“Nuremberg” (James Vanderbilt, 2025)
parte de una premisa si no original, al menos muy interesante: la idea de
intentar estudiar la maldad para comprender sus mecanismos e intentar evitar
que se reproduzcan… para acabar descubriendo que es un acto muy difícil, por no
decir imposible, ya que tal comprensión puede derivar en empatía por el
elemento seductor y manipulador presente en dicha maldad. La pena es que no termina
de profundizar en todos los vericuetos de esta arendtiana banalización del mal,
y en su búsqueda de sencillez en el tratamiento para acentuar el didactismo, lo
que acaba banalizando es su propia premisa, derivando a una más convencional,
por muy, como siempre decimos, necesaria que sea, denuncia del nazismo teñida
del cine judicial más rutinario. 
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Hay algún que otro detalle que salva esta peli de ser un producto correcto, sin más, pero por encima de todo ellos está la interpretación de Russell Crowe como Hermann Göring. Solo por esta actuación merece la pena verla. El actor está soberbio al representar el Mal como más peligroso es: cruel y despiadado, sí, pero a la vez inteligente, manipulador y seductor, un personaje que nos pone en riesgo, con que por un breve segundo olvidemos todo lo que fue capaz de hacer, de sentir simpatía por él, pero que tras este breve momento, acaba revelándose como lo que realmente es, un patético asesino fanático y narcisista que ansía que todo el mundo sepa lo que hizo. Crowe saca oro de este caramelo que le regala el guion y justifica, insisto, el visionado del film.
Basada en la novela “El nazi y el psiquiatra” de Jack El-Hai, basada en hechos reales, la trama cuenta como Göring es arrestado por las fuerzas de ocupación estadounidenses en Austria cuando intentaba huir. El arresto lleva a pensar a algunos expertos en leyes, encabezados por el juez Robert Jackson (Michael Shannon) en establecer un Tribunal que juzgue y condene a los jerarcas nazis por crímenes de guerra. Jackson, que ambiciona además un puesto relevante en el Tribunal Supremo de su país, sería el fiscal en ese juicio. Al mismo tiempo, el psiquiatra del ejército Douglas Kelley (Rami Malek) recibe el encargo de evaluar la salud mental de los líderes nazis encarcelados, Göring entre ellos. Kelley tiene la intención de sacar provecho de su trabajo usando su experiencia para escribir un libro. Tras discusiones con el resto de los aliados, se establece un tribunal internacional en Nuremberg para llevar a cabo el juicio. Se sucederán las entrevistas de Kelley con Göring, en las que se va desarrollando una contradictoria relación personal, al tiempo que el juicio avanza con las dudas de Jackson sobre como evitar que Göring y los suyos conviertan el proceso en un espectáculo que les beneficie…
La premisa de plantear un conflicto entre dos loables ideas (la pretensión de llevar a juicio a los asesinos nazis, por parte de Jackson, y la de estudiar los mecanismos de la maldad, por la de Kelley) con las ambiciones personales del fiscal y el psiquiatra es un interesante punto de partida, pero la cosa se queda en la superficie. Como, salvo en la escena final de la que hablaré más adelante, se queda en lo meramente obvio la denuncia del terror nazi. Vanderbilt prefiere centrarse en la conflictiva relación entre Göring y Kelley para luego pasar al relato del juicio. Es como si el guionista y director tuviera miedo de que diversificar la trama complicara el mensaje y ahogara el didactismo que pretende. Ambos, mensaje y didactismo, son necesarios y dignos de encomio, sí, pero lamentablemente restan sutileza y calidad a la película.
Así, “Nuremberg” acaba derivando a lo palmario y se vuelve no aburrida, que el ritmo y alternancia de secuencias es lo suficientemente vivo, pero sí muy predecible. Personajes como el del ayudante de Kelley y traductor, el sargento Triest (Leo Woodall), por muy bien interpretado que esté, se convierten en facilones recursos melodramáticos, momentos como la relación del psiquiatra con la esposa (Lotte Verbeek) e hija de Göring se hacen ociosos, otro efecto melodramático para intentar conmover a un espectador que no necesita ser conmovido más.
Las escenas del juicio, solo correctamente desarrolladas, son salvadas por el reparto, con la imponente presencia de Crowe, por supuesto, pero también con la dubitativa caracterización de Shannon y la resuelta y tristemente breve actuación de Richard E. Grant, como Sir David Maxwell Fyle, el fiscal británico, que tiene un excelente momento enfrentándose a Göring… que hay quien equipara al careo entre Tom Cruise y Jack Nicholson en “Algunos hombres buenos”. Y qué quieren que les diga, no van desencaminados quienes así opinan. Pero no lo veo como algo necesariamente bueno, sino como una muestra más de la predictibilidad a la que acaba llegando “Nuremberg”.
La película navega no solo entre sus propias indecisiones, sino también entre esa alternancia de instantes predecibles y detalles de buen cine. Hay un recurso que sí me ha fascinado especialmente: Crowe y Malek, el nazi y el psiquiatra, obviamente comparten muchas escenas… pero raramente comparten plano. Vemos tomas de espalda, o con el cuerpo girado, de uno mientras el otro habla, o se usa el juego plano-contraplano… y en las pocas tomas en las que sí lo comparten, están en posiciones diferentes del mismo, uno más cerca y el otro más lejos, manejando la profundidad de campo para desenfocar a uno de ellos. No solo creo que se use este recurso solo para destacar los roles de hablante y oyente, que es lo habitual, sino que me parece que se está enfatizando la idea de que aunque ambos personajes lleguen a compartir el mismo espacio, nunca compartirán la misma visión. Como debe ser.
Hay que alabar también un buen diseño de producción y una fotografía, a cargo de Dariusz Wolski, que reproduce las tonalidades ocres de la época y el lugar en los que transcurre el film. Y vuelvo a incidir en el buen reparto encabezado por Crowe… aunque el trabajo de Malek sea irregular, mucho mejor cuando logra contenerse que cuando cae en una vulgar sobreactuación que hace que no nos convenza del conflicto interno por el que supuestamente está pasando.
En breve, es esta “Nuremberg” una película mínimamente interesante, que agradecemos por su correcto acabado, su enésimo pero necesario mensaje de denuncia y por el extraordinario Russell Crowe… y a la que cabe reprocharle que no quisiera ir más allá de su atrevida premisa, que no explotara del todo los conflictos internos en algunos de sus personajes y que cayera en una predecible rutina.
Solo al final parece recuperar algo del aliento con el que empezó, con un epílogo en el que Malek por fin es capaz de transmitir algo de la lucha interna en su personaje. Es el momento en que el combate entre la ambición personal del psiquiatra y su sentido moral se enfrentan por fin abiertamente, y, además, en el que Vanderbilt pasa de la obvia denuncia a la advertencia: el nazismo sigue y seguirá vivo, y no le harán falta llamativos uniformes para hacerse notar. La lectura presente del mensaje es evidente, y desde luego no hay en él sutileza alguna que pueda enriquecer cinematográficamente el diálogo… pero a estas alturas de la película, y nunca mejor dicho, no estamos ya para sutilezas y sí para decir las cosas bien claritas. Aunque puede que la advertencia haya llegado tarde. 6,5 redondeado a 7/10







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