Farmacia de Alonso Luengo, en León. Foto de Jordi Asturies.

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domingo, 22 de febrero de 2026

La tristeza de Jeremiah

© Herman Huppen / Planeta Cómic

 La fuerza de una viñeta puede verse fácilmente si se descontextualiza. Para que una viñeta mantenga su vigor aislada de sus referentes, sin embargo, hace falta un excelente dibujante, alguien que sea capaz de reflejar en un rostro o en un ambiente todo el contenido del recuadro, además de poder, si es necesario para la narración, usar otro elementos consustanciales a la historieta.

Veamos esta viñeta de Hermann, del álbum Un cobaya para la eternidad, de la serie Jeremiah. Tanto si conocen la obra como si no, es difícil sustraerse a la fuerza de su expresión, y casi imposible no deducir los sentimientos del personaje.

Obviamente, el principal garante del contenido es el dibujo del rostro. A pesar del detalle del dibujo realista del autor belga, es de una simplicidad latente. Ojos cerrados, labios con mohín, el rostro ligeramente entornado. Así de sencillo. Hay tristeza en el personaje. Podemos elucubrar: si no fuera por los ojos cerrados, probablemente veríamos las lágrimas; es posible que cerrar los ojos implique también que no quiere ver algo o a alguien.

Decíamos que no basta con ser un buen dibujante, con todo; hay otros elementos del lenguaje del cómic que el autor debe saber dominar. Evidentemente, un primer plano es el mejor medio para mostrar el sentimiento del personaje, pero aquí ese primer plano es convenientemente manipulado por el artista. El rostro esta cortado a la altura de la coronilla, por arriba, y de la barbilla, por abajo. El efecto es que si dividiéramos la viñeta horizontalmente en tres partes más o menos iguales, veríamos que la prímera línea que corta estaría aproximadamente a la altura de los ojos; la segunda, a la altura de los labios. Los dos elementos que definen la expresión de Jeremiah. Según una regla de la fotografía, esas líneas imaginarias que dividen en tres una imágen definen los puntos de más interés.

Veamos ahora el encuadre: estamos ante una viñeta horizontal. Un encuadre vertical habría constreñido la imágen, dando la impresión de un ambiente cerrado y redundando probablemente en la interioridad de los sentimientos del personaje. Pero el autor decide introducir una línea de diálogo, con lo cual entra en escena un personaje que no aparece en la viñeta. Es un diálogo corto y, además, en un rotulado muy pequeño. El encuadre horizontal que nos ofrece Hermann parece exagerado para algo tan exiguo. ¿O no?

Al estar el personaje situado a la derecha, se respeta el sentido de lectura desde la izquierda, así que leemos primero sus líneas y luego vemos su rostro. La última impresión es la demoledora tristeza que transmite. Para cuando vemos el dibujo, ya sabemos la causa de su tristeza: decepción. El rotulado pequeño transmite un sonido bajo, casi un susurro. Los puntos suspensivos que le rodean, la idea de una frase inacabada, quiza enmarcada en un suspiro. El bocadillo no engloba las palabras, y queda deliberadamente abierto: las palabras de Jeremiah son lanzadas al aire, más que dirigidas a su invisible interlocutor, y en su pequeñez dentro de la viñeta, dentro de ese desequilibrio con respecto a la ocupación de las dos mitades de la misma, transmiten absoluta indefensión.

Sí, una viñeta descontextualizada puede mantener su fuerza. Eso nos da una idea de su función dentro del relato. Sólo hace falta un autor que sepa bien lo que hace.

 

  Entrada originalmente publicada en el blog Una habitación con viñetas el 15-1-2007

Sobre franquismos que ya no existen, heridas reabiertas y rostros encapuchados

 Venga, ahora díganme eso tan bonito de que el franquismo es cosa del pasado y que retirando horripilancias como esta se abren viejas heridas.

Por cierto, lo de las "caras encapuchadas" en espacios públicos es lo que cierta gente quiere prohibir por "motivos de seguridad", ¿no?
 
