Farmacia de Alonso Luengo, en León. Foto de Jordi Asturies.

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jueves, 5 de marzo de 2026

Una peli al día (2026-03-04): VALOR SENTIMENTAL (Joachim Trier, 2025) 9/10

All photos © Mer Film, Eye Eye Pictures, Komplizen Film, MK Productions, Lumen Production, Zentropa and Film i Väst
  

Bueno, pues ya tiene uno su peli favorita de Bergman… pero no dirigida por Bergman. Leídas referencias sobre ella, tenía muchas dudas de que me fuera a gustar “Valor sentimental” (Affeksjonsverdi, Joachim Trier, 2025), y me encuentro con una peli que sí, presenta esa frialdad muy típica del célebre director sueco, pero que, a diferencia de lo que me pasa con sus pelis, no la encuentro tan distanciadora y cruel con sus personajes. No llego a la empatía por ellos que tanto valoro en los dramas, pero sí que por lo menos consigue que no me acabe desentendiendo de ellos, que siga con interés su peripecia en pantalla.

 

Hay otro punto que me atrae a la película. No solo pertenece a ese género, subgénero o como lo quieran clasificar de “cine dentro del cine”, en el que los cinéfagos asistimos con fruición a los entresijos de este mundo que tanto nos fascina. Hay aún más: no es que llegue a plantear el cine como sucedáneo de la vida, como hacen los personajes de Truffaut o Adolfo Marsillach y Jesús Puente en “La noche americana” o “Sesión continúa”, respectivamente, o una manera de huir de ella, como señala el de Kirk Douglas en “Dos semanas en otra ciudad”. No llega a tal extremo Joachim Trier… pero sí que propone el cine no para sanar las penas, pero al menos como ayuda para afrontar las dificultades y exorcizar los demonios internos, algo que parece mucho más natural. Si añadimos un buen montón de referencias cinéfilas dispersas por el metraje, los cinéfagos ya tenemos un buen festín con esta peli.

Nora (Renate Reinsve) y Agnes (Inga Ibsdotter Lilleaas) son dos hermanas, una actriz teatral y televisiva de éxito y la otra historiadora, hijas de un afamado pero casi retirado director de cine, Gustav Borg (Stellan Skarsgård), que marchó de casa y rompió todo contacto con ellas tras divorciarse de su madre. Años después Gustav vuelve a sus vidas con la intención de que Nora sea la protagonista de la película con la que retoma su carrera, que pretende que sea sobre la madre de aquel, miembro de la resistencia noruega contra la ocupación nazi que fue presa y sufrió tortura por ello, y que acabaría suicidándose. Las dos hermanas, aún dolidas con su padre, se niegan a verse involucradas en la película, por lo que Gustav ofrece el papel a Rachel
Kemp (Elle Fanning), una popular actriz estadounidense. Los problemas para sacar adelante el film se van sucediendo, al tiempo que los encuentros del director con sus dos hijas, especialmente con Nora, son un cúmulo de amargas discusiones y reproches mutuos, y para colmo, su vida privada no adolece de problemática precisamente…

 

Estamos ante un típico melodrama sobre el que Trier logra no cargar las tintas mediante dos recursos, la frialdad y el humor. Ya he dicho que hay una frialdad muy bergmaniana en el tratamiento de la historia, pero, a diferencia del director sueco, el cineasta danés no lo sitúa en su propia mirada sino en los personajes. No es una frialdad impuesta por él, sino un espejo de la situación. Los personajes se tratan con la frialdad inherente a ellos mismos: apenas tienen nada que decirse que no sean reproches por el pasado, y no se tienen afecto ni empatía. Solo llegarán a ella tras el exorcismo emocional al final del film. Esto dota a la trama de un realismo y naturalidad muy atrayente. No hay una manipulación cinematográfica emocional ni en un sentido ni en otro. Trier nos presenta la conflictiva relación entre estos personajes, y nos deja a nosotros con la decisión de cómo tomárnosla, lo cual hace que sigamos con interés el desarrollo de la historia.

