Farmacia de Alonso Luengo, en León. Foto de Jordi Asturies.

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domingo, 26 de abril de 2026

Radio Futura: EL CANTO DEL GALLO

Buenos días. ¡Vaaaamoooossss!   

Hay canciones que están hechas para que desde un primer momento nos enamoremos de ellas.

"El canto del gallo" es una de esas canciones. Con Radio Futura asumiendo ya plenamente en 1987 su fascinación por los ritmos caribeños, Santiago Auserón cuenta la maravillosa historia del músico ambulante que llega a un pueblo para tocar en la feria y se encuentra con un mundo rural al que retrata y observa con escepticismo... por no decir con mucha retranca... pero con un lirismo tremendamente evocador. 

lunes, 23 de marzo de 2026

MI ENTREVISTA A HERMANN

  

Images © Hermann, and/or Dargaud, LeLombard,Greg

Triste como estoy por el fallecimiento del historietista belga Hermann Huppen, o sencillamente Hermann, tenía pensado escribir un largo texto sobre él. Pensaba hablar de todas las viñetas que me abrió al mundo, desde sus comienzos con el tebeo de aventuras  o western más clásico, mayormente bajo guiones de Greg (Bernard Prince, Comanche), o histórico (Yugurta, con guiones de Vernal) hasta su carrrera ya en solitario como autor completo, con series tan emblemáticas como el western distópico Jeremiah, o la epopeya medieval Las torres de Bois-Maury. Luego llegarían el western Duke (con guiones de su hijo Yves), por no hablar de tebeos fuera de series como la antología de terror Abominable, la denuncia de la guerra de los Balcanes en Sarajevo-Tango, el costumbrismo tragicómico de Luna de guerra, con guion de otro icono del cómic francobelga, Jean Van Hamme... tantas y tantas obras de calidad excelente, con un dibujo naturalista demoledoramente descriptivo, un sentido de la narración apabullante y unas historias que ahondan en lo peor y lo mejor del espíritu humano... 

... Pero al final, creo que lo mejor es que hable el propio Hermann, y por ello recupero la entrevista que le hice en septiembre de 2000, con ocasión de una de sus visitas al Salón del Cómic Principado de Asturias, de Xixón, publicada en la revista "El pequeño Nemo"  en su número 16, de noviembre del mismo año. Recuerdo que el autor se mostró seco y directo pero al mismo tiempo amable, contestando con rigor a las preguntas, corrigiendo mis asunciones erróneas y elaborando sus respuestas muchas veces más allá de la propuesta inicial, dando una lección sobre lo que para él debería ser el cómic. Creo que este es el mejor homenaje que le puedo hacer, y la mejor muestra de mi agradecimiento.

Y ahora, silencio, que habla el maestro.

miércoles, 18 de marzo de 2026

La mirada de Leónidas

  

Variaciones sobre el mismo tema: hace poco veíamos el uso del punto de vista subjetivo por parte del maestro Will Eisner en una historieta de Spirit. Allí era la visión de un hombre normal y decente convertido en un asesino.

Ahora observemos esta página del 300 de Frank Miller. Nuevamente se usa un punto de vista subjetivo, pero con algunas variaciones, unas claramente perceptibles y otras más subrepticias. Para empezar, el formato a gran tamaño de las páginas de la obra de Miller le permite aumentar el detalle y la espectacularidad, algo lejano de la cotidianeidad que ofrecía Eisner. Por lo demás, aparentemente el recurso es el mismo: vemos lo que ve el protagonista; pero no todo es tan sencillo...

martes, 17 de marzo de 2026

DÍA DEL TEBEO 2026

 

