Si están leyendo ustedes esto, enhorabuena. No por la presunta calidad o interés en las líneas que siguen, no, sino más bien porque han sobrevivido al apocalipsis de ayer.
Y al de antesdeayer. Y al de hace una semana, y un mes. A ese apocalipsis diario, esa lluvia real de meteoritos en forma de disgustos, los que da la vida ya de por sí y los que nos caen encima sin comerlo ni beberlo, sin tener muy claro por qué nos hemos merecido lo que estamos sufriendo. Remedando el mito artúrico, un apocalipsis once and future, que fué y será, porque si tuvimos alguna vez en nuestras manos la opción de evitarlo, no la usamos, y vistos los precedentes, volveríamos a no utilizarla si nos llegara la oportunidad.