Buenos días. ¡Vaaaamoooossss!
La Penélope de Serrat no teje un interminable sudario mientras espera la vuelta de su esposo. Teje en su mente la imagen soñada del amante que la abandonó con la promesa de regresar. Quieta, sentada en un banco de la estación y vestida con sus mejores galas, espera pacientemente ese retorno.
Penélope,
con su bolso de piel marrón
y sus zapatos de tacón
y su vestido de domingo...
