En un momento de La bola negra (Javier Calvo y Javier Ambrossi, 2026), Lorca le comunica a su confidente, secretario y amante, Rafael, su intención de escribir una obra absolutamente realista, sin adornos poéticos ni fantasiosos, una obra que hable con naturalidad de su condición de homosexual y su relación con el mundo. Rafael le responde que no lo conseguirá, ya que su alma poética se acabará imponiendo.
Las virtudes de la película y sus muchos defectos parten de esta dicotomía. La bola negra tiene un buen material de inicio, a saber: la existencia de una obra inconclusa del autor granadino, la denuncia explícita del fascismo que salió a la luz con la guerra civil, el deseo de dar exposición a la comunidad homosexual, una reflexión sobre el proceso creativo, una estructura narrativa a tres bandas que podría devenir en un montaje ágil, incluso una especie de whodunnit sobre el paradero de la obra inconclusa… y sin embargo, los Javis, incapaces de decidir con qué carta quedarse, si la de la aproximación realista o la poética, al final optan por las dos.

