Buenos días. ¡Vaaaamoooossss!
Tengo un dulce ángel negro,
tengo una chica de póster,
tengo un dulce ángel negro,
pegado a mi pared.
no es una estrella,
pero qué bien habla
y qué rápido se mueve.
Pero la chica está en peligro,
sí, está encadenada,
pero sigue luchando.
¿Te pondrías en su lugar?
Pasa el tiempo contando los minutos,
contando los días.
Es un dulce ángel negro,
no una dulce esclava negra.
No han sido los Stones tan asiduos a la canción de contenido político, social o ideológico, lo que ha sido llamado "canción protesta", como otros compañeros suyos de generación, pero cuando se pusieron a ello, lo hicieron a conciencia, dando en los años sesenta temas del calibre de Sympathy for the Devil, Street Fighting Man o Salt of the Earth (todas ellas en el mayestático álbum Beggar's Banquet, de 1968) o la inconmensurable Gimme Shelter (en Let it Bleed, 1969). De épocas posteriores a esa turbulenta década, aún harían alguna más, no de tanta calidad pero sí muy signifactiva, como Too Much Blood, de 1983, una denuncia de la violencia en los años ochenta; Highwire, de 1991, un ataque contra la primera Guerra del Golfo; o Sweet Neo Con, de 2001, una demoledora crítica del conservadurismo cristiano estadounidense.
Pero entre todas ellas, mejores o peores, pocas alcanzan la belleza de Sweet Black Angel, publicada en el disco Exile on Main St de 1972 y dedicada a la activista afroamericana Angela Davis, que en ese momento llevaba encarcelada un año por su supuesta participación en un secuestro que derivó en cuatro muertes, incluida la de un juez, en 1970... delito del que luego sería declarada inocente. John Lennon y Yoko Ono también le dedicarían una canción el mismo año, Angela, para el álbum de la Plastic Ono Band Sometime in New York City... un tema voluntarioso pero para mí, siendo generoso, flojito.
La canción de los Stones, por contra, es hermosísima, una balada folk de aires caribeños y coda bluesera, con Mick Jagger a la voz principal y armónica, Keith Richards a la guitarra acústica y armonías vocales, una segunda guitarra acústica que no está claro si es de Richards o de Mick Taylor, y percusión a cargo de posiblemente Charlie Watts a la caja de madera y el productor Jimmy Miller al güiro; si parece más claro que fue el percusionista Richard Washington quien tocó la marimba.
La letra es sencilla y directa, destacando la idea de Davies como injustamente encarcelada, comparando su situación con la de la esclavitud, alusiones a las víctimas de la lucha por los derechos civiles a través de la mención del poema "Diez negritos", y un llamamiento a su liberación. Posiblemente por lo coyuntural de la temática de la canción, esta es casi olvidada al hablar de los grandes temas de los Stones; de hecho, solo consta que el grupo la cantara en directo una vez, en una versión muy eléctrica y rockera solo disponible en bootlegs, en Texas en junio de 1972.
Y es una pena, porque, insisto, es una canción musicalmente preciosa, para nada desentonando en la joya sonora que es el Exile on Main St. Para mí sí que es uno de los grandes temas stonianos, vaya que sí.
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