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Bahía negra” (
Thunder Bay, Anthony Mann, 1953) es una película poco estimada y casi olvidada en la trayectoria de su justamente celebrado director… y tras verla ayer por primera vez, entiendo perfectamente que sea poco estimada y casi olvidada. Ni siquiera voy a entra en un enésimo debate sobre el término “obra menor” porque es una película bastante mediocre, incluso difícilmente asumible hoy en día por su temática, aunque, nobleza obliga, admitiré que tiene detalles del talento de Mann desperdigados por su metraje.
Es la cuarta de las ocho películas del binomio Anthony Mann-James Stewart, y la primera de las tres que, al menos en principio, no es un western, siendo las otras dos “Música y lágrimas” y “Acorazados del aire”. Digo que esta “Bahía negra” no es en principio un western porque es más bien una película de aventuras centrada en la lucha entre el supuesto progreso y la forma de vida tradicional, pero… uno no deja de ver tras ese conflicto la esencia de muchos westerns.
A mediados del siglo XX llegan a un pueblecito pesquero de Louisiana dos ingenieros arruinados pero llenos de ideas, Steve Martin (James Stewart) y Johnny Bambi (Dan Duryea), con la intención de convencer al millonario Kermit MacDonald (Jay C. Flippen) de que invierta dinero en su proyecto de construir una plataforma petrolífera en la zona del Golfo de México frente al pueblo, en cuyo fondo están convencidos de que hay una gran bolsa del preciado combustible. Para ello, tendrán que enfrentarse a las dudas de los accionistas de la compañía de MacDonald, pero sobre todo a la oposición de los pescadores del área, que temen que el proyecto afectará irremediablemente a su forma de ganarse la vida…