Farmacia de Alonso Luengo, en León. Foto de Jordi Asturies.

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sábado, 21 de marzo de 2026

Nostalgia de la vieja Copa de Europa

 El fútbol ha perdido ya todo su romanticismo, toda su imprevisibilidad, esa emoción de que, por muchos favoritos que hubiera, siempre cabía la sorpresa de que algún equipo venido de la nada pudiera asaltar los cielos. Los Nottingham Forest, los Feyenoord, los Benfica, los Steaua de Bucarest, los Estrella Roja de Belgrado... esos no tienen espacio en este fútbol moderno que se pretende espectacular pero que no deja de ser un parque temático en el que podemos brevemente pasarlo bien en la montaña rusa de turno, con sus subidas y bajadas, vueltas y revueltas, pero de la que al final saldremos sin mayor sensación de sorpresa, ya ni siquiera de haber aprendido algo sobre un deporte que en un momento concreto fue creativo y asombroso, a la búsqueda de tácticas revolucionarias que destilaran belleza deportiva. Como lágrimas en la lluvia se ha ido todo aquello.

Extractos del excelente artículo Ni Superliga ni Champions ¡nostalgia de la Copa de Europa!, de Carlos Arístides Hernández, en Jot Down: 

 

"La vieja Copa de Europa tenía algo que hoy parece casi subversivo, justicia elemental. Ganabas tu liga, entrabas. No había salvoconductos para millonarios, ni repescas de lujo, ni cabezas de serie pensadas para proteger a los sospechosos habituales. Si un equipo andaba flojo, en cada cruce lo que tenía a los lados eran barrancos como los de la película Sirat."

"Era, en el fondo, una forma de socialismo futbolístico. El campeón de Bélgica o de Rumanía se presentaba en el mismo bombo que el campeón de España o de Italia y, antes del pitido inicial, todos podían imaginar que el milagro era posible. Con la Champions League, ese suelo común empezó a resquebrajarse hasta desaparecer. El fútbol dejó al pueblo de lado y se centró en los intereses de la aristocracia. Lo de la unidad del fútbol que iba a romper la Superliga no es algo que no haya estado ya sucediendo durante todos estos años."

"Con ese cambio se perdió también una parte esencial del misterio. Antes, las grandes figuras europeas eran casi criaturas mitológicas, uno no las veía cada tres días, sino en ocasiones contadas, y por eso sus apariciones tenían algo de ceremonia. Hoy las estrellas están sometidas a sobreexposición permanente. Messi, Cristiano y los que han venido después chupan cámara hasta la saciedad. Y el asombro, a fuerza de repetirse, se desgasta"

" ...ya en los años ochenta los clubes más poderosos agitaban las aguas para obtener más dinero, más votos, más autonomía. En Inglaterra, los llamados Cinco Grandes presionaban para construir una competición a su medida mucho antes de que la palabra “Superliga” se volviera escándalo. Nunca les bastó con ser los más ricos; querían también blindar ese privilegio. (...)  El resultado ha sido la instalación de un techo de cristal que protege a la élite de casi cualquier accidente histórico. Los viejos grandes caídos y los modestos en estado de gracia ya no sueñan de verdad con codearse con la realeza europea, a lo sumo aspiran a una breve aparición decorativa."

" ... hubo factores históricos que aceleraron el proceso. La caída del Telón de Acero y la ley Bosman cambiaron para siempre el mapa del poder. El talento del Este, antes retenido por fronteras políticas, comenzó a fluir hacia el Oeste sin apenas resistencia. (...) La liberalización de las plantillas permitió a los clubes más ricos acumular recursos humanos solo con agitar fajos de billetes. El golpe simbólico definitivo llegó cuando se aceptó que en el torneo participaran varios equipos por país. Ahí la Copa de Europa dejó de ser, en esencia, la competición de los campeones para convertirse en otra cosa. Quizá una gran cosa, quizá un gran espectáculo, pero ya otra cosa."

"La intentona fracasada de la Superliga en abril de 2021 fue la consecuencia lógica de ese proceso. Este se hundió, pero ya vendrán otros a medida que no cuadren las cuentas. Porque, aunque el proyecto se desplomó en apenas setenta y dos horas por la presión de los aficionados, de los jugadores y del escándalo público, dejó claro que los grandes propietarios consideran insuficiente incluso el sistema actual. Ni siquiera les bastaba una Champions diseñada para favorecerles; querían un modelo todavía más blindado, más global, más inmune al mérito deportivo."

"... el fútbol moderno ... ha pasado de ser una competición romántica, abierta a geografías y relatos diversos, a un circuito dominado por unas pocas ligas, unas pocas marcas y unas pocas cuentas corrientes. Todavía produce noches emocionantes, claro; todavía puede tocar el alma. Pero ya no vive del mismo combustible. Donde antes había sorpresas mágicas, hoy hay una maquinaria perfectamente engrasada. Y el problema de las maquinarias es que casi nunca dejan espacio para los milagros."

"La Champions actual se traga las eliminatorias año tras año, siempre con los mismos protagonistas, con escasa variación. Ya no son generaciones de futbolistas las que amenazan con cambiar la balanza, sino grandes inversiones. Todo es a golpe de talonario y, por esta causa, morirá cuando los fans estén calcinados y no haya marcha atrás." 

 

 

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