Puede ser una imagen de una o varias personas, monumento y texto que dice "ύИ LOS HÉROES NO NOSE SE -ANACIONAL ክር ነር N Neonazis, caras encapuchadas y 'arribas España' en la concentración en Gijón en defensa del monumento a los héroes de Simancas La Nueva. España Gijón" 

Una peli al día (2026-02-21): SUEÑOS DE TRENES (Clint Bentley, 2025)

© Netflix
Sueños de trenes” (Train Dreams, Clint Bentley, 2025) me ha supuesta una gran, gratificante sorpresa. No esperaba mucho de ella, viendo cómo se la relacionaba con Terrence Malick (lagarto, lagarto), y algunas referencias que la definían como un “western sin disparos” me dejaban muy confuso. Pero visto el tráiler, no pude evitar fijarme en lo bonita que lucía y terminé por darle una oportunidad. Qué bien hice.

 

Estamos ante una película pausada, pero eso no quiere decir que relajada o relajante. Una película que invita a la reflexión y a regodearse en la inmensa belleza de sus imágenes, pero eso no quiere decir que sea de esas en las que “no pasa nada”. No señor, en ella pasa todo una vida, nada más y nada menos. Una vida con sus alegrías, sus dramas y sus tragedias. Pero no es la vida de un héroe o de una figura transcendental… es la vida de una persona ordinaria enfrentándose a lo que cualquiera de nosotros podría enfrentarse y de hecho se enfrenta a lo largo de la existencia. Lo cual le convierte en alguien extraordinario.

 

El film cuenta la vida del leñador y trabajador en la construcción de vías férreas Robert Grainier (Joel Edgerton) desde que en la última década del siglo XIX llega como un niño huérfano a Idaho, cerca de la frontera con Canadá, en el noroeste de los Estados Unidos, hasta que es un anciano en la ochentena. En una existencia tan larga, es testigo presencial de cómo el entorno natural va cediendo ante la llegada del progreso, al tiempo que vive su vida en compañía de su esposa Gladys (Felicity Jones) y su hija, compañeros de trabajo como el experto en explosivos Arn (William H. Macy), o su amiga vigilante forestal Claire (Kerry Condon), con quienes comparte alegrías y sinsabores.

 

© Netflix

Así de sencillo, la vida normal de una persona normal. Taciturna, reflexiva, cariñosa con los suyos, cuyo mayor defecto sería el que se deje llevar ante las situaciones que no comprende, una de las cuales le marcará para siempre. Asistimos a lo largo del metraje a cómo va construyendo esa vida en un entorno natural impresionante, entre bosques, ríos y montañas, al tiempo que contribuye a la degradación de ese entorno derribando los árboles que son necesarios para la construcción de la via férrea.

 

Pensándolo bien, sí que hay algo de Malick en la forma en la que Bentley filma esa naturaleza, con planos largos casi a ras de suelo que hacen que luzca espectacular, al tiempo que la fotografía de Adolpho Veloso le otorga un tono entre ensoñador y místico. Pero a diferencia del Malick de sus últimas películas, Bentley quiere, si no anteponer la historia a las imágenes, al menos ponerlas a la misma altura. Con toda la majestuosidad de la naturaleza retratada, ni una sola escena está puesta ahí para epatar por epatar. Si lo hacen, es porque están plenamente integradas en la peripecia existencial del protagonista, siendo tanto un reflejo como una prolongación del mismo.

 

© Netflix
El director, junto a su coguionista Greg Kwedar (que ya trabajaron juntos en el guion de la excelente “Las vidas de Sing Sing”, dirigida por este último) hacen una adaptación de la novela original de Denis Johnson en la que, con la colaboración del montador Parker Laramie, van alternando escenas reales con sueños, visiones y ensoñaciones, premonitorias o evocadoras, en un montaje dinámico… pero para nada frenético. Recordemos que estamos ante una película muy pausada, pero con este montaje adquiere un ritmo que la aleja de lo parsimonioso. Y más que la influencia de Malick, veo yo aquí algo muy truffautiano, en cómo disponen los guionistas los hechos de la vida de este pequeño gran personaje, tratándolos como si fuera lo más importante del mundo.

