Farmacia de Alonso Luengo, en León. Foto de Jordi Asturies.

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viernes, 6 de marzo de 2026

Una peli al día (2026-03-05): LA NUEVA MELODÍA DE BROADWAY (Norman Taurog, 1940) 8/10

All photos and videos © Turner Entertainment Co.
Se podría hablar de dos tipos de musicales. Por un lado, aquellos que ponen la historia narrada a la misma altura que los números de canto y baile, teniendo que estar estos perfectamente integrados en aquella. En este grupo tendríamos aquellas pelis en las que estamos pensando, que son memoria viva del cine y que incluyen unas cuantas obras maestras. Por otro, estarían los que no se preocupan mucho por la trama, que siempre va a ser mero trasfondo de números musicales a cual más espectacular, los que son tan buenos como lo son sus escenas de canto y baile. Estos no han dejado tanta impronta como los otros, aunque recordamos escenas concretas como momentos memorables, eternos, de la historia del cine.

 

Pues bien, si nos ciñéramos estrictamente a sus escenas de baile, “La nueva melodía de Broadway” (Broadway Melody of 1940, Norman Taurog, 1940) sería una puñetera obra maestra. El problema es que la Metro, consciente del potencial de enfrentar en escena los estilos de danza de con casi toda seguridad los dos mejores bailarines del momento, Powell y Astaire, decidió echar el resto en los números musicales en los que participan, la mayoría con música de Cole Porter nada menos, y en decorados imposiblemente fastuosos a cargo de Cedric Gibbons, ahí queda eso. El resultado fue que el guion se reduce a una anécdota tópica y predecible, aunque un poquito mejor de lo habitual, haciendo que el film se quede en el segundo grupo mencionado ahí arriba, el de los musicales más recordados por momentos concretos en ellos más que por la fuerza de su historia.

 

El film es el cuarto y último de la serie “La melodía de Broadway”, que había empezado en 1928 con la peli del mismo título (siendo la primera película sonora en ganar el Oscar) y había tenido continuación en 1936 y 1938. Las cuatro películas no son episodios de la misma historia, sino más bien films aislados que coinciden en su temática, lo que en inglés se llama un backstage musical, película en la que se cuenta la puesta en marcha de un musical, y en usar el tema principal de la primera de ellas, “The Broadway Melody”, escrito por Nacio Herb Brown y Arthur Freed… aunque en el caso de “La nueva melodía…”, solo se usaran unos fraseos al principio del tema musical en los títulos de crédito iniciales.

Hubo planes para alguna película más en la serie, en especial una para 1943 con Eleanor Powell y Gene Kelly que al final no pudo hacerse por compromisos contractuales de este último; un número de Powell que ya se había rodado fue usado en el film de apoyo al esfuerzo de guerra “El desfile de las estrellas”. Como dato curioso, Kelly usó la canción como base musical y argumental del segmento final de “Cantando bajo la lluvia”, la famosa secuencia “Broadway Melody Ballet”. Y otro dato curioso, la excelente película de Vincent Minnelli “Melodías de Broadway 1955” (The Band Wagon) no pertenece a esta serie, aunque por afinidad temática bien podría… posiblemente fue esa afinidad temática la que llevó a los distribuidores españoles a darle ese título.

 

Por lo demás, el argumento de la peli que me ocupa hoy es el típico de la serie, y de los backstage musicals en general: Johnny Brett (Fred Astaire) y King Shaw (George Murphy) son dos viejos amigos que forman una pareja artística que malvive haciendo espectáculos de danza sin sueldo, solo a cambio de la promoción, en salas de baile o haciendo de acompañantes en ceremonias de boda. Un día ve su número un cazatalentos y productor, Bob Casey (Frank Morgan), que ve en Johnny el compañero ideal para la estrella de la danza y el teatro Clare Bennett (Eleanor Powell), de la que Johnny es un ferviente admirador, en un espectáculo musical que está produciendo junto al director Bert Mattews (Ian Hunter). Sin embargo, una confusión de identidades hace que el que acuda a la prueba, y sea aceptado, sea King y no Johnny. En principio este acepta la situación y se ofrece a ayudar a su amigo a preparar los números de danza, pero poco a poco su relación se enrarece por el carácter egocéntrico de King y la rivalidad por el amor de Clare…

 

 La historia es, pues, un sencillo trasfondo para que Murphy y, como es lógico, especialmente Powell y Astaire, tengan sus momentos de lucimiento cantando y bailando. Es verdad que hay una caracterización un poco más profunda de lo habitual en el personaje de aquel, como antagonista, lo cual da pie a algún diálogo con un mínimo conflicto con los dos personajes protagonistas, y a alguna escena no musical en la que muestra su talento actoral… pero son cortas excepciones a la regla. Es un rutinario guion que, para colmo, incluye unas secuencias o tramas que resultan mediocres, por no decir directamente un espanto. Hay una historia muy grimosa sobre el productor Casey con aspirantes a estrellas, supuestamente incluída como alivio cómico pero un estorbo, otras también en teoría humorísticas directamente olvidables como el ensayo de una esperpéntica cantante de ópera y otras de malabarismos apreciables por el talento de los implicados pero que tampoco tienen mucho sentido.

