El problema está en que la realidad la ha superado. Aquello de lo que se nos advertía que podía pasar en el entorno de la política, y por ende en los Estados Unidos y luego en el resto del mundo, ha acabado pasando. No hicimos caso a la advertencia, quizás porque nos fijamos más en su parte satírica para echarnos unas necesarias risas a costa del personaje protagonista y no nos dimos cuenta de la manipulación política que estaba denunciando… y si nos dimos cuenta, o no le dimos importancia o la ignoramos porque nos parecía imposible que pudiera ocurrir.
La peli sigue la filmación de un documental sobre Bob Roberts (Tim Robbins), un millonario y político del ala más conservadora del Partido Republicano que también ejerce de músico country/folk y cuyas canciones e ideología son el reverso retrógrado de la canción protesta y logros en derechos civiles de los años sesenta. Roberts se presenta a las elecciones al senado por Pensilvania teniendo como rival al senador titular, del Partido Demócrata, en una agresiva campaña electoral en la que explota su carisma y su supuesta rebeldía contra el sistema, recorriendo escuelas y hospitales y participando en eventos sociales y programas televisivos, y recurriendo a cualquier método para convencer al electorado y desacreditar a su oponente. Mientras tanto, tiene lugar una investigación por parte de un periodista independiente sobre el origen dudoso de su fortuna…