 

© Netflix

Todo ello para hablar del paso de Robert, esa persona que de ordinaria que es, es ciertamente extraordinaria, por un mundo condenado a desaparecer. Es aquí donde quizá pueda estar justificada la mención de “western” aplicada a este film, porque se nos describe la hermosura, pureza y libertad de esa última frontera a la que llega el huérfano protagonista a fines del siglo XIX, para mostrarnos como ha acabado siendo engullida setenta años después por la modernidad y el progreso. Los ferrocarriles se han modernizado y ya no discurren por las vías de antaño, y se ven obsoletos ante el tráfico aéreo y la era espacial. Lo único que no cambia es Robert, que tras todo lo vivido y sufrido, sigue afrontando la existencia con la misma tranquilidad y sensación de maravilla que siempre ha tenido. Los golpes de la vida le han hecho fuerte y resistente.

 

© Netflix
Todo el reparto esta a una gran altura (y personalmente no puedo menos que agradecer, aunque sea breve, la presencia de mi admirada Kerry Condon), pero está claro que quien domina la escena, y de qué manera, es Joel Edgerton, en un trabajo contenido y mesurado que no es obstáculo para que muestre todos los matices de alegría y de tristeza que requiere la evolución de su personaje sin ceder en ningún momento a la tentación de la sobreactuación. Una de las interpretaciones del año, que bien merecería haber sido más reconocida a la hora de los premios.

 Como también merece mayor reconocimiento la para mí sorprendente película, que no dudo en instalar en mi top 5 del pasado año, bajándole solo un poquitillo la nota por el uso de la voz en off, que, por mucho que tenga la sonoridad y carácter que le aporta el actor Will Patton, hay veces que la encuentro innecesaria y que afecta al ritmo del film. Pero salvo esta pequeñez, yo les recomendaría mucho esta “Sueños de trenes”. 8,5, redondeado a 9/10.


 

Willie Colón y Rubén Bladés: BUSCANDO GUAYABA

 Homenajeando a Willie Colón, le recordamos con esta canción procedente de su rompedor álbum "Siembra" de 1978, el segundo en colaboración con Rubén Blades, con el que ambos elevaron la salsa no solo en términos cualitativos, sino también al fenómeno de masas que llegó a ser.

 Willie Colón, que la tierra le sea leve, con nuestro agradecimiento. 


 

sábado, 21 de febrero de 2026

Enrique del Teso en el diario Nortes, sobre el burka y su prohibición

Foto usada en el artículo en Nortes

Citas del artículo de Enrique del Teso en el periódico Nortes, 21-2-2026

"Punto para Vox ... . Soltaron lo del burka y la izquierda hierve de principios y moralidad superior. Los principios son trastos grandes del conocimiento y, cuando se miden las discusiones ordinarias con ellos, chocan, no caben todos a la vez. La izquierda es facilona para la provocación. Dices burka y llegan los principios en tropel: libertad religiosa, luego no hay que prohibirlo; igualdad y dignidad, luego hay que prohibirlo; lo dice la ultraderecha, luego no hay que prohibirlo; los ultras quieran dar lecciones de igualdad, luego hay que prohibirlo y de paso también los hábitos de las monjas, sobre todo los velos y las cogullas. Y así empiezan en redes sociales y púlpitos a bullir las izquierdas con lo de votar a favor o en contra."

"Pues claro que el burka es intolerable. Decíamos que no se puede razonar todo con principios, es decir, con grandes convicciones muy generales. Pero tampoco conviene estrechar los razonamientos tanto que perdamos la perspectiva. Si el culto de una religión incluye el sacrificio ritual de hervir a niños en agua, no debe haber una ley específica que prohíba ese ritual. Ya está prohibido el asesinato, agresión y tortura, simplemente se aplica la norma al caso del ritual. (...) Ya hay leyes suficientes para considerar un delito obligar a seres humanos, por su sexo, a sepultar su individualidad con indumentaria tan ominosa. La libertad religiosa no está por encima de las leyes que prohíben hervir a niños o pudrir en vida a las mujeres."

