 |
| Images in the post © Warner Bros., MGM and Cinerama, Inc. |
Ya me ha pasado en otras revisiones de películas que forman parte de mi infancia y adolescencia cinéfaga: la batalla entre mi visión actual de las mismas y el impacto que tuvieron en su momento. O sea, el poder de la nostalgia. No diré, como he leído no hace mucho en un artículo, que la nostalgia sea “una enfermedad que transforma los errores y horrores del pasado en recuerdos ingenuos”, definición que, aún con su buen fundamento, se me antoja exagerada… pero sí que es verdad que la nostalgia puede interferir para bien o para mal en la apreciación de una peli, según que opinión, la presente o la pasada, acabe imperando.
Caso en cuestión: “
El maravilloso mundo de los Hermanos Grimm” (
The Wonderful World of the Brothers Grimm, George Pal y Henry Levin, 1962) es una de las películas de mi infancia de las que mejor recuerdo tenía, siendo además clave no solo en el desarrollo de mi pasión por el cine sino también en mi afición al género fantástico en cualquiera de sus manifestaciones, una impronta acentuada por la adaptación del film, combinando los formatos de novela e historieta, publicada por Bruguera en 1967 (reedición de una anterior) en la colección Historias Selección. De ahí que al volver a verla hace unos días, muchas años después de repetidos visionados y lecturas infantiles, tenía mis miedos a encontrarme con algo solo justificado por el poder de una agradecida nostalgia…