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| Images © Sony Pictures Entertainment / Conan Doyle Estate |
La peli surge del interés particular del productor estadounidense Herman Cohen y el británico Tony Tenser, hasta ese momento especialistas el primero en series B destinadas al público juvenil como “Yo fui un Frankenstein adolescente”, y el segundo en dramas de fuerte contenido sexual, cuando no directamente proto-eróticos. Ambos se mantendrían en esos tipos de películas hasta el final de su carrera a mediados de los setenta, aunque hay que destacar que Tenser coproduciría “Repulsión” y “Callejón sin salida” de Polanski. Cohen habría conocido en Inglaterra a un representante legal de la familia de Conan Doyle, mostrando aquel su interés por el proyecto, y consiguiendo la aprobación del hijo de Sir Arthur, Adrian, para que, a través de la productora Sir Nigel Films, propiedad de los herederos, y con la distribución en Estados Unidos por Columbia Pictures, la peli saliera adelante.Cohen quería que la película se llamara “Fog”, pero al parecer Tenser impuso el título final, como tributo a la primera novela sobre Holmes. En principio encargaron el guion a Donald y Derek Ford, guionistas con los que Tenser había trabajado antes y a los que además se atribuye la idea de que la historia fuera sobre Holmes y el Destripador. Su guion no gustó a Cohen, que encargó una reescritura a H.A.L. (o Harry) Craig, otro guionista, que era del agrado de Adrian Conan Doyle, cuya aportación, con todo, no consta en los créditos (como tampoco consta su trabajo en “Barry Lyndon” y “La última carga”, siendo las películas por las que más se le recuerda “Aeropuerto 77” y sus colaboraciones con Sergei Bondarchuk — “Waterloo” — o con Moustapha Akkad — “Mahoma, el mensajero de Dios” y “El león del desierto”). Tras el estreno, la peli sería novelizada por nada más y nada menos que por el dúo de escritores que firmaban con el nombre de su detective, Ellery Queen. No he leído la novela, pero al parecer introduce cambios en la estructura, con un prólogo y epílogo contemporáneos en los que Queen lee el manuscrito de Watson con la historia y hace sus propias deducciones al respecto, y una parte central escrita por el autor Paul W. Fairman (no acreditado) que sigue el guion del film.
Después del sangriento asesinato de una prostituta en el East End de Londres, Sherlock Holmes (John Neville) y Watson (Donald Houston) comentan el caso y deciden ir a la zona a investigar. Poco después, tras un nuevo crimen, reciben en su domicilio un paquete anónimo procedente de Whitechapel con un juego de herramientas quirúrgicas al que le falta un escalpelo que pronto deducen puede ser el arma de los crímenes. Un escudo de armas en la caja les lleva a contactar con el Duque de Shires (Barry Jones), un aristócrata que ha repudiado a su hijo mayor, Michael, por su sueño de ser médico rechazando su herencia. El hermano de Michael, Edward (John Fraser) les comunica que aquel fue a estudiar a París, pero que abandonó sus estudios, volvió a Inglaterra y desapareció. Holmes y Watson continúan sus investigaciones en Whitechapel, lo cual les pone en contacto con el Inspector Lestrade (Frank Finlay) de Scotland Yard, el doctor Murray (Anthony Quayle), un cirujano de la policía que además dirige una clínica de beneficencia en el barrio, y su ayudante, Sally (Judi Dench), y Max Steiner (Peter Carsten), el arisco dueño de un popular pub. La serie de asesinatos sigue, y la situación se vuelve tan insostenible que el Primer Ministro encarga al funcionario del gobierno Mycroft Holmes (Robert Morley) que presione a su hermano a resolver el caso del Destripador…
No tiene este “Estudio de terror” la profundidad temática ni la pericia técnica y artística de su prestigiosa sucesora, “Asesinato por decreto”… y ni falta que le hace. Elude toda la transcendencia, en parte innecesaria y rimbombante, de esta última y se limita a ser un producto muy, pero muy entretenido. Y qué quieren que les diga, uno lo prefiere así. Al servicio de una historia plenamente holmesiana se pone el director James Hill, uno de esos cineastas que sostienen la industria a base de no especialmente memorables pero sí dignos productos de género, tanto en cine como en televisión (dirigió episodios de series tan queridas como El Santo, Los vengadores y Los persuasores), y sus pelis más destacadas serían la que nos ocupa hoy y, sobre todo, la siguiente, “Nacida libre”.
Hill cuenta la trama sin complicarse la vida, en una sencilla estructura lineal que no le da para lucirse pero si para hacer la historia completamente asequible, que es de lo que se trata, aparte de manejar bastante bien la tensión en las escenas más violentas y de acción. Quizá abuse algo del punto de vista subjetivo en la narración de los crímenes (vistos siempre tras los ojos del Destripador), pero también es cierto que le permite alguna escena espléndida, como la del asesinato que tiene lugar con la víctima sumergida en un abrevadero, que da pie a unas impactantes imágenes en las que se juega con el contraste entre la sangre y el agua…
Aquí está otra curiosa característica del film: para una historia que iba a llamarse en principio “Niebla” y que se centra en el estereotipadamente neblinoso distrito de Whitechapel, la fotografía es bastante nítida e intensa. No quiere esto decir que todo ocurra a plena luz y que no se juegue con los claroscuros, o que no exista esa niebla… pero sí que hay un empeño en que las cosas se vean lo más claro posible, y que la tonalidad predominantemente de rojos y dorados en vestuario, decorados y, por supuesto, la sangre, permitan imágenes tan subyugantes como perturbadoras. Mérito hay que dar, pues, al director de fotografía Desmond Dickinson por sacar adelante esta dialéctica. Y hay que extender las alabanzas a un brillante diseño de producción que refleja, aunque quizá de forma demasiado tópica, el ambiente de la época, en escenarios creados completamente en estudio que sin embargo muestran con efectividad tanto los interiores de las casas o los pubs como los supuestos exteriores de las calles del East End.