"Una ley que prohíba el burka es innecesaria por dos razones: porque las leyes civilizadas de países civilizados ya reprimen un atropello como ese. (...) La segunda razón es que es espurio prohibir lo que es manifiesto que no va a suceder. Sería necia una ley que prohibiera castrar a niños para recuperar para la ópera a los castrati. Ni se andan castrando niños, ni hay burkas. Hacer prohibiciones preventivas de aberraciones que no suceden, para las que además ya hay leyes aplicables, parece una necedad."

"Vox quiere una prohibición expresa del burka para señalar al islam y, por asociación, a la inmigración magrebí. El islam no lleva al burka, como el catolicismo no lleva a la quema de herejes en hogueras. Es un episodio más de racismo y xenofobia ultra. La ultraderecha quiere una sociedad totalitaria y sin derechos, a la que se llegue con el apoyo de la población. La propaganda necesaria para eso necesita siempre a minorías estigmatizadas ... "

 

Una peli al día (2026-02-20): NOCHE EN LA CIUDAD (Jules Dassin, 1950)

 Mismo © que resto de las fotos 

El cine negro, ese noir bautizado por la crítica francesa, que posiblemente entendió mejor y amó más el género que los propios estadounidenses, está lleno de películas desoladoras, pesimistas, con personajes abocados a un destino funesto, da igual que por sus propios deméritos o que por la mala fortuna. Pues bien, pocas hay que respondan tan profundamente a estas características como “Noche en la ciudad” (Night and the City, Jules Dassin, 1950).

 

Ambientada en la misma postguerra europea plena de incertidumbres y miedo acerca del futuro que “El tercer hombre”, mostrando los mismos entresijos y rincones ocultos de la ciudad aún en reconstrucción, la película de Dassin no deja títere con cabeza en cuanto a mostrar personajes traicioneros, codiciosos y crueles encerrados en un ambiente urbano hostil que les ahoga y les priva de esperanza. Y todo ello en la noche londinense, retratada con una belleza difícil de superar.

 

Algo a lo que no es ajeno el propio cineasta, ya que es fácil ver en ese buscavidas que interpreta Richard Widmark, con ansia de prosperar y triunfar pero siempre a la carrera, siempre huyendo y finalmente acorralado, un trasunto suyo, obligado a rodar esta película norteamericana en el Reino Unido para no ser convocado por el Comité de Actividades Antiestadounidenses por su pasado comunista, con el peligro de acabar en la lista negra… algo que a la postre fue inevitable, lo cual le impidió, a su vuelta, el participar en el montaje final del film, no pudiendo volver a trabajar en el cine en su propio país y acabando por ir al exilio a Francia, donde, no sin dificultades, pudo volver a retomar su carrera. Con “Rififí”, nada más y nada menos. Pero tuvieron que pasar cinco años desde el estreno de la peli que me ocupa hoy.

 

Night and the City © 20th Century Studios/Walt Disney Studios Motion Pictures. 

Harry Fabian (Richard Widmark) es un timador norteamericano de poca monta en Londres, viviendo a salto de mata entre negocios que nunca le salen bien, su relación en crisis con su pareja, Mary (Gene Tierney), dependiendo de los pequeños trabajos que le pueda dar el dueño de un club nocturno Phil Nosseross (Francis L. Sullivan) y tratando de alejarse de los manejos de la esposa de este, Helen (Googie Withers). Pero un día parece que la suerte de Harry cambia y que sus sueños de llegar a ser alguien pueden cumplirse, cuando ve la oportunidad de convertirse en un promotor de peleas de lucha grecorromana. Sin embargo, necesita dinero para contratar a los luchadores más prestigiosos y establecerse, y solo lo conseguirá de los poco fiables Nosseross y en unas condiciones muy particulares. Para complicar las cosas, se encontrará con la oposición de otro promotor de peleas, Kristo (Herbert Lom), que aparte de la rivalidad en el negocio, tiene otros motivos para enfrentarse a Harry. Poco a poco la situación se irá enrevesando…