Podría haber subido una imagen de mi primer Tintín, "Tintín en el Tibet". O de mi primer Asterix, "Asterix gladiador". O de mi primer Mortadelo, "El sulfato atómico". O de la revista Strong, donde descubrí a Spirou, y a Gastón el Gafe, y a Lucky Luke, y a Johan (de aquella, Jano) y Pirluit y los Pitufos... O la aventura ibérica pergeñada por Victor Mora (en especial con Ambrós) de El Capitán Trueno, El Jabato o El corsario de hierro... O mis primeros superhéroes deliciosamente mal editados por Vértice. O las Joyas Literarias Juveniles que me abrieron los ojos a la literatura. O los tebeos con los que me hice adulto y maduré, como los de Carlos Giménez, la revista Rambla, o Totem, o Metal Hurlant, o El Víbora, o Cairo... O de cuando redescubrí mi gusto por los superhéroes con las ediciones de Forum y Zinco...

Muchas imágenes, muchos momentos en esas habitaciones con viñetas al mundo que son los tebeos. Por lo menos cincuenta y cinco años de pasión . Al final subo una de las portadas de aquella entrañable, maravillosa colección Dumbo en las que leía las aventuras de Mickey, Goofy... pero sobre todo de Donald y de su rácano tío Gilito, auténticas obras maestras del tebeo de aventuras (y también de la sitcom en tebeo) que solo mucho más tarde me enteré que estaban escritas y dibujadas por un tal Carl Barks...

Feliz Día del Tebeo, gente.

martes, 24 de febrero de 2026

La canción de la espada

© King Features Syndicate, Manuel Caldas editor

 Todos recordamos una canción concreta de un disco, e incluso algún verso de la misma. Todos somos capaces de recordar, y hasta recitar, escenas completas de alguna película, y usamos sus frases como ilustraciones de la vida misma. Pero en el tebeo, ¿podemos recordar con claridad una viñeta, una frase dicha por un personaje, una escena que nos haya marcado profundamente, cuya fuerza vaya más allá de lo en ella narrado o dicho?

La viñeta que nos ocupa hoy debería ser recordada, citada, llevada al extremo mitómano por todo amante de la historieta que se precie. Pocas veces habremos visto al héroe en circunstancias tan adversas y, sin embargo, pocas veces habremos estado tan seguros de que tarde o temprano triunfaría.

Todo en la escena es perfecto: los ojos que se nos van alternativamente de la interminable fila de vikingos al solitario joven que les hace frente, en una linea horizontal cuajada de detalle, donde cada personaje es claramente definido y caracterizado. En contraste, vemos una linea vertical, la que siguen los enemigos que caen al enfervorecido torrente que se les lleva.

Viendo esta viñeta, todos queremos ser Valiente, a todos nos gustaría ser el héroe enfrentado a la hazaña imposible, blandiendo la Espada Cantarina, sí, esa que da fuerza a su poseedor cuando es enarbolada en una causa justa. Y ¿qué puede haber más justo que luchar por la persona amada, liberarla de sus captores para caer luego rendidos a sus pies?

Viñetas como esta son historia viva del tebeo, la razón por la que muchos caimos una vez subyugados ante este medio de expresión y todavía hoy seguimos maravillados por sus infinitas posibilidades.

 

  Entrada originalmente publicada en el blog Una habitación con viñetas el 25-1-2007

domingo, 22 de febrero de 2026

La tristeza de Jeremiah

© Herman Huppen / Planeta Cómic

 La fuerza de una viñeta puede verse fácilmente si se descontextualiza. Para que una viñeta mantenga su vigor aislada de sus referentes, sin embargo, hace falta un excelente dibujante, alguien que sea capaz de reflejar en un rostro o en un ambiente todo el contenido del recuadro, además de poder, si es necesario para la narración, usar otro elementos consustanciales a la historieta.

Veamos esta viñeta de Hermann, del álbum Un cobaya para la eternidad, de la serie Jeremiah. Tanto si conocen la obra como si no, es difícil sustraerse a la fuerza de su expresión, y casi imposible no deducir los sentimientos del personaje.