 


Uno de los medios para esa redención emocional en los personajes es el cine. Pero no es la única forma en la que el medio se hace presente, y los guiños cinéfagos se suceden, algunos con efecto humorístico: la crítica a los nuevos medios de difusión en streaming, representados por Netflix; los regalos inadecuados que hace Gustav a su nieto, dos películas no indicadas para su edad… dos películas de “auteur”, de Haneke y Gaspar Noé, por cierto; el toque woodyalleniano del psicoanálisis cinematográfico o la familia disfuncional a lo “Hannah y sus hermanas”; la muy cinematográfica ciudad francesa de Deauville, con su festival y su paseo playero con las casetas con los nombres de estrellas; lo hitchockianamente “vertiginoso” que hay en la relación de Gustav con Rachel; la implícita denuncia de la progresiva desaparición del formato físico de las películas presente en el hecho de la familia sin reproductor de dvd; aparte de la evidente influencia de Bergman, el homenaje a una de las escenas más emblemáticas de uno de sus films… Y alguno más que me dejo por falta de espacio o por falta de cultura cinéfaga. Pero con todo esto ya hay de sobra para darse un festín.

 


Otro de los méritos de Trier es la estructura episódica a base de partes separadas abruptamente con planos en negro, que dan un ritmo vivo a esta pausada historia. Consciente de la importancia de las reacciones de sus personajes, narra básicamente en planos cortos, mayoritariamente primeros planos, que alterna casi febrilmente… aunque curiosamente, los retazos de las pelis de Borg que se nos muestran son modélicos planos largos y planos secuencia. La narración es básicamente lineal, pero está aderezada con un algún flash-back que la enriquece. El trabajo del director de fotografía Kasper Tuxen no da imágenes espectaculares… pero tampoco es que hagan falta; está tan integrado en la historia, tan supeditado a ella, que pasa casi agradecidamente desapercibido… y sin embargo, no se puede evitar hablar del adecuado uso de tonalidades en la casa de los Borg (por cierto, otro “personaje” más de la historia), o de la ternura que emana de la iluminación de los momentos más íntimos… Otro tanto podría decirse del montaje de Olivier Bugge Coutté, fluido y vivaz en beneficio de la trama, pero aquí sí que hay alguna escena que llama poderosamente la atención, como la inicial en la que se describe la casa, en una sucesión de imágenes a ritmo trepidante y que sin embargo consigue que no nos perdamos detalle.

 


 Por poner algunos detalles que me impiden darle una nota aún más alta que la que le voy a dar, podría mencionar una voz en off ocasional que me parece redundante, que el homenaje a la escena bergmaniana que mencioné arriba, por hermoso y cinéfilamente agradecido que pueda ser, me parece igualmente innecesario porque lo que quiere decir ya ha quedado muy claro, y se me antoja hasta una boutade casi petulante que no encaja con el tono íntimo y modesto del relato; finalmente, el personaje de Rachel interpretado por Elle Fanning, a pesar de ser un buen trabajo actoral y tener su incidencia en la historia, acaba pareciéndome a veces un poco estorbo para el avance de la trama principal.


 Y ya que empiezo a hablar del reparto, hay que volver a lo positivo… a lo muy positivo, de hecho. No es solo que haya buenos trabajos por Fanning y el resto del elenco, incluidos los actores infantiles y los papeles más fugaces… es que la película se vendría abajo sin la portentosa actuación del trío protagonista, Ibsdotter y, sobre todo, Skarsgård Reinsve. Su capacidad de transmitir lo emotivo de su situación desde la frialdad de sus personajes, sus juegos de miradas y expresiones corporales, todo sin caer en una tentadora sobreactuación… es uno de los puntales del film.

 

Es “Valor sentimental”, por tanto, otra de mis sorpresas cinéfagas del 2025, y una de las grandes películas de un año que a poco que se profundice en la producción fílmica que nos ha dado va a acabar mereciendo estar entre lo mejor del siglo. La película de Joachim Trier es buena muestra de ello, más allá de algunos detalles imperfectos, por su realización visual plenamente integrada en la trama, por su historia de personas en busca de una razón para querer y ser queridas, por su reivindicación del cine como apoyo vital, por toda la cinefilia que encierra… Una gran película. 8,5 redondeado a 9/10.

 

 


 

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