 

 Mismo © que resto de las fotos 
Como he dicho al principio, es difícil ver otra película donde una ciudad luzca tan hermosa, y a la vez tan amenazadora, como luce Londres en este film. Dassin mueve su cámara por las calles, edificios abandonados, fábricas, clubs nocturnos, en largos travellings que evocan el cine documental y el neorrealismo italiano. El personaje interpretado por Widmark se mueve nervioso, casi siempre corriendo (de hecho así empieza la peli y así la termina), en un entorno urbano en un acentuado claroscuro perfectamente retratado por el director de fotografía Max Greene. Por su parte, el director alterna los planos largos descriptivos con los planos cortos que muestran la angustia de los personajes, empleando complejas angulaciones y buscando con frecuencia el encuadre de las figuras en ventanas, arcos, puertas… cualquier elemento arquitectónico que pueda incidir en la idea de unos personas aprisionadas en la ciudad.

 

Night and the City © 20th Century Studios/Walt Disney Studios Motion Pictures. 

No hay apenas espacio para la luz diurna, salvo en el desenlace, y aún así cuando dicha luz llega no es precisamente como efecto liberador de la opresión de la casi hora y media anterior de metraje.Todo ello para destacar la vida de unos personajes en su mayor parte (la excepción sería Mary y el vecino de esta interpretado por Hugh Marlowe) ruines y taimados, atrapados por su propia codicia y que cuando en algún momento de breve humanidad intenten escapar a ella les será harto difícil, por no decir imposible. No se aprecia redención posible para ellos, y de hecho a alguno no parece preocuparle lo más mínimo.

 

 Mismo © que resto de las fotos 
Y tenemos a Harry como protagonista absoluto, y por ello el ancla emocional al que como espectadores podemos, incluso debemos, agarrarnos. Pero es ciertamente difícil. Aunque podamos sentir cierta simpatía por este perdedor al que todo le sale mal y en algún momento podamos llegar a desear que el destino le dé un respiro, lo cierto es que es una persona falta de escrúpulos, capaz de la mayor villanía incluso con quienes le quieren y tremendamente engreído. Widmark borda su interpretación de este perdedor que parece merecer su condición de tal, y que sin embargo no entiende por qué todo se vuelve contra él. Quizá esté en esta falta de comprensión la única razón para que sintamos cierta empatía por él.

 

 Mismo © que resto de las fotos 
Widmark domina tanto la pantalla que el resto del reparto queda a años luz de él, y no porque hagan un mal trabajo, sino porque acaban pasando bastante desapercibidos. Sin embargo, no se debe dejar de hacer justicia a Googie Withers en su papel de esposa que no se para en barras a la hora de independizarse de su marido, o a Herbert Lom como taimado promotor de peleas. Gene Tierney como sufrida novia de Harry cumple bien, pero es una pena que su personaje no esté más desarrollado, algo que se puede decir también del de Hugh Marlowe.

 

“Noche en la ciudad” es una extraordinaria película, uno de los mejores momentos del cine negro, con Richard Widmark y la ciudad de Londres como auténticas estrellas del film, un relato de perdedores sin esperanza encerrados en una noche tan eterna como la oscuridad de sus destinos. Será todo lo desoladora que sea, y al final de su visionado nos quedaremos con el alma inquieta, pero… qué diablos, es una peli que hay que ver. 9/10.

