Farmacia de Alonso Luengo, en León. Foto de Jordi Asturies.

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viernes, 27 de febrero de 2026

Una peli al día (2026-02-26): LA CRUZ DE HIERRO (Sam Peckinpah, 1977) 6/10

© StudioCanal
Se puede, y se debe, decir cosas buenas de “La cruz de hierro” (Cross of Iron, Sam Peckinpah, 1977). Se puede mencionar su retrato de la absoluta deshumanización y crueldad de la guerra, retrato aún más profundo desde el momento en que se nos ofrece desde el punto de vista de los tradicionales villanos del género, el ejército nazi. Se puede mencionar el cinismo típicamente peckinpahiano y la ridiculización del concepto de honor simbolizado por la condecoración que da título al film. Se puede hablar del menosprecio a la violencia destructiva y asesina mediante el uso del efecto contrario, la muestra de la misma en toda su gloria y gore. Y se puede hablar de gran parte de sus personajes, involucrados en el conflicto a su pesar, o, tras el entusiasmo inicial, absolutamente decepcionados y horrorizados.

 

Pero también, me temo, se debe hablar de la confusa narrativa derivada de su naturaleza episódica y de sus escenas de batallas caóticamente expuestas y buscando más un efecto cara a la galería que aportar algo al relato. Se debe decir que, si se pretende que sintamos empatía por estos soldados abandonados y sin futuro, no se desarrolla lo suficiente su carácter como para que nos preocupemos por ellos. Y finalmente, que no solo Peckinpah había puesto ya sobre el tapiz esas ideas contra la violencia en otras películas, y mucho más eficientemente, sino que, lo peor de todo, este film ya ha dicho todo lo que tenía que decir a mitad de metraje, con lo que en su segunda parte se hace largo y repetitivo, a ratos rozando lo insoportable.

 

Rolf Steiner (James Coburn) es un veterano y desengañado cabo, luego sargento, del ejército nazi luchando en el frente de Rusia entre el Cáucaso y Crimea, cuando reciben la orden de retirada. Al llegar junto a su escuadrón al bunker que les sirve de cuartel general, el coronel Brandt (James Mason), otro desengañado militar y escéptico sobre el concepto de honor por méritos de guerra, le informa que van a quedar bajo las órdenes del capitán Stransky (Maximilian Schell), aristócrata de origen prusiano cuyo único objetivo es conseguir a toda costa la Cruz de Hierro al valor en combate. Empieza entonces una huida ante la ofensiva rusa, en la que Steiner y sus hombres estarán tan ocupados en intentar sobrevivir como en enfrentarse a las maquinaciones de Stransky…

 

© StudioCanal

Peckinpah juega con las ideas de pacifismo y crítica al concepto de honor en la guerra, al mismo tiempo que ofrece los rasgos típicos del género bélico, el heroísmo en la batalla o el compañerismo entre los soldados, y no estoy seguro de que el juego de manos le salga bien del todo. Como he dicho, la estructura episódica del film es confusa, al cambiar de un evento a otro a veces demasiado rápido. Las escenas de batallas se olvidan de describir con mínimo realismo el combate, y se centran más en reflejar lo cruento del mismo, con el uso de la cámara lenta o la congelación de imagen, marcas de la casa en su director, pero que aquí se me antojan más adorno que útiles.

 

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Y sí, a mitad de película llega un intervalo en un hospital que rompe la poca fluidez que le quedaba al film y que encima aporta un absolutamente innecesario apunte romántico, para con posterioridad retomar el hilo central… y volver a contarnos básicamente lo mismo que había contado en la primera parte de la trama. Debo admitir que en esta segunda mitad llegué a aburrirme bastante, salvo en el episodio con las mujeres soldado soviéticas, que a pesar de seguir incidiendo en el manido tema de la brutalidad en la guerra, está excelentemente expuesto y aporta un punto de vista diferente dentro de la peli.

 

© StudioCanal

Recogiendo más buenos momentos de los que hay muy dispersos por la película, tendríamos la historia del niño soldado, que no por estereotípica deja de ser emotiva. También estaría el ambiente claustrofóbico que Peckinpah consigue imprimir en las escenas, haciendo a sus personajes aún más prisioneros de su destino, y no solo en el obvio escenario del bunker, sino también en espacios abiertos, en contraposición a la narración caótica de las batallas. En este sentido, el trabajo del director de fotografía John Coquillon con una paleta de colores amarronados es ciertamente brillante.

 

De todos los personajes, el único que está suficientemente desarrollado es el protagonista sargento Steiner interpretado por James Coburn, y por ello es el ancla al que nos asimos. Y aunque no deje de ser

© StudioCanal
otro estereotipo, el actor cumple sobradamente con su papel. Ojalá pudiera decir lo mismo de los demás… Los miembros del escuadron de Steiner son solo retratados a pinceladas, y salvo en la excelente escena del combate final, ni me dicen nada ni siento nada en particular por ellos. Más grave, casi rozando lo indignante, me parece el caricaturesco capitán Stransky de Maximilian Schell, supuestamente el villano más villano del film y que en realidad cae en lo bufo, en una visión cómica que no sé si es un fallo o es deliberada… y en realidad no me importa, porque sea como sea no me gusta. En cuanto a los personajes de James Mason y su lugarteniente David Warner (sí, sale David Warner), aunque su presencia siempre es bienvenida y agradecida, tengo la impresión de que solo están para apuntalar el mensaje del film con uno de sus más famosos diálogos “¿Qué haremos cuando
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perdamos esta guerra?” “Prepararnos para la siguiente”
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Como digo en el párrafo anterior, la película se pone al nivel de lo que yo esperaría de un film de Peckinpah en el combate final, donde sí que están todos los elementos en su sitio, sí que hay una mínima caracterización y sí que deja un buen sabor de boca, incluso por encima de su incomprensible epílogo… En suma, es “La cruz de hierro” una película que reúne pocos, pero los suficientes, elementos para que merezca un visionado. Pero sintiéndolo mucho, no me parece un gran film. Y me habría gustado mucho que lo fuera. 5,5 redondeado a 6/10.

 


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