Farmacia de Alonso Luengo, en León. Foto de Jordi Asturies.

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jueves, 19 de febrero de 2026

Una peli al día (2026-02-17): NETWORK, UN MUNDO IMPLACABLE (Sidney Lumet, 1976)

Network © Amazon MGM Studios. 
Pues quería uno hacerle homenaje a Robert Duvall, y en principio me iba a inclinar por volver a ver “Camino al cielo”, ese proyecto tan personal suyo en el que hace una interpretación memorable, pero como llevaba tiempo con ganas de revisionar “Network, un mundo implacable” (Network, Sidney Lumet, 1976) y por ahí anda también el actor imponiendo magisterio, en uno de esos papeles de reparto que el sabía como nadie hacer imprescindibles, pues nada, decidí matar dos pájaros de un tiro, lo cual no quita que a no mucho tardar vuelva  a la otra peli que menciono…

 

“Network” es quizás la peli modelo de ataque a las miserias de la televisión, tuvo un tremendo impacto en el momento de su estreno, ganó premios de prestigio, entre ellos tres de los premios a la interpretación y otro al guion en la gala de los Oscar, ha influido poderosamente en luminarias actuales del mundo del espectáculo como Aaron Sorkin, y, vista hoy, si dejamos aparte algún aspecto coyuntural que haya quedado demodé, resulta tremendamente vigente… para mayor gloria de los que en ella intervinieron, pero también para nuestra vergüenza.

 

Howard Beale (Peter Finch) es una venida a menos estrella de los programas informativos de la ficticia cadena televisiva UBS. Un día, el presidente de la división de noticias de la cadena, y viejo amigo suyo, Max Schumacher (William Holden) le dice que se va a ver obligado a despedirle en un par de semanas por la baja audiencia de su programa. Pero la noche siguiente Beale anuncia su intención de suicidarse en pantalla en la próxima emisión. Antes de dejar que su amigo sea despedido fulminantemente, Schumacher consique de los dueños de la cadena que le dejen pedir perdón y despedirse con dignidad. Pero lo que hace el periodista es soltar una perorata contra la cadena, el sistema y la forma de vida estadounidense, llena de improperios y lenguaje soez. Al ver que el nivel de audiencia sube espectacularmente con este estallido de Beale, la ambiciosa ejecutiva y jefa de programación Diana Christensen (Faye Dunaway) propone a Schumacher que se le de a Howard su propio programa. Aquel rechaza la propuesta, pero al mismo tiempo él y Diana se enamoran y empiezan una relación. Sin embargo, Christensen acaba llevando su idea a su jefe, Frank Hackett (Robert Duvall). En principio este duda, pero cuando en una de sus últimas emisiones previstas un enloquecido Beale enfervoriza al público

Network © Amazon MGM Studios. 

y los índices de audiencia vuelven a dispararse, Hackett acaba cediendo y empiezan a emitir “The Howard Beale Show” con un éxito abrumador en principio, lo cual lleva a Christensen a sacar adelante otros extravagantes programas sensacionalistas. Pero la cosa empieza a cambiar cuando las diatribas de Howard comienzan a ir en contra de los intereses económicos corporativos de la cadena… 

La impresión general de los analistas de este film es que es una película más de guionista que de director. Y en principio, no están equivocados. La trama es un reflejo de las obsesiones del guionista Paddy Chayefsky sobre la situación de los Estados Unidos a mediados de los años setenta, en medio de una recesión y del escepticismo y la crisis de valores derivados de la derrota en Vietnam y el escándalo Watergate, así como de su muy negativa opinión de un medio televisivo más preocupado de audiencias y beneficios económicos que de la calidad de sus programas. Chayefsky ofrece un guion perfectamente estructurado y con una progresión muy meditada, al tiempo que lo llena de potentes diálogos vibrantes y acerados y muchas peroratas llenas de crítica política y social.

 

 Pero también es cierto que Sidney Lumet sabe dar muy buena forma cinematográfica a este complejo guion, manejando bien una narración a por lo menos tres niveles (una historia con Beale, otra con Diane y Max, y otra con los manejos televisivos), destacando aquí el trabajo del montador Alan Heim, que alterna los tres niveles con precisión. Luego, con la contribución del director de fotografía Owen Roizman, hace que visualmente la película tenga la misma tonalidad casi granulada de una emisión televisiva. Y finalmente Lumet consigue aportar vitalidad a un relato que podría haber quedado demasiado teatral por culpa de la importancia de los diálogos, mediante un uso nervioso de la cámara en mano moviéndose por los laberintos y entresijos de los estudios y oficinas de la cadena televisiva (Aaron Sorkin ha declarado su admiración por este film, y se nota por ejemplo en su “El ala oeste de la Casa Blanca”), así como mediante su espléndido uso, en ocasiones sorprendente, de encuadres y planos. Por ejemplo, para la escena en la que se decide el destino del programa de Howard, que podría haberse resuelto mayormente mediante primeros y medios planos de los ejecutivos proponiendo y reaccionando a las soluciones, Lumet opta por usar fundamentalmente planos generales, en un fiel reflejo de la frialdad con la que se afronta el debate.

