Farmacia de Alonso Luengo, en León. Foto de Jordi Asturies.

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sábado, 21 de febrero de 2026

Una peli al día (2026-02-20): NOCHE EN LA CIUDAD (Jules Dassin, 1950)

 Mismo © que resto de las fotos 

El cine negro, ese noir bautizado por la crítica francesa, que posiblemente entendió mejor y amó más el género que los propios estadounidenses, está lleno de películas desoladoras, pesimistas, con personajes abocados a un destino funesto, da igual que por sus propios deméritos o que por la mala fortuna. Pues bien, pocas hay que respondan tan profundamente a estas características como “Noche en la ciudad” (Night and the City, Jules Dassin, 1950).

 

Ambientada en la misma postguerra europea plena de incertidumbres y miedo acerca del futuro que “El tercer hombre”, mostrando los mismos entresijos y rincones ocultos de la ciudad aún en reconstrucción, la película de Dassin no deja títere con cabeza en cuanto a mostrar personajes traicioneros, codiciosos y crueles encerrados en un ambiente urbano hostil que les ahoga y les priva de esperanza. Y todo ello en la noche londinense, retratada con una belleza difícil de superar.

 

Algo a lo que no es ajeno el propio cineasta, ya que es fácil ver en ese buscavidas que interpreta Richard Widmark, con ansia de prosperar y triunfar pero siempre a la carrera, siempre huyendo y finalmente acorralado, un trasunto suyo, obligado a rodar esta película norteamericana en el Reino Unido para no ser convocado por el Comité de Actividades Antiestadounidenses por su pasado comunista, con el peligro de acabar en la lista negra… algo que a la postre fue inevitable, lo cual le impidió, a su vuelta, el participar en el montaje final del film, no pudiendo volver a trabajar en el cine en su propio país y acabando por ir al exilio a Francia, donde, no sin dificultades, pudo volver a retomar su carrera. Con “Rififí”, nada más y nada menos. Pero tuvieron que pasar cinco años desde el estreno de la peli que me ocupa hoy.

 

Night and the City © 20th Century Studios/Walt Disney Studios Motion Pictures. 

Harry Fabian (Richard Widmark) es un timador norteamericano de poca monta en Londres, viviendo a salto de mata entre negocios que nunca le salen bien, su relación en crisis con su pareja, Mary (Gene Tierney), dependiendo de los pequeños trabajos que le pueda dar el dueño de un club nocturno Phil Nosseross (Francis L. Sullivan) y tratando de alejarse de los manejos de la esposa de este, Helen (Googie Withers). Pero un día parece que la suerte de Harry cambia y que sus sueños de llegar a ser alguien pueden cumplirse, cuando ve la oportunidad de convertirse en un promotor de peleas de lucha grecorromana. Sin embargo, necesita dinero para contratar a los luchadores más prestigiosos y establecerse, y solo lo conseguirá de los poco fiables Nosseross y en unas condiciones muy particulares. Para complicar las cosas, se encontrará con la oposición de otro promotor de peleas, Kristo (Herbert Lom), que aparte de la rivalidad en el negocio, tiene otros motivos para enfrentarse a Harry. Poco a poco la situación se irá enrevesando…

 

 Mismo © que resto de las fotos 
Como he dicho al principio, es difícil ver otra película donde una ciudad luzca tan hermosa, y a la vez tan amenazadora, como luce Londres en este film. Dassin mueve su cámara por las calles, edificios abandonados, fábricas, clubs nocturnos, en largos travellings que evocan el cine documental y el neorrealismo italiano. El personaje interpretado por Widmark se mueve nervioso, casi siempre corriendo (de hecho así empieza la peli y así la termina), en un entorno urbano en un acentuado claroscuro perfectamente retratado por el director de fotografía Max Greene. Por su parte, el director alterna los planos largos descriptivos con los planos cortos que muestran la angustia de los personajes, empleando complejas angulaciones y buscando con frecuencia el encuadre de las figuras en ventanas, arcos, puertas… cualquier elemento arquitectónico que pueda incidir en la idea de unos personas aprisionadas en la ciudad.

 

Night and the City © 20th Century Studios/Walt Disney Studios Motion Pictures. 

No hay apenas espacio para la luz diurna, salvo en el desenlace, y aún así cuando dicha luz llega no es precisamente como efecto liberador de la opresión de la casi hora y media anterior de metraje.Todo ello para destacar la vida de unos personajes en su mayor parte (la excepción sería Mary y el vecino de esta interpretado por Hugh Marlowe) ruines y taimados, atrapados por su propia codicia y que cuando en algún momento de breve humanidad intenten escapar a ella les será harto difícil, por no decir imposible. No se aprecia redención posible para ellos, y de hecho a alguno no parece preocuparle lo más mínimo.

 

 Mismo © que resto de las fotos 
Y tenemos a Harry como protagonista absoluto, y por ello el ancla emocional al que como espectadores podemos, incluso debemos, agarrarnos. Pero es ciertamente difícil. Aunque podamos sentir cierta simpatía por este perdedor al que todo le sale mal y en algún momento podamos llegar a desear que el destino le dé un respiro, lo cierto es que es una persona falta de escrúpulos, capaz de la mayor villanía incluso con quienes le quieren y tremendamente engreído. Widmark borda su interpretación de este perdedor que parece merecer su condición de tal, y que sin embargo no entiende por qué todo se vuelve contra él. Quizá esté en esta falta de comprensión la única razón para que sintamos cierta empatía por él.

 

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Widmark domina tanto la pantalla que el resto del reparto queda a años luz de él, y no porque hagan un mal trabajo, sino porque acaban pasando bastante desapercibidos. Sin embargo, no se debe dejar de hacer justicia a Googie Withers en su papel de esposa que no se para en barras a la hora de independizarse de su marido, o a Herbert Lom como taimado promotor de peleas. Gene Tierney como sufrida novia de Harry cumple bien, pero es una pena que su personaje no esté más desarrollado, algo que se puede decir también del de Hugh Marlowe.

 

“Noche en la ciudad” es una extraordinaria película, uno de los mejores momentos del cine negro, con Richard Widmark y la ciudad de Londres como auténticas estrellas del film, un relato de perdedores sin esperanza encerrados en una noche tan eterna como la oscuridad de sus destinos. Será todo lo desoladora que sea, y al final de su visionado nos quedaremos con el alma inquieta, pero… qué diablos, es una peli que hay que ver. 9/10.

 


 

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