La nave espacial Rosetta está a punto, es cosa ya de días, de hacer aterrizar una sonda sobre la superficie de uno de los cometas que de vez en cuando se dan un paseo por nuestro sistema solar. Me gustaría que tomaran aliento, reflexionaran y valoraran la grandeza del momento. Un artefacto fabricado por el ser humano (aunque a veces sea para dudarlo, ese somos nosotros) va a posarse sobre un astro que se mueve cuarenta veces más rápido que una bala, que gira sobre si mismo y que recibirá a la sonda con emanaciones de gas, desprendimiento de rocas y una capa de polvo de varios metros. Todo ello para intentar aprender algo más sobre nosotros mismos y nuestro lugar en el Cosmos. Ahí queda eso.