Farmacia de Alonso Luengo, en León. Foto de Jordi Asturies.

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martes, 24 de febrero de 2026

La canción de la espada

© King Features Syndicate, Manuel Caldas editor

 Todos recordamos una canción concreta de un disco, e incluso algún verso de la misma. Todos somos capaces de recordar, y hasta recitar, escenas completas de alguna película, y usamos sus frases como ilustraciones de la vida misma. Pero en el tebeo, ¿podemos recordar con claridad una viñeta, una frase dicha por un personaje, una escena que nos haya marcado profundamente, cuya fuerza vaya más allá de lo en ella narrado o dicho?

La viñeta que nos ocupa hoy debería ser recordada, citada, llevada al extremo mitómano por todo amante de la historieta que se precie. Pocas veces habremos visto al héroe en circunstancias tan adversas y, sin embargo, pocas veces habremos estado tan seguros de que tarde o temprano triunfaría.

Todo en la escena es perfecto: los ojos que se nos van alternativamente de la interminable fila de vikingos al solitario joven que les hace frente, en una linea horizontal cuajada de detalle, donde cada personaje es claramente definido y caracterizado. En contraste, vemos una linea vertical, la que siguen los enemigos que caen al enfervorecido torrente que se les lleva.

Viendo esta viñeta, todos queremos ser Valiente, a todos nos gustaría ser el héroe enfrentado a la hazaña imposible, blandiendo la Espada Cantarina, sí, esa que da fuerza a su poseedor cuando es enarbolada en una causa justa. Y ¿qué puede haber más justo que luchar por la persona amada, liberarla de sus captores para caer luego rendidos a sus pies?

Viñetas como esta son historia viva del tebeo, la razón por la que muchos caimos una vez subyugados ante este medio de expresión y todavía hoy seguimos maravillados por sus infinitas posibilidades.

 

  Entrada originalmente publicada en el blog Una habitación con viñetas el 25-1-2007

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