Buenos días. ¡Vaaaamoooossss!
Uno de los muchos aciertos de la excelente versión de "Mucho ruido y pocas nueces" dirigida por Kenneth Brannagh en 1993 es convertir la canción Sigh No More, Ladies en leit-motiv de la película, el disfrutar de la vida superando y sabiendo enfrentarse a todo tipo de engaños y tristezas.
En el texto original de Shakespeare, la canción llega en el Acto 2, Escena 3, justo cuando el príncipe Don Juan y el joven Claudo están tramando el engaño que haga que Bennedick y Beatrice se enamoren, y piden al músico Balthazar que cante algo... que acaba funcionando a modo de advertencia, sobre todo a las mujeres, de que "el hombre es un farsante". Brannagh mantiene esa idea, pero la implementa de manera brillante de varias maneras.
Primero, con el uso de la canción al comienzo del film, pero a modo de poema recitado por Beatrice, interpretada por Emma Thompson, en el ambiente distendido y relajado de un picnic campestre, entre risas y murmullos complacientes. Más que una advertencia, coge el tono de una filosofía y una verdad ante la que hay que estar preparados. De fondo, la preciosa melodía compuesta por el habitual colaborador de Brannagh Patrick Doyle, con una guitarra tocada en arpegios con fondo de arreglo de cuerda. Poco después dicha melodía será parte de la extraordinaria overtura y dinámica, en la vitalista escena de los títulos de crédito, que redundan en la idea del disfrute de la vida pese a los engaños y tristezas que esta pueda traer.
La segunda vez que es usada la canción reproduce la escena de la obra original, puesta por Brannagh en los jardines de la mansión donde se desarrolla la historia y cantada por Patrick Doyle interpretando a Balthazar, con un arreglo similar al del comienzo de la película, pero más orquestado con la sección de cuerdas y con la incorporación de componentes del reparto haciendo coros. Esto, y el hecho de que la cámara se mueve en un elegante travelling por los jardines de la mansión mostrando a los personajes escuchando distendidos o haciendo sus labores habituales incide en la idea de la temática de la canción como filosofía de la vida antes de como agria advertencia.
Finalmente, la canción vuelve a aparecer al final, con todo el reparto en un éxtasis de alegría tras el feliz desenlace de la trama, bailando y cantando la canción. Shakespeare termina su obra con una invocación a que los músicos empiecen a tocar, sin más ("Strike Up, Pipers!"), pero Brannagh escoge que la canción elegida sea Sigh No More, que, jubilosamente cantado por los personajes, vuelve a incidir en esa idea de disfrute de la vida superando las dificultades y mentiras.
Como punto de comparación con otras versiones recientes de la obra, podría verse cómo es usada en la de Josh Whedon, de 2012, que es más fiel a Shakespeare y la usa solo una vez, pero durante una escena durante una fiesta sin la alegría de la de Brannagh, con la cámara moviéndose entre asistentes que murmuran y bailan de forma casi mecánica, con fondo de la canción, compuesta por el propio Whedon, tratada como una melancólica bossa nova que refleja el tono amargo, pese a su caracter de comedia, que tiene la película.
En el otro extremo, estaría la versión de 2011 producida por el Wyndham Theatre en Londres, dirigida por Josie Rourke y protagonizada por David Tennant y Catherine Tate. Dada la comicidad latente de ambos actores, esta versión se centra aún más en la parte cómica de los enredos en la obra y se acerca mucho a la versión vitalista de la de Brannagh. De hecho, sin llegar a ser Sigh No More exactamente el leit-motiv que es en la versión del director irlandés, la de Tennant y compañía le da su importancia usándola no solo en su lugar original, sino también en la escena final, pero en dos adaptaciones muy diferentes, ambas compuestas por el cineasta y músico escocés Michael Bruce. Primero aparece como una balada de corte folk cantada por el actor que interpreta a Balhazar, Enzo Squillino, Jr. (aunque en una escena que nada tiene de la placidez de la de Brannagh, al enfatizar la confusión y sarcasmo del Bennedick interpretado por un Tennant desatado), y luego, en el desenlace, cantada por Tennant y Tate, en un estilo típico del pop bailable de los ochenta (época en la que sitúa la adaptación).
Sea como sea, estamos ante un tema que es usado con muy buen tino en todas estas versiones... pero sobre todo en la de Brannagh, una de las mejores adaptaciones shakesperianas al cine jamás hechas. Les dejo con la preciosa escena del jardín.
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