Farmacia de Alonso Luengo, en León. Foto de Jordi Asturies.

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jueves, 5 de marzo de 2026

Más estrellas que en el firmamento (1): ELEANOR POWELL

   Este envío está fundamentalmente basado en el capítulo dedicado a Eleanor Powell en Basinger, Jeanine: The Movie Musical, Borzoi Books, 2019. Los extractos en cursiva son traducciones literales o adaptadas de textos en dicho capítulo. Los extractos en rotulación normal son datos extraídos de libros y páginas web de referencia u opinión o redacción personal. 

 Hubo muy pocas, si las hubo, bailarinas no cantantes capaces de llevar el peso de un musical. La excepción más espléndida fue Eleanor Powell, que durante un breve espacio de tiempo en la historia del cine (1935-1945) fue una estrella de musicales de gran éxito. Solo hizo trece películas, diez de ellas como protagonista, pero fue una artista con habilidades tan únicas que la Metro, su estudio, decidió crear vehículos para su exclusivo lucimiento. Era un desafío, porque para el Hollywood de la época resultaba difícil mover a una bailarina por los vericuetos de un guion. No está claro por qué, o quizá lo está demasiado, pero mientras que era aceptable que un hombre pudiera bailar en cualquier parte, se consideraba agresivo que una mujer andara bailando sola por la calle

Pero con Powell el estudio se las arregló para ponerla sobre el escenario en espectaculares números musicales y grandes finales al tiempo que para darle la oportunidad de bailar en otros lugares no tan sofisticados. Es cierto que la calidad de algunas de sus películas no estuvo a la altura de su inmenso talento, pero con filmes como "La melodía de Broadway 1936" (Roy del Ruth, 1935), "Nacida para la danza" (Roy del Ruth, 1936), "La melodía de Broadway 1938" (Roy del Ruth, 1937) y "La nueva melodía de Broadway" (Norman Taurog, 1940), en especial esta última, dejó para la historia del género películas con números esplendorosos...


 Porque donde quiera que bailara, no importa con qué excusa, y a pesar del breve lapso de su estrellato, Eleanor Powell fue una bailarina espectacular. Sus números de claqué eran de una potencia contundente. Podía bailar con fuerza y velocidad, girando en círculos y doblándose con una facilidad asombrosa. El ritmo de su baile de claqué es complejo y perfectamente sincopado. Cuando baila, todo se detiene para admirarla. Gira, salta, patea y resbala. Hace los espagats. Es acrobática. 

Tristemente, los extravagantes números de sus musicales acabarían inevitablemente pasando de moda. La ostentación y complicación de los decorados eran demasiado difíciles de integrar en una trama. Durante el primer lustro de la década de los cuarenta, sus filmes fueron cada vez peores por mucho que incluyeran números para su lucimiento. Dejó de tener el favor del público y su estrella se apagó tan rápido como había brillado. En 1944 hizo su última película. No pareció importarle. Se casó con Glenn Ford, tuvo un hijo y no tuvo mayor problema en hacer vida de familia. Con el paso del tiempo se involucró en actividades cristianas de caridad. Pasó a un cierto olvido del que brevemente la rescató Gene Kelly al incluir escenas de pelis de Eleanor en su segundo documental sobre el musical hollywoodiense, "Hollywood, Hollywood" (1976).


Mientras estuvo en pantalla, Powell fue orgulloso estandarte de un tipo de películas para el lucimiento de estrellas que nadie más que ella era capaz de hacer.  

 


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