Buenos días. ¡Vaaaamoooossss!
Es difícil sustraerse al hipnótico ritmo de bajo de esta canción, colaboración entre dos estrellas de los setenta dispuestos a comerse también los ochenta. Queen eran los reyes del directo, los rompedores de records en las listas de éxitos. Tras cierto bajón (en crítica, que no en ventas) con su último disco de la década de los setenta, Jazz, habían vuelto a contentar a todo el mundo con The Game y su retahila de singles (Crazy Little Thing Called Love, Another One Bites The Dust…) . Bowie había hecho algo parecido, tras unos años indecisos al final de esa década, había recuperado el pulso con Scary Monsters y su soberbio single Ashes to Ashes. Y lo mejor para ambos estaba por venir, con unos ochenta plagados de éxitos y giras mastodónticas.