Obviamente, el principal garante del contenido es el dibujo del rostro. A pesar del detalle del dibujo realista del autor belga, es de una simplicidad latente. Ojos cerrados, labios con mohín, el rostro ligeramente entornado. Así de sencillo. Hay tristeza en el personaje. Podemos elucubrar: si no fuera por los ojos cerrados, probablemente veríamos las lágrimas; es posible que cerrar los ojos implique también que no quiere ver algo o a alguien.

Decíamos que no basta con ser un buen dibujante, con todo; hay otros elementos del lenguaje del cómic que el autor debe saber dominar. Evidentemente, un primer plano es el mejor medio para mostrar el sentimiento del personaje, pero aquí ese primer plano es convenientemente manipulado por el artista. El rostro esta cortado a la altura de la coronilla, por arriba, y de la barbilla, por abajo. El efecto es que si dividiéramos la viñeta horizontalmente en tres partes más o menos iguales, veríamos que la prímera línea que corta estaría aproximadamente a la altura de los ojos; la segunda, a la altura de los labios. Los dos elementos que definen la expresión de Jeremiah. Según una regla de la fotografía, esas líneas imaginarias que dividen en tres una imágen definen los puntos de más interés.

Veamos ahora el encuadre: estamos ante una viñeta horizontal. Un encuadre vertical habría constreñido la imágen, dando la impresión de un ambiente cerrado y redundando probablemente en la interioridad de los sentimientos del personaje. Pero el autor decide introducir una línea de diálogo, con lo cual entra en escena un personaje que no aparece en la viñeta. Es un diálogo corto y, además, en un rotulado muy pequeño. El encuadre horizontal que nos ofrece Hermann parece exagerado para algo tan exiguo. ¿O no?

Al estar el personaje situado a la derecha, se respeta el sentido de lectura desde la izquierda, así que leemos primero sus líneas y luego vemos su rostro. La última impresión es la demoledora tristeza que transmite. Para cuando vemos el dibujo, ya sabemos la causa de su tristeza: decepción. El rotulado pequeño transmite un sonido bajo, casi un susurro. Los puntos suspensivos que le rodean, la idea de una frase inacabada, quiza enmarcada en un suspiro. El bocadillo no engloba las palabras, y queda deliberadamente abierto: las palabras de Jeremiah son lanzadas al aire, más que dirigidas a su invisible interlocutor, y en su pequeñez dentro de la viñeta, dentro de ese desequilibrio con respecto a la ocupación de las dos mitades de la misma, transmiten absoluta indefensión.

Sí, una viñeta descontextualizada puede mantener su fuerza. Eso nos da una idea de su función dentro del relato. Sólo hace falta un autor que sepa bien lo que hace.

 

  Entrada originalmente publicada en el blog Una habitación con viñetas el 15-1-2007

miércoles, 18 de febrero de 2026

El pájaro de Sam Balluga

Imagen © Mariel Soria y Andreu Martín, Grafitti Ediciones, 1981.

 No es extraño que algún historietista se deje llevar por sus mitos e incluya en su obra algún homenaje, disimulado o no, a las influencias que han hecho de él el artista que es. Esto es todavía más frecuente en obras paródicas, donde el mayor o menor respeto al original hace que esos homenajes sean más frecuentes o no.

A comienzos de los años ochenta, la entonces pareja creativa Mariel y Andreu Martín crean el personaje de historieta Sam Balluga, una parodia absolutamente surrealista y tremendamente divertida del género negro. La obra está llena de juegos de palabras, rupturas de la cuarta pared, brechas narrativas y giros argumentales inconexos, todo ello en búsqueda de la sonrisa, cuando no la carcajada, pero todo ello también dentro del máximo respeto a la base original: se nota el cariño que tienen sus autores por el género que es objeto de su burla.

