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| © King Features Syndicate, Manuel Caldas editor |
Todos
recordamos una canción concreta de un disco, e incluso algún verso de
la misma. Todos somos capaces de recordar, y hasta recitar, escenas
completas de alguna película, y usamos sus frases como ilustraciones de
la vida misma. Pero en el tebeo, ¿podemos recordar con claridad una
viñeta, una frase dicha por un personaje, una escena que nos haya
marcado profundamente, cuya fuerza vaya más allá de lo en ella narrado o
dicho?
La viñeta que nos ocupa hoy debería ser recordada,
citada, llevada al extremo mitómano por todo amante de la historieta que
se precie. Pocas veces habremos visto al héroe en circunstancias tan
adversas y, sin embargo, pocas veces habremos estado tan seguros de que
tarde o temprano triunfaría.
Todo en la escena es perfecto: los
ojos que se nos van alternativamente de la interminable fila de vikingos
al solitario joven que les hace frente, en una linea horizontal cuajada
de detalle, donde cada personaje es claramente definido y
caracterizado. En contraste, vemos una linea vertical, la que siguen los
enemigos que caen al enfervorecido torrente que se les lleva.
Viendo
esta viñeta, todos queremos ser Valiente, a todos nos gustaría ser el
héroe enfrentado a la hazaña imposible, blandiendo la Espada Cantarina,
sí, esa que da fuerza a su poseedor cuando es enarbolada en una causa
justa. Y ¿qué puede haber más justo que luchar por la persona amada,
liberarla de sus captores para caer luego rendidos a sus pies?
Viñetas
como esta son historia viva del tebeo, la razón por la que muchos
caimos una vez subyugados ante este medio de expresión y todavía hoy
seguimos maravillados por sus infinitas posibilidades.
Entrada originalmente publicada en el blog Una habitación con viñetas el 25-1-2007

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