Network © Amazon MGM Studios. 

 

Pero por mucho que Lumet aporte su forma y estilo de hacer cine, no se puede olvidar que en este film está plenamente al servicio de las ideas del guionista. Chayefsky vierte todo el vitriolo posible sobre la hipocresía del mundo televisivo, con sus ejecutivos de quita y pon, donde no importa que se defenestre a unos u que otros fallezcan, siempre habrá quien tome su lugar, con su explotación de las figuras televisivas a las que tanto alaban cuando tienen éxito como hunden cuando no, con su manipulación de las audiencias, a las que ofrecen productos sensacionalistas sin importarles las consecuencias, con sus dirigentes y propietarios sin escrúpulos, más pendientes del beneficio económico que de cualquier otra cosa.

 

 Chayefsky no tiene piedad con nadie, y por ello, por mucho que haya una sátira desaforada que muchas veces nos lleve a una sonrisa amarga, cuando no a una carcajada, aparentemente suavizando el contenido del film… “Network” es una película agria, tremendamente pesimista y que nunca invita a reflexiones animosas. Apenas hay personajes positivos (o por lo menos del todo positivos), se nos hace difícil empatizar con alguno de ellos, ni siquiera de los que más lo merecerían. Howard, a pesar de tener la mayoría de los mejores textos del guion, acaba siendo un bufón lastimero. Y Max, que por su relación de amistad con Beale, o por su aventura romántica con Diane,

Network © Amazon MGM Studios. 

podría haber sido el ancla emocional de la película, no deja de ser un pelele más de los muchos en ella, y una persona que acaba cediendo también a un egoísmo no demasiado diferente del de los personajes más negativos de la trama.

 

De todo lo dicho se desprende que “Network” es un film de actores, y a fe que lo es. Holden está espléndido, y si no ganó el Oscar a mejor actor fue porque se lo arrebató a título póstumo su compañero Peter Finch. No voy a decir si fue injusto o no, ambos trabajos son espectaculares. El de Holden es más contenido y el de Finch más desatado, pero es difícil escoger cuál es mejor. Dunaway hace el papel de su vida, igualmente merecedora del Oscar, con su retrato fascinante a la par que odioso de una ambiciosa ejecutiva televisiva. Luego habría que destacar dos breves intervenciones que también fueron merecedoras de premios y nominaciones. Beatrice Straight, como la sufrida esposa de Max, no tiene mucha presencia en pantalla, pero la escena en la que obliga a su marido a afrontar las consecuencias de su infidelidad es tan brillante e intensa que no desmerece el Oscar recibido. Menos suerte tuvo otro nominado de corta presencia, Ned Beatty como uno de los dueños de la cadena televisiva, que no ganó el premio (que fue a Jason Robards por “Todos los hombres del presidente”) pero que abruma en la escena en la que se enfrenta a Howard y hace para mí el segundo mejor discurso del film, tras el famosísimo “¡Estoy más que harto y no quiero seguir soportándolo!” (“I’m mad as hell and I’m not gonna take it anymore!”) de Peter Finch.

 

Network © Amazon MGM Studios. 
Luego está Robert Duvall, que a pesar de su lugar destacado en los créditos actorales del film, su presencia en pantalla no es tan larga como la de Finch, Dunaway o Holden. Y sin embargo, cada una de sus apariciones es un prodigio de interpretación. Como de costumbre en él, vaya. Usando esa naturalidad tan propia a su trabajo, su papel como el rudo y falto de ética ejecutivo Frank Hackett alterna momentos de gran intensidad y furia, pero jamás llegando, ni de lejos, a la sobareactuación, con otros de estremecedora frialdad, capaz de tomar las decisiones más terribles sin apenas enarcar una ceja.

 

Podría decirse que solo por Duvall merece la pena ver “Network”. Pero sería injusto, sería quedarse cortos sobre la calidad y valores de un film extraordinario, con un reparto fuera de serie, una temática apasionante, preocupante y absolutamente vigente hoy, con un guion casi perfectamente desarrollado y una dirección que a pesar de estar plenamente al servicio de la trama no oculta el talento del director al llevarla a cabo. De reprocharle algo, como dije al principio, algún aspecto muy coyuntural que haya podido pasar de moda. Pero por lo demás, estamos ante una peli entre lo mejor de los años setenta, y una obra que merece un visionado tras otro. 9/10

 


 

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