 

Y además, repito, las estrellas indudables son Powell y Astaire. Bueno, Powell, Astaire y Cedric Gibbons y Cole Porter, pero de estos dos últimos hablo más abajo. Eleanor Powell venía de una cadena de éxitos, incluidas las dos pelis anteriores de la serie, y Fred Astaire había justo terminado su etapa con Ginger Rogers y su contrato con RKO, decidido de momento a empezar una etapa freelance que le permitiera escoger con libertad sus proyectos. La MGM vio en ello la oportunidad de juntar a las dos estrellas de la danza, y quizás, digo yo, de emular el éxito de la pareja Ginger y Fred…

 

Montaje encontrado en Trailers From Hell

Uno de los objetivos fue conseguido, porque el choque de trenes con ese talento resultó en la mejor película de la serie y los números musicales más recordados, sobremanera el final con la canción “Begin the Beguine”, que es historia viva del cine. Curiosamente, por la misma razón fue imposible cumplir el segundo objetivo, reeditar la pareja que fueron Rogers y Astaire. El talento al baile de este y Powell era tal que a la vez ambos se admiraban y sentían intimidados el uno por la otra. No es que no hubiera química, como algunos analistas reprochan al dúo, es que aquella era tan explosiva en las escenas de baile que costaba auténtico esfuerzo que no se anularan mutuamente. Así que tras conversaciones entre ambos, que por otro lado mantuvieron una excelente relación, decidieron bailar con toda naturalidad, mantener cada uno su estilo sin preocuparse de combinarlos, y disfrutar. Cabría añadir que, con todas sus virtudes, las aptitudes de Powell como actriz eran limitadas, desde luego no tan buenas como las de Rogers, lo cual la hacía menos creíble en la trama romántica.

 

Pero hay que perdonar, o al menos obviar, todo esto cuando pensamos en los números musicales. El inicial con el dúo de Astaire y Murphy, la primera aparición de Powell, con “All Ashore”, un número compendio de todas las habilidades de la actriz, desde el claqué hasta su acrobacia y elasticidad, además de ser uno de los pocos temas de sus pelis que canta ella, sin ser doblada, “I’ve Got My Eyes on You”, con Astaire cantando, tocando el piano y bailando claqué, “Jukebox Dance”, el único tema no compuesto por Porter, y primer dúo de Astaire y Powell, en un auténtico duelo danzarín en un café que la actriz considera su escena favorita de toda su carrera…

 

… y por supuesto, el maravilloso, nunca suficientemente admirado número “Begin the Beguine”. En uno de los elegantes decorados diseñados por Cedric Gibbons, reproduciendo un cielo estrellado sobre un refulgente suelo negro, se empieza con la soprano Lois Hodnott cantando el tema a modo de estándar con ecos latinos y flamencos. Sigue luego la parte instrumental del tema, con una coreografía de grupo, luego Eleanor bailando en solitario y Fred uniéndosele en un conjuntado baile… El ritmo va acelerándose poco a poco para que la pareja vaya haciendo alarde de su habilidad en el claqué. Hay un breve interludio con una versión boogie-woogie, cantada por The Music Maids, grupo vocal al estilo de las Andrews Sisters. Es la introducción al gran final, una versión instrumental jazzística donde se rompen los diques de contención y la pareja de baile se lanza a un frenesí danzarín, incluyendo un momento en el que la música, y yo diría que también el mundo, se detiene, y escuchamos en silencio la sinfonía de golpes de puntera y tacón sobre el suelo de dos de los mejores bailarines de claqué de la historia del cine…

 

Clip de la secuencia de "Begin the Beguine"

Como ya he apuntado, Cole Porter y Cedric Gibbons son las otras estrellas de la peli. El primero, con esas melodías tan pegadizas pero tan llenas de matices que son marca de la casa, haciendo parecer fácil algo que musicalmente es muy complejo, destacando, por enésima vez en esta reseña, la gran “Begin the Beguine”, que tenía su estreno cinematográfico en este film. El segundo, el mejor director artístico de la historia del cine, creador de los más suntuosos, y sofisticados decorados, ya fuera llenos con espectaculares arquitecturas o vacíos sin más ornamento que suelos y techos iluminados lo suficiente para resaltar los bailes o para ofrecer imposibles juegos de luz y movimiento… todo esto lo tenemos aquí. Y además, ganador once veces de un Oscar… que él había diseñado.

 


¿Qué le queda a un director en una película que es producto de un estudio y no de un creador? Pues hacerlo lo mejor posible con los medios que han puesto a su disposición. De Norman Taurog en esta peli lo mejor que se puede decir, y que conste que no considero que sea poco, es que no estropea el juguete que le dan. Dirige con fluidez la trama no teatral, y la teatral la resuelve bien combinando los planos largos que muestran con precisión los majestuosos decorados o las coreografías grupales, con los planos más cortos que deben destacar el talento de los bailarines: expresión de los rostros, flexibilidad corporal, movimientos de pies… Además, como ya he dicho, en algunos números sabe sacar perfecto provecho de los juegos de luces, sombras y reflejos que le permiten los decorados creados por Gibbons.

 


“La nueva melodía de Broadway” debe ser vista, en especial por los amantes del musical, por sus números musicales, todos ellos de notable por lo menos… dejando la matrícula de honor para el número final, y por la suntuosidad de un tipo de cine que ya daba sus últimas boqueadas. El resto, la endeblez de la trama romántica, las limitaciones del reparto, lo grimoso o grotesco de algunas subtramas o escenas… mejor lo vemos como un peaje a pagar, defectillos a olvidar… ustedes escogen. Normalmente le daría un 7 como nota media, pero… por Powell, Astaire, Porter, Gibbons, “Begin the Beguine” y por otros momentos inolvidables para el fan del género que soy… le subo la nota al 8/10. Sin remordimientos.

 


 


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