Farmacia de Alonso Luengo, en León. Foto de Jordi Asturies.

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domingo, 8 de marzo de 2026

Una peli al día (2026-03-07): JU DOU: SEMILLA DE CRISANTEMO (Zhang Yimou y Yang Fengliang, 1990) 9/10

Ju Dou: Semilla de crisantemo” (Ju Dou, Zhang Yimou y Yang Fengliang, 1990) fue la primera película china nominada al Oscar a Mejor Película de Habla No Inglesa – el hoy llamado Oscar a Mejor Película Internacional –, también recibió nominación a la Palma de Oro en Cannes, y recibió el máximo galardón en festivales de prestigio como Valladolid y Chicago. No fue la película que abrió Occidente al cine chino, y tampoco es el éxito más masivo fuera de sus fronteras, pero sí que fue posiblemente la primera donde hubo pleno acuerdo de la industria, el público y la crítica acerca de sus méritos, y la que atrajo el definitivo interés mundial por su filmografía.

 

A pesar de su crédito directorial compartido, hay unanimidad en reconocer que es una obra sobre todo de Yimou, que la temática y realización visual de la misma está en las coordenadas de este cineasta, que continúa lo que ya apuntó en su primera película, “Sorgo rojo” y luego confirmaría plenamente en el primer lustro de los años noventa, un quinquenio inverosímil en que se reveló como un autor de estilística suntuosa, narración vibrante y temática comprometida.

 

“Ju Dou”, con su denuncia de un sociedad opresora anclada en una obsoleta tradición familiar rural, y también con su relato inmerso en un claustrofóbico entorno residencial en el que el rutilante color en ningún momento pretende ocultar la gris ruindad de ese mundo, supuso el primer peldaño de un estilo que Yimou llevaría a aún más altas cotas en obras posteriores. Y era difícil hacerlo, por esta peli ya puso el listón muy alto. Altísimo.

 

Ju Dou (Gong Li) es una joven que a comienzos del siglo XX, en un pueblo en una zona rural de China, es comprada como esposa por Yang Jinshan (Li Wei), dueño de una fábrica de teñido de telas, con el objetivo de tener un hijo que sea su heredero. Jinshan es un viejo tirano tacaño y violento que maltrata a sus esposas cuanto más tardan en quedar embarazadas. Esto es observado por Yang Tianqing (Li Baotian), su más gentil sobrino adoptivo y único trabajador en la fábrica. Tianqing y Ju Dou acaban enamorándose y pasado un tiempo esta queda embarazada de él, dando luz a un niño. En principio, por miedo a la reacción de su reaccionaria y tradicional familia y al rechazo del pueblo, deciden hacer pasar al niño como hijo de Jinshan. Pero ciertas circunstancias inesperadas darán un vuelco a la situación…

 

En principio, esta trama de amores ocultos condenados y celos tiene cierto aroma a historia de serie negra, y de hecho hay quien la compara a “El cartero siempre llama dos veces”. No se puede negar el parecido, pero en realidad es algo muy accesorio. Para empezar, la llegada del hijo, Yang Tianbai (Yi Zhang de niño, Zheng Ji’an como adolescente), complicará el relato aportando un tono aún más tétrico y fatalista. Y además no es esta parte de la historia la que más interesa al director.

 

Hay, por un lado, la mencionada descripción y denuncia del sistema tradicional chino de la familia, que pone el énfasis en una violencia física y psicológica que de él se deriva. Y por otro, en un giro de guion bastante sorprendente, se planteará un conflicto en el que los dominadores pueden pasar a ser los dominados, en una dinámica en la que tales roles se van intercambiando. También se planteará la importancia de los condicionantes hereditarios en el carácter de una persona, y la raíz de la maldad o la bondad, presentando la dicotomia de si son más determinantes los genéticos o los sociales.

 

El guion, pues, va más lejos de ese sencillo esqueleto de relato noir. Yimou lo presenta, además, en una narración palpitante, viva, pasando de un episodio a otro de forma sutil y nada abrupta, a base de suaves elipisis, y sin abusar de planos largos y siempre más insinuando que mostrando, como puede verse en el relato del progresivo enamoramiento de Ju Dou y Tianqing, o en la evolución del carácter del hijo, Tianbai.

 

Y por supuesto, hay que hablar de lo que visualmente ofrece el film. En las películas de Yimou, prácticamente nada de lo que se presenta ante nuestra mirada es ocioso, solo para adornar, o meramente descriptivo. La puesta en escena, que obviamente tiene un primer objetivo de epatar al espectador por su mera belleza, sin embargo está también rendida a la historia que se está contando.

 

Ya en una de las primeras imágenes de la película se nos muestra un plano general nocturno en picado de los tejados del pueblo, un amasijo de casas pegadas las unas a las otras que es un anticipo del tono claustrofóbico que va a tener el relato. La cámara se mueve hasta llegar a la fábrica de tinte, una vivienda con un amplio pato interior que sin embargo casi todo el espacio ocupado por los engranajes que mueven la máquina de teñir y por las cubetas en las que se sumergen las telas. No es solo que todo este aparataje dé un aspecto laberíntico a la casa, sino que además será esencial en el desarrollo de la historia. Lo de estructura laberíntica no es ocioso, y habrá a quien le recuerde la casa-palacio de la posterior “La linterna roja”. Y no andará desencaminado. Pero lo que en esta será un laberinto cuyos recodos y recovecos no ocultan fastuosidad y magnificencia, en Ju Dou es algo más ruín y cochambroso.

 


Y luego está el uso del color, que es visualmente lo que más nos va a pasmar visualmente hablando, no solo en las larguísimas tiras de tela recién teñidas, colgadas y secando, brillando con luz propia, sino también en la iluminación de interiores. Esta es la razón por la que el director recuperó el Tecnicolor, ya abandonado en la mayoría de las cinematografías mundiales en esa época, para conseguir ese brillo casi cegador que daba ese sistema. Los colores no solo dan un contraste estético espectacularmente perturbador con el tono sombrío de la fábrica y vivienda, sino que además tienen una simbología muy calculada. Los momentos de lujuria y muerte estarán dominados por el rojo, los de conocimiento por el amarillo, los de calma y pausa por el azul. Y habrá momentos de hermosa confusión en la que los tres colores se mezclen. Al final, no solo habremos quedado deslumbrados por la dramática historia contada, sino que seremos incapaces de disociarla de sus imágenes.

 


Con su denuncia de una opresiva sociedad tradicional, su descripción de una mujer que se rebela contra su destino, su gama de personajes que oscilan entre la gentileza y bondad y la más ruin maldad, su acabado visual en el que se enfrentan la negrura y el colorido más resplandeciente…”Ju Dou” es una película magnífica y magnética, una muestra palpable de lo que puede ofrecer el cine cuando guion e imágenes se combinan para contar y fortalecer una historia. Sencillamente espléndida. 9/10

 


 

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