesivos visionados hasta este último creo haber aprendido a ver que, cómo es habitual en el director británico, nada es casual, nada es innecesario, nada está puesto ahí de manera ociosa. A veces saldrá mejor o peor, encajará más o menos acertadamente en el conjunto, pero todo tiene su razón de ser. Y en el caso que nos ocupa, además, el resultado es perfecto, o casi.

Decía Truffaut en el libro-biblia-entrevista con Hitchcock al que tantas veces hay que referirse que cada vez que reestrenaban este film en París, lo iba a ver dos veces por semana y explicaba que, como ya se sabía la historia de memoria, iba a fijarse en los detalles, en el uso de transparencias, en los movimientos de cámara en interiores, en el desarrollo de personajes... y se maravillaba de que por

mucho que la viera, había cosas que aún no podía entender cómo se habían hecho.

Magia, me atrevo a decir yo. La magia de un genio del cine que ya domina plenamente su arte y al que solo le faltan ya los grandes presupuestos y posibilidades de difusión que encontraría en la industria cinematográfica norteamericana para dar a muchas de sus películas el acabado que las lleva de obras maestras al siguiente escalón, a lo sublime.
 


Y ya que hablamos de magia, fijémonos en que Hitch hace empezar el film con un toque de cuento de hadas. Rodado completamente en interiores, de hecho en un pequeño plató de un estudio londinense, donde se reprodujeron las estancias del hotel de la primera parte y los apenas dos vagones de tren donde transcurre la trama principal, para los planos de localización de la aldea en las montañas donde empieza la película recurre a maquetas y fondos pintados, como era práctica corriente... pero son maquetas y fondos muy toscos, sin que le importe en absoluto la verosimilitud y realismo; al espectador no le cuesta nada ver la falsedad de lo representado, pero da igual. Es como si desde el comienzo HItch quisiera dejar claro que todo lo que vamos a ver es ilusión, una fabulación.

Es más, aunque teniendo en cuenta el año de producción de la película y el idioma o acento de los personajes secundarios nativos, la indumentaria militar de los villanos,etc. no cuesta nada advertir que estamos en la Alemania nazi en un clima de preguerra... se recurre al subterfugio de inventarse un país imaginario. Más ilusión, más fabulación. 

Y con este andamiaje, llega por fin la trama de intriga, un modelo de narración. Modélicamente claustrofóbica y paranoica, con la protagonista, en el reducido ámbito de dos o tres vagones de un tren y un compartimento del mismo, buscando a una compañera de viaje, una anciana institutriz, que ha desaparecido misteriosamente y encontrándose con la incomprensión, por no decir hostilidad, del resto de pasajeros negando la existencia de dicha dama... que, como dice el título original del film, no es que haya desaparecido, parece haberse desvanecido...


A fuerza de ser cansino, me permito repetir que todo, o casi, funciona: un reparto magnífico, desde la heroína y el héroe (Margaret Lockwood y Michael Redgrave), que de su cómico enfrentamiento inicial pasan al desarrollo de una poderosa química sentimental, y la dama desaparecida (May Whitly), que, aunque sea el macguffin de la peli, resulta divertidamente entrañable hasta los personajes más ominosos (como el de Paul Lukas) y los alivios cómicos, representados en la pareja de británicos a los que solo les interesa volver a Inglaterra para ver el final del campeonato de cricket (Basil Radford and Naunton Wayne)... Un microcosmos humano que no solo es perfectamente retratado sino que cumple perfectamente con su función en la trama.

Por reprochar, algo, encuentro que el tiroteo de desenlace no me convence, demasiada pirotecnia para una película que funciona mucho mejor en las distancias cortas, en el tratamiento del suspense, la angustia, el misterio, la imposibilidad de luchar contra la adversidad. Pero salvo este pequeño problema, "Alarma en el expreso" es una película casi modélica, la perfecta antesala a la etapa norteamericana de Hitchcok, cuando el director se convertiría en leyenda cinematográfica. 9,5 redondeado a 10/10.


(Existe un remake de 1979, con el mismo título inglés y que en España se llamó "La dama del expreso". Tiene el triste honor de ser la última peli producida por la Hammer. Evítenlo. O véanlo solo como complemento a haber visto el original hitchcockiano. A pesar de un reparto prometedor, con Cybyl Shepard, Elliot Gould, Angela Lansbury y Herbert Lom, es un film insulso que no hace justicia al material que maneja.)

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