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| All images in the post © Walt Disney Studios |
Así que ayer, poco más de treinta años después, e influenciado por mi revisión de “Todos los hombres del presidente” el día antes, me animo a volver a ver el film de Stone… y me quedo de piedra, porque me encuentro con otra película, no la que recordaba haber visto. Me encuentro con una película que toma el personaje histórico pero no hace un biopic al uso. Lo que veo ayer es un portentoso drama de tintes shakespearianos sobre un Nixon al que retrata como un remedo del ciudadano Charles Foster Kane que, al revés de este referente, sí llega a la presidencia de los Estados Unidos, pero que creyendo que es él quien manejaba los hilos del teatro de marionetas de la política acaba, por culpa de su ambición desmedida y su falta de escrúpulos, siendo una marioneta más devorada por el sistema al que pretendió subyugar a su ego y codicia. Hace treinta años fui muy injusto con esta película, que hoy creo que, eso sí, sin llegar a la excelencia de “Platoon” o, sobre todo, “JFK”, es un film magnífico.



