Buenos días. ¡Vaaaamoooossss!
No fue la maravillosa Cien guitarras la canción que me descubrió a Los Coyotes y el talento de su líder, Víctor Aparicio Abundancia, alias Víctor Abundancia, alias Víctor Coyote. Esa responsabilidad le corresponde a Aquí estoy de nuevo, cara A del single publicado por el grupo en 1983, en principio un rockabilly de tintes clásicos pero con una atrayente limpieza de sonido y unos matices de otras músicas de corte mediterráneo, en especial la rumba (me entero ayer de que llaman al estilo rumbabilly, enmarcando en esa etiqueta a Mano Negra y Manu Chao).
Me gustaba además en ese tema el aire chulapo y guasón con que Víctor cantaba una historia noir de atraco fracasado, amor traicionado, estancia carcelaria y venganza. Esa forma de cantar, que me recordaba a la de Jaime Urrutia en Gabinete Caligari, uno de mis grupos favoritos en aquella época, fue otro de los motivos que me engancharon a la canción. A partir de aquí fui para atrás en su discografía, descubriendo los rockabillys más oscuros y siniestros, mas sucios musicalmente (punkabilly, otra etiqueta al saco) que habían conformado el estilo inicial del grupo, situándolo en el mapa de la movida madrileña con la bendición de las tribus urbanas más rockers: Extraño corte de pelo, Líos en el cine, Ella es tan extraña, entre otros temas.
En la cara B del single de Aquí estoy de nuevo había lo que en su momento me limité a considerar una rareza simpática, una broma divertida: 300 kilos, una parodia en el título y letra (¿letra?) del programa de RTVE de la época "300 millones", que pretendía mostrar el variado mosaico del mundo hispanoamericano y que, a pesar de las buenas intenciones y alguna interesante actuación musical (ahí escuché por primera vez a Mercedes Sosa, por ejemplo), la gente joven de entonces veíamos como demasiado institucional y envarado, cosa de otra época. Así que me sedujo y divirtió la coña con la que Víctor cantaba (gritaba, más bien) una lista de los países hispanoamericanos, incluyendo capitales ¡y hasta embajadas culturales como los centros latinos de Nueva York o el Centro Venezolano de Estocolmo!), parodiando la introducción del mencionado programa, que enumeraba los países hispanoamericanos. Todo ello bajo un fondo musical acelerado, enloquecido, otra vez mezcla de rock y rumba, pero ahora con fraseos latinoamericanos: en la página web de La Fonoteca lo describen como "una estampida de bisontes rumberos y tribales sobre un rhythm and blues modelo Bo Diddley", y me parece acertadísima la definición.
Con todo, teniendo en cuenta la cara A de ese single y su etapa rockabilly anterior que estaba descubriendo, pensé, como digo, que este tema no era más que eso, un chiste simpático, un mero paréntesis... Qué equivocado estaba.
En 1984 Los Coyotes publican el maxisingle El mono, con el tema de igual título en la cara A, una versión de un calypso de los años cincuenta del casi desconocido (en España, no así en los Estados Unidos) grupo Lord Flea & His Calysonians, Monkey. Y es aquí donde, como a los fans rockabillys de Víctor, se me rompen los esquemas. Pero al contrario del rechazo que aquellos expresaron y que mayoritariamente les llevó a abandonar su apoyo al grupo, uno queda definitivamente enganchado por un tipo de música que, no es que lo considerase nuevo, pero que hasta entonces no me había interesado y que ahora encontraba fascinante en su mezcla con el rock que había mamado yo hasta entonces.
El estallido definitivo vendría en 1985 con el LP Mujer y sentimiento (curiosamente, su primer álbum tras una trayectoria de singles y maxisingles), donde Víctor rompe las barreras y explota al máximo la conexión de música latina y rock. Aunque queda algún eco de su etapa rockabilly (Pepe), en el disco hay habaneras (Como un extranjero), salsa (Solo cuando te deseo), corridos al estilo de Los Lobos (Fiesta salvaje), calypso (una nueva versión de El mono), cumbia (Si te he de llorar)... pero todo ello pasado por el filtro del rock. Cuando lo de "rock latino" era solo una etiqueta incipiente, antes de que poco tiempo después Radio Futura (y Seguridad Social en los años noventa) le diera exitosa carta, Víctor y sus Coyotes abrían camino. Lo triste es que el gran público no se enteró, o no le interesó.
Tras este soberbio disco publicaron Las calientes noches del barrio, álbum que me interesó menos, y acabé recuperando el contacto con el siguiente, De color de rosa, en el que acentuaban el tono chulapo y guasón con temas como El típico español y, sobre todo, Esta noche me voy a bailar, su mayor éxito, un estallido latino pachanguero y verbenero irresitiblemente bailable y disfrutable.
Victor deshizo el grupo a comienzos de los noventa, cuando tras la sucesiva marcha de los componentes del mismo lo habían convertido en un proyecto personal, Los Coyotes de Victor Abundancia, que ya no gozaba del favor del público... y que, tristemente, tampoco me interesaba mucho ya. El culo inquieto que era el artista, a la par de su talento, le llevó a centrarse en otras áreas como la ilustración, la literatura, el vídeo... y solo volvió a la música ya entrado el siglo XXI, alternando recuerdos de su trayectoria musical con nuevos temas. Debo reconocer que en ese momento yo ya no le seguía. Como curiosidad, admito que para mi vergüenza nunca vi a Los Coyotes en directo, aunque sí a Victor Coyote... pero como guitarra de Alaska+Dinarama en una gira que a mediados de los ochenta les llevó a la plaza de toros de Uvieu... no me pregunten por qué, pero lo que más recuerdo de ese concierto es la canción Huracán mexicano, que no es ni mucho menos una de mis favoritas, para nada.
Elijo como homenaje a Victor Coyote el esplendoroso Cien guitarras de Mujer y sentimiento, tema que se alza ya no solo por encima de toda su producción, sino que está entre lo mejor que ha parido la música popular española. A ritmo de guajira rockeramente electrificada, Victor canta sin un atisbo de burla y con mucha pasión y ternura a una supuesta revolución de mujeres en Centroamérica. El tema engancha desde los primeros acordes y se nos pega como una lapa... Habiendo puesto ya enlace a la versión de estudio al comienzo de este post, a través del videoclip que se hizo para el programa televisivo "La bola de cristal", termino con esta versión acústica de hace quince años, otra auténtica gozada.
Cien guitarras suenan,
en la montaña las panteras beben.
Cien guitarras cantan
sonidos de lucha de mil mujeres.
Hasta siempre Victor Coyote, que la tierra te sea leve, con mi agradecimiento.
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