Esta burla incluye homenajes al cine cómico mudo, al de gangsters y, cómo no, al cine negro, un homenaje que culmina en la viñeta que presentamos, reproducción adaptada a la historia narrada en el tebeo de posiblemente la más famosa escena de la película El halcón maltés. 

https://www.eskimo.com/%7Enoir/ftitles/maltese/maltese06.jpg

The Maltese Falcon, 1941 © Warner Bros. 

El humor se acrecienta si comparamos la trama de película y tebeo, donde el paralelismo entre los mcguffins que desatan el argumento de ambos es cuanto menos grotesco. En la película, tenemos la búsqueda de la estatuilla del ave homónima, y en la historieta se busca una pajarita de papel egipcia. Por lo demás, si comparan la escena original con la viñeta, verán que el único cambio estriba en la mirada de los personajes, dirigida hacía el personaje que habla.

En fin, estamos ante una viñeta que presentamos como ejemplo de un homenaje bien planteado, y como reivindicación de una obra que merecería una reedición decente para disfrute de las nuevas generaciones.

 Entrada originalmente publicada en el blog Una habitación con viñetas el 4-4-2007

 

lunes, 16 de febrero de 2026

Spirit: Tras los ojos del asesino

 

Imagen © Will Eisner, Norma Editorial.
En todas las artes hay en el espectador un matiz de voyeur, en el sentido de que somos cotillas testigos de la visión del mundo que el artista ha querido darnos. Sin embargo, en pocas somos tan manejados por el artista como en las artes visuales narrativas, como el cine o la historieta. Ahí somos marionetas en manos del creador, qué nos hace ver lo que él quiere que veamos y nos deja poco espacio para la imaginación. Pero también es cierto que el narrador omnisciente que nos cuenta historias en estos medios hermanos puede, al decidir la forma en que cuenta el relato, dar cierto margen de actuación al espectador. Sin embargo, otras veces fuerza a éste a ser observador indefenso de lo que acontece.

En la historieta "El asesino" Will Eisner nos pone de repente (previo aviso, eso sí), literalmente tras los ojos de Henry, el protagonista. Vamos a presenciar una tragedia en primera fila, sin ninguna barrera, ni siquiera la emblemática cuarta pared. Esto va a permitir que comprendamos mucho mejor las motivaciones de Henry, sin ninguna innecesaria explicación más. Es como si, situados en las cuencas de los ojos de éste, recibamos al mismo tiempo que él las instrucciones que manda el cerebro.


Toda el flash-back que se ha desarrollado antes ha llevado a esta cruda manifestación de la realidad, donde la implicación con el personaje es total. Ya no es que la viñeta sea el ineludible destino al que el artista obliga al lector a llevar a sus ojos... Se nos introduce tras los ojos del personaje, y ya no vemos lo que ve el artista, si no lo que ve aquel. Es como si el creador nos dijera que él es también esclavo de su relato, que no puede elegir lo que cuenta. Es más, este punto de vista incide en la frialdad con la que actúa el personaje, demostrándonos como el modo de narrar una historia no sólo es un medio para el desarrollo de la misma, si no que también puede aportar datos a la caracterización.

El acertado uso de recursos como este es campo vedado de maestros en su arte, como el añorado Will Eisner. Muchas veces, cuando vemos algo así somos inmunes a su efecto, por tantas veces como ha sido imitado, repetido e incluso parodiado, y olvidamos, o ignoramos, a los pioneros que experimentaban con el lenguaje del medio. No está de más rendirles el homenaje que se merecen de vez en cuando.

 Entrada originalmente publicada en el blog Una habitación con viñetas el 7-1-2007

martes, 13 de noviembre de 2018

Excelsior

Aún estoy en shock. Curioso que la muerte de un venerable anciano de más de noventa años con el que no hay ninguna relación personal de amistad o parentesco pueda causar tanta tristeza y desolación. Pero es otro de nuestros referentes que nos deja, y eso duele. Incluso aunque nuestro último contacto con él no haya ido más allá de esos entrañables, refrescantes y divertidos cameos en las películas de éxito basadas en los personajes que él creó.