 


 

David Bowie & Pat Metheny Group: THIS IS NOT AMERICA

En 1984 el guitarrista de jazz Pat Metheny estaba componiendo la banda sonora de la película de espías durante la guerra fría "El juego del halcón" (The Falcon and the Snowman, 1985), y no sabía quién podría cantar la canción de la misma, que pretendía basar en el instrumental "Chris", tema de uno de los protagonistas de la peli. El director John Schlesinger le sugirió David Bowie, cuya obra Metheny solo conocía superficialmente. Tras escuchar algunos discos del cantante, el guitarrista decidió que Bowie era la persona perfecta para la canción. 

Desde comienzos de su carrera, Bowie había mostrado su interés por el cine, y es conocido que la canción que le lanzó a la fama, "Space Oddity" vino de su fascinación por la kubrickiana "2001". Tras papeles cortos o de figurante en algún corto o películas de poca incidencia, ese interés fructificó en 1976 con su papel protagonista en "El hombre que cayó a la Tierra", de Nicholas Roeg, a la que en 1979 siguió "Gigolo", de David Hemmings, que fue además la primera peli con una canción suya, "Revolutionary Song", aunque él no la cantó. Otra película importante con su participación como protagonista, pero sin música suya, sería en 1983 "Feliz Navidad, Mr. Lawrence", de Nagisha Oshima. Un año antes había coescrito con Giorgio Moroder la canción "Putting Out Fire" para la película de Paul Schrader "El beso de la pantera", remake de "La mujer pantera" (1942) de Jacques Tourneur. 

 Cuando Bowie recibió la oferta de Metheny, estaba muy insatisfecho con su último álbum, "Tonight", y quizás la posibilidad de trabajar en el cine fuese para él una pequeña liberación. De hecho, tardaría tres años en volver a sacar un álbum, y en ese período, tras su colaboración en "El juego del halcón", escribiría el tema para el film "Cuando el viento sopla", de Jimmy T. Murakami, y también escribiría canciones, además de participar como actor, para "Dentro del laberinto", de Jim Henson, y "Principiantes", de Julien Temple (para la que compuso la espléndida "Absolute Beginners"), todas ellas estrenadas en 1986.

 La canción que me ocupa hoy, "This is not America", a pesar de ser coescrita por músicos de jazz (Metheny y el miembro de su grupo Lyle Mays) no tiene prácticamente nada de jazz, curiosamente. No deja de ser una progresión repetitiva de la misma secuencia de acordes apoyada en la guitarra rítmica de Metheny, los sintetizadores de este y su compañero Mays, y la sección rítmica de Steve Rodby al bajo y Paul Wertico a la batería.  

Lo que eleva la canción es la aportación de Bowie, sin duda. Para empezar, él fue quien propuso el título de la canción, una frase mencionada dentro de la película. Y luego está la letra, que a pesar de algún momento forzado, por la obligación de mencionar el título del film en ella, muestra perfectamente la melancolía que acompaña al film, y tiene momentos poéticamente brillantes como el juego aliterativo entre las palabras "America" y "miracle". Pero sobre todo está la voz de Bowie, soberbia, modulada perfectamente entre tonos altos y bajos, entre casi susurros y gritos, entre tristeza y desesperación. El cantante propuso que los miembros del Pat Metheny Group hicieran los coros, pero estos rechazaron la sugerencia alegando que no sabían cantar, y fue el propio Bowie el que los acabó haciendo, duplicando y hasta triplicando su voz, y aportando ese aparentemente insignificante "sha-la-la-la-la" que acaba siendo impecable leit-motif de la canción.

Aporto clip de la canción ilustrando escenas de la película, luego el instrumental que le dio origen, una versión del Pat Metheny Group y otra de Bowie en directo. El tema se lo merece.


 

 


 

Fuente de los datos: Clerc, Benoît, David Bowie, All The Songs: The Story Behind Every Track, Black Dog & Levental Publishers, New York 2021 (Edición original en francés David Bowie: la totale publicada por Editions Chêne/E/P/A el mismo año); O'Leary, Chris, Ashes to Ashes: The Songs of David Bowie, 1976-2016, Repeater Books, 2019; página web The Bowie Bible; Wikipedia