Película con el tradicional ritmo pausado del cine oriental, nos muestra la decadencia de una familia que parecía fuerte y unida, pero que con el súbito fallecimiento del patriarca se viene abajo esa fachada y quedan expuestas todas las desavenencias e hipocresía que estaban ocultas.
Ozu no solo presenta esa narración pausada, sino que renuncia casi por completo a movimientos de cámara (se pueden contar con los dedos de la mano los travellings, por ejemplo) y remansa el ritmo mediante planos fijos a ras de suelo, dando con ello composiciones de imagen plenamente descriptivas, ya sea con los personajes dominando el encuadre pero plenamente integrados en los decorados, o a modo de insertos de imágenes de objetos o partes de ese decorado que funcionan como transiciones entre una escena a otra.
El objetivo es que nos empapemos de la vida cotidiana de la familia, en escenas y diálogos que tomados individualmente pueden parecer inocuos y rutinarios, pero que en conjunto son un cuadro demoledor de la progresiva desintegración del núcleo familiar hasta llegar a un demoledor desenlace en el que salen a flote todas las rencillas y reproches.
