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| Todas las fotos © Irusoin, Ikusgarri Films, Vilaüt Films y Gaua AIE |
Si fuera por su trama, y nada más, “Gaua” (Paul Urkijo Alijo, 2025) sería una convencional película de fantasía y terror, la historia de una venganza con el trasfondo de un enfrentamiento entre el Bien y el Mal, brujas, demonios, monstruos, mitología y un manido, pero no por ello menos necesario, mensaje de denuncia y llamada a la convivencia…
… pero estamos ante una película de Paul Urkijo, que lleva con este ya tres filmes en los que basándose en la mitología vasca está construyéndose una trayectoria de una excelencia visual y narrativa poco habitual en nuestra filmografía cuando se afronta el cine de género. No he visto aún su primer largometraje, “Errementari (El herrero del diablo)”, pero con la posterior, la más que estimable “Irati”, una fantasía medieval épica fascinante, y con esta “Gaua” ya me ha dado motivos más que suficientes motivos para tenerle como un director clave del género fantástico nacional.
En una aldea vasca en las montañas, en el siglo XVII, la joven Kattalin (Yune Nogueiras) escapa de la casa en la que convive junto a su maltratador marido Peio (Xabi Jabato) para perderse en un bosque en la oscuridad de la noche (“gaua” en euskera) desafiando a los espíritus que la habitan. En su huida se encuentra con tres ancianas, Graxiana (Elena Irureta), Reme (Iñake Irastorza) y Beltra (Ane Gabarain), que todas las noches se reúnen para lavar ropa en el río y contarse historias de miedo que tienen lugar en su entorno. Kattalin les escucha fascinada, pero poco a poco advierte que los relatos contados, que hablan de una mujer, Maritxu (Erkka Olaizola) aparentemente poseída por el diablo, un tiránico y fanático sacerdote, Mateo (Manex Fuchs), o una mujer acusada de brujería, Estertxi (Elena Uriz), le afectan más que lo que ella podía pensar…
La historia, como digo, es convencional en el sentido de que los personajes responden a estereotipos muy definidos, con claros villanos como Mateo y Peio, y claras víctimas como Kattalin, Maritxu o Estertxi. Esto hace que el argumento sea absolutamente predecible y apenas aporte sorpresas, ni siquiera cuando se transciende el entorno rural del pasado para introducir notas contemporáneas como el empoderamiento de la mujer o el lesbianismo, algo que otras películas sobre la brujería han tratado ya. Esta obviedad del mensaje no quita, repito, que sea necesario.
Lo que hace, pues, definitivamente fascinante a este film y le convierte en digno de verse es, en primer lugar, su estructura narrativa. Para empezar, parte de una idea típica de cuento de hadas, la de la víctima inocente huyendo de la maldad, y de los mitos sobre reuniones de contadores de historias, recogiendo la herencia de antecedentes literarios como el Decamerón o Los Cuentos de Canterbury, o de películas como “Rashomon” o, yendo a lo nuestro, la excelente e injustamente olvidada “El filandón”.
Sin embargo, Urkijo retuerce estas premisas. Por un lado, no hay tanta inocencia en la víctima Kattalin, y por otro, abandona la narración lineal y las convenciones de la estructura episódica derivada de los relatos contados, para conformar una historia que se superpone a los mismos, en la que, a modo de puzzle, dispersa sus piezas a lo largo de todo el metraje, correspondiéndonos a nosotros completar el rompecabezas. Al final, la película, que aparentemente contaba la historia de una joven huyendo de su miserable vida y siendo pasiva oyente de historias de terror, termina siendo una historia sobre el enfrentamiento entre el mundo pagano y el mundo cristiano, una venganza contra quienes cometen traición y la reivindicación de los mitos arcaicos y la figura de la mujer, con una idea muy clara que repiten los personajes a modo de leit-motiv: si nos tratáis como a brujas, eso es lo que seremos, brujas.
Y si por si esta fascinante estructura narrativa no fuera suficiente, luego está la realización visual. La puesta en escena es apabullantemente hermosa. Siendo un film mayormente nocturno y de terror, por un lado la fotografía de Gorka Gómez hace que los elementos narrativos brillen en la oscuridad; por otro, no se busca el susto fácil del género y más bien prefiere la sutileza de la tensión y lo grotesco de las situaciones. El manejo de una cámara subjetiva cercana a los personajes o a ras de suelo crea una angustia e incertidumbre mucho más efectiva que cualquier golpe de efecto. Se le podría reprochar que abandone esa deliciosa sutileza en la escena del aquelarre, un auténtico despliegue de vida y muerte, locura y raciocinio, que roza lo grotesco cual si de un mural de la goyesca quinta del sordo se tratase… pero cuando llega ese momento ya estamos tan involucrados en el relato que no nos queda más remedio que aceptarlo.
Los efectos especiales son más que correctos, a ratos espléndidos, plenamente integrados en lo que el relato necesita y no al revés, y el diseño de criaturas es excelente, destacando tanto las que en principio son más insinuadas que mostradas, como el señor de los espíritus de la noche como las que acaban siendo claramente expuestas, como los demonios o el señor del aquelarre.
No es “Gaua” una gran peli por culpa de la superficialidad de sus personajes, pero sí que es muy buena por su estilo visual y sinuosa narrativa, una muestra de que contamos con el talento para hacer cine de género fantástico de gran calidad. Urkijo está en el camino de ello, tras dos películas en las que ha puesto de manifiesto su capacidad de aunar mitos, terror, fantasía y épica. En lo que a mí respecta, esperaré el próximo paso que dará tras este muy digno film. 7/10




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