A este respecto, se dice que toda película sobre Holmes, más allá del grado con que se ciña a la ambientación victoriana de los relatos originales, es hija de su tiempo. Y cuando se empieza a desarrollar “Estudio de terror” estamos en pleno auge de las películas de terror de la Hammer y en un momento en el que la censura va perdiendo predominancia. Esto se ve claramente en la peli, con un elemento erótico suave a nuestros ojos pero provocador en su momento, y una descripción de los crímenes que, sin llegar a los extremos de lo que llamamos gore, no escatima truculencia. La película recibió la máxima calificación censora por su contenido (X, mayores de dieciséis años — ojo, nada que ver con la calificación porno de años posteriores), y eso tras sufrir algunos cortes. Así, acierta quien dice que esta película bien podría haber sido hecha por la Hammer (que curiosamente había producido años antes “El perro de los Baskerville”, pero posiblemente por fidelidad al canon holmesiano, sin la truculencia o insinuación sexual típica de la productora).
Como ya he dicho, la historia es tremendamente sencilla y esta filmada de manera muy sencilla. Ahí pueden quizá plantearse los mayores reproches al film, en el hecho de que renuncia a profundidad temática o de caracterización, haciéndose posiblemente demasiado simplona y predecible, más ocupada del impacto visual que del argumental. Pero como también he dicho, no era el objetivo de la película buscar transcendencia, mensaje crítico, veracidad histórica o complejidad, sino ofrecer un producto que resultara entretenido y atractivo para el público. Solo con el paso del tiempo, con todo, ha conseguido su objetivo, siendo más apreciada ahora que cuando fue estrenada.
Otro de los reproches que se le hizo es que el Holmes interpretado por John Neville, aún siendo muy cercano y fiel al canon, tendía demasiado a ser un héroe de acción, más inclinado a la pelea que al arte deductivo. Por un lado, para mí esta es una evolución lógica de la trama del film, y por otro lado, evitando fanatismos, Conan Doyle describió a su detective como experto luchador en varios estilos; otra cosa es que no abunden las descripciones de peleas o luchas en las historias del canon… pero alguna hay.
Este es un problema menor, pues… pero está relacionado con un problema mayor. Si antes recordaba ese postulado de que las películas de Holmes son reflejo del tiempo en el que fueron hechas, los productores debieron entenderlo demasiado bien, y permitieron que al distribuir la peli en los Estados Unidos la publicidad comparara la peli a la contemporánea y exitosa serie televisiva de Batman, lo cual a la postre fue ridículo, sobre todo teniendo en cuenta el póster del film (que puede verse al comienzo de esta reseña). Para colmo, quizá esa publicidad funcionó en contra de la peli, porque está claro que aún presentando a un Holmes más cercano al héroe de acción, poco, por no decir nada, tiene que ver con la serie en cuestión, con lo cual las expectativas de los espectadores no se cumplían. Irónicamente, en su origen en tebeo, Batman estaba fuertemente influenciado por Sherlock Holmes… pero eso es otra historia.
Sea como sea, John Neville hace un excelente papel, muy fiel al Holmes original y dotándole de una personalidad sarcástica que se agradece. Es una pena que por compromisos profesionales el prestigioso actor teatral no pudiera retomar el papel, que se le ofreció, sustituyendo a Douglas Wilmer en la serie de la BBC… aunque ello nos diera nada menos que a un más que correcto Peter Cushing. Neville se acabaría centrando en su carrera en el teatro, aunque en cine haría un excelente papel protagonista en “Las aventuras del Barón Münchausen” de Terry Gilliam. El resto del reparto cumple bien. El Watson de Donald Houston es entrañable y tiene muy buena química con el Holmes de Neville, aunque lo malo es que, aunque por suerte se renuncia a lo bufonesco de otras encarnaciones, sea usado como poco más que alivio cómico. Clásicos del cine inglés como Anthony Quayle y Frank Finlay son siempre agradables de ver, y esta peli no es una excepción. Como curiosidad, ambos aparecerían en “Asesinato por decreto”, con Finlay incluso repitiendo el personaje de Lestrade. Y es una sorpresa también agradable ver a la gran Judi Dench en uno de sus primeros papeles en cine.
En resumen, “Estudio de terror” es una película sino excelente, al menos notable, un producto muy entretenido y razonablemente bien hecho, aunque no tome excesivos riesgos ni presente profundidad temática o de caracterización. Su sucesora en el subgénero ficcional “Holmes contra el Destripador”, “Asesinato por decreto” sí tomó más riesgos y presentó más complejidad y una pretendida transcendencia… pero uno disfruta más con esta aparentemente más trivial y simplona aproximación al mito holmesiano. Y digo “aparentemente” porque el que algo sea entretenido no debería ser nunca ni “trivial” ni “simplón”. 7/10











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