En toda filmografía de cineasta importante hay, por lo menos, una rareza. No, no me refiero al sambenito ese de la “obra menor”, esa peli que consideramos de menor calidad y que nos resistimos a vilipendiar del todo. Me refiero a una película que no encaja del todo en el estilo y/o temática de su director, que sorprende por alejarse de lo que esperamos de ella y que tras su visionado nos deja un poco aturdidos, sin saber exactamente como reaccionar. “Buscando a Eric” (Looking for Eric, Ken Loach, 2009) sería un buen ejemplo de este tipo de films.
En principio, una película de Ken Loach es una garantía de un análisis desde posiciones progresistas a temas sociales o históricos, un retrato de la clase trabajadora en momentos de crisis social o económica en clave de drama o melodrama. Y sin embargo, tras dos películas tan apabullantemente desoladoras como “El viento que agita la cebada” y “En un mundo libre” a Loach y su guionista habitual en las tres últimas décadas, Paul Laverty, les llegó una propuesta cuanto menos curiosa de la persona más inesperada: el exfutbolista francés del Manchester United, Eric Cantona, que había derivado hacia el cine como actor y productor y era gran admirador de Loach, se puso en contacto con el director para proponerle una película sobre un fan de Cantona que cuando este dejaba el Leeds United para fichar por el Manchester abandonaba familia y trabajo para ir a la ciudad mancuniana y estar así cerca de su ídolo.
En principio a Loach y Laverty no les entusiasmó este primer esbozo de la historia, pero sí que les atraía hacer una película sobre el influjo del fútbol en la gente común y la relación entre las figuras deportivas y los aficionados que las idolatran. El guionista, por tanto, propuso a su vez un giro al relato: en lugar de contar cómo una persona veía arruinada su vida por su pasión por el fútbol, optó por narrar la historia de un trabajador con problemas familiares y económicos que usaba el fútbol no solo como mero escapismo de su situación, sino también como punto de partida para intentar superarlos. A Cantona le entusiasmó esta propuesta y no solo confirmó que participaría como productor, sino además como actor, interpretándose a sí mismo (más bien a una versión de sí mismo), pero consciente de que no era el protagonista.
Eric Bishop (Steve Evets) es un cartero y aficionado del Manchester United cuya vida entra en crisis total cuando su segunda esposa le abandona dejándole además a cargo de sus dos hijastros adolescentes, Ryan (Gerard Kearns) y Jess (Stefan Gumbs), tiene además que compartir el cuidado de su nieta bebé para así poder permitir que la madre, Sam (Lucy Jo-Hudson), la hija que tuvo con su primera esposa, Lily (Stephanie Bishop), pueda terminar sus estudios universitarios; además, Sam quiere usar esta situación para que Eric y Lily se reconcilien y vuelvan a estar juntos. Todo esto afecta al trabajo de Eric como cartero, a pesar de la ayuda que recibe de sus compañeros y amigos, en especial de Meatballs (John Henshaw). Para completar la mala situación, Eric descubre que Ryan ha acabado con problemas con Zac (Steve Marsh) un gangster local. Cuando está en el punto más bajo de este maremágnum, Eric encuentra la inesperada ayuda de su ídolo Eric Cantona… o eso parece.
El guion en principio sí responde a parte de la temática habitual de Loach, al retratar el mundo de la clase baja de Manchester enfrentado a problemas personales, familiares y laborales. Pero el tratamiento de esa historia sí que está alejado del estilo del director. Para empezar, la presencia de Cantona como mentor imaginario, muy al estilo del Bogart de “Sueños de seductor”, introduce la película en una especie de realismo mágico inhabitual en su filmografía. Luego, está una sorprendente estructura en dos partes, la primera inscrita en el realismo social al describir la situación del cartero Eric y su familia y compañeros, y la segunda, al aparecer la figura del gangster, más cercana a una película de género.
Luego tendríamos la secundaria, pero poderosa, presencia de Eric Cantona. Más allá de que hay dos Eric en la historia, con lo cual el relato juega con la ambigüedad de a cuál de ellos se está buscando, la fuerte personalidad del futbolista, con su talento como jugador, su carisma ante los medios, su fuerte carácter y su tendencia a soltar oscuras sentencias filosóficas, va otorgando a la historia un tono agradablemente cómico que culminará en la farsa (en el sentido teatral del término) del desenlace. Es en este punto donde más sorprende Loach con “Buscando a Eric”, donde más se aleja de sus coordenadas habituales como cineasta.
Como ya he dicho, este Cantona imaginario e idealizado por Eric, funciona como mentor de este… pero a su estilo. Al dar sus consejos en una mezcla de francés e inglés, adornarlas con sus famosas y retorcidas sentencias filosóficas y usar en clave de parodia su proverbial laconismo, el relato se impregna de un tono agradablemente humorístico en pleno contraste con la desoladora situación real del protagonista, que sin embargo no usa estas imaginarias conversaciones con su ídolo solo como refugio sino también como punto de partida para salir adelante.
Fiel, aquí sí, a su estilo, Loach rueda y cuenta la historia en orden cronológico, pero a su vez la salpica con flash-backs al pasado de Eric y Lily, y también con imágenes de archivo de la vida profesional de Cantona, con los mejores goles de su carrera en el Manchester United, o la famosa agresión al aficionado xenófobo que le insultó y sus consecuencias… El director, además, opta por una realización lo más naturalista posible, en contraste con el realismo mágico presente en la historia: para empezar, el reparto, excepto Cantona, es conformado por actores muy poco conocidos, en su mayor parte profesionales locales de Manchester, incluyendo el espléndido protagonista Steve Evets.
Buscando las reacciones viscerales de ese reparto, Loach no les daba el guion completo, solo las páginas que les correspondía rodar cada día: por ejemplo, la sorpresa de Eric cuando ve por primera vez a Cantona es real, porque el actor Steve Evets ignoraba que el exfutbolista fuera a aparecer en esa escena. Por otro lado, el objetivo del director era que sus actores se sintieran cómodos y tuvieran espacio para improvisar, con lo que en general la cámara no es intrusiva y abunda el uso de planos generales. También optó por una iluminación natural que no distorisionara el realismo de las escenas.
Así, una vez que asumimos que estamos ante un Loach que parte de su temática habitual para ir a otros terrenos inusuales en su filmografía, el film resulta ser una feelgood movie muy agradable de ver, con un ritmo pausado pero nunca aburrido, que va construyendo poco a poco su armazón en el doble filo del drama y la comedia aliñado con salpicaduras de género negro hasta estallar en un desenlace sorprendente en el que la farsa toma preeminencia. Debo admitir que este giro se me hizo bastante difícil de digerir, y es la causa de que no le haya dado a la peli una calificación de sobresaliente… pero también es cierto que al final me ha quedado la impresión de un buen trabajo, de una película que consigue su objetivo de retratar una sociedad en crisis, pero, por una vez, y bienvenida sea, abandonando todo pesimismo y tristeza y dando unos reconfortantes atisbos de esperanza…
Es “Buscando a Eric” una excelente película que, sean aficionados al cine de Ken Loach o no, o sean aficionados al fútbol o no, no puedo resistirme a recomendar. 7,5 redondeado a 8/10.










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