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David Foster, antiguo publicista de estrellas como Steve McQueen, había debutado en 1971 como productor de “Los vividores”, de Robert Altman. Había comprado los derechos de la novela noir violenta (hardboiled) de Jim Thompson y se la propuso a McQueen. En principio le ofrecieron el proyecto a Peter Bodganovich, pero este, que en principio estuvo interesado, acabó haciendo “¿Qué me pasa, doctor?”, y entonces inmediatamente pensaron en Sam Peckinpah, con quien acababa de hacer “El rey del rodeo”, como director. Este aceptó sin pensarlo mucho, ya que había intentado llevar la novela al cine ocho años antes.
Por tanto para Peckinpah “La huida”fue un encargo… pero con mucha implicación emocional. Alguien me comentó una vez que es una película de Peckinpah que en ocasiones no parece suya. No estoy del todo de acuerdo. Es un film del productor Foster y la estrella McQueen (que, de hecho, se reservó el derecho del montaje final)… pero dirigido por Peckinpah. No es que se pueda decir del todo ese tópico de que “hizo suya la película”, porque si el proyecto hubiera sido del todo suyo la habría hecho de otra manera, pero… sin duda lleva su sello.El recluso “Doc” McCoy consigue, tras serle denegada varias veces, la libertad condicional después de que su esposa Carol (Ali MacGraw) llegue a un trato con Jack Beynon (Ben Johnson), un empresario miembro de la comisión que otorga ese perdón. Ahora bien, el trato consiste en que Doc organice un atraco a un banco. Junto con Carol y dos cómplices más, Rudy Butler (Al Lettieri) y Frank Jackson (Bo Hopkins), el atraco tiene lugar pero no sale tan perfectamente como se esperaba, y cuando se reúnen para repartir el botín, se suceden una serie de traiciones que terminan con Doc y Carol huyendo con el dinero y perseguidos por la policía, por Rudy y por la banda de Banyon…
Uno de los reproches que se le hacen a “La huida” es que es un convencional, por muy correctamente hecho que esté, thriller de acción que sigue la estela de “Harry el sucio”. Y la verdad es que es cierto que la historia sí es convencional, la de un grupo de perdedores que se enfrentan a las consecuencias de un robo que no sale bien, unos en fuga y otros en persecución. Es también verdad que el guion de Walter Hill elimina los elementos más noir de la novela original, así como el surrealista y metafórico final, y prescinde de toda profundización en los personajes reduciéndolos a estereotipos para centrarse en la acción pura y dura.
Pero no puedo admitir que el film sea convencional. Y eso es gracias a Peckinpah, que acomete el encargo con algo más que profesionalidad y, ya que no puede aportar nada en cuanto a temática, se empeña en impregnar cada secuencia y cada plano de su arte como director. A falta de una explicación mejor, diría que no es el amo de la película, pero que indudablemente la película es “hija” suya.
Por ejemplo, el film empieza con un montaje fascinante con saltos en el tiempo de escenas de la vida de Doc en la cárcel hasta que se recupera la linealidad narrativa con la llegada de Carol para recogerle… pero esta introducción termina con esa poesía que Peckinpah daba a sus filmes más violentos, con la pareja bañándose feliz en el estanque de un parque, en otra secuencia de montaje entrecortado. Un inicio que sorprende, teniendo en cuenta la historia más rutinaria que va a seguir.
Y con lo rutinaria que es, como he dicho, Bloody Sam la hace a su estilo. La tensión de las escenas de la preparación del atraco y el robo propiamente dicha son absolutamente “peckinpahianas”. Como igualmente lo es la cadencia in crescendo tras el robo, en una sucesión de enfrentamientos, tiroteos, persecuciones en coche, explosiones rodadas con esa violenta extravagancia típica de su trayectoria.
Un problema que le encuentro es que, al ser una historia sin demasiado contenido y con personajes bastante huecos y estereotipados, toda esa violencia tan barrocamente narrada acaba resultándome en algún momento demasiado repetitiva y sin sentido. No hay en este caso la violencia que es una lógica consecuencia de las complejas motivaciones y personalidades de los protagonistas de los westerns más celebrados de Peckinpah. Aquí le han dado un guion precocinado con personajes esquemáticos, y poco más le queda al cineasta por hacer con él.
Excepción a este esquematismo, y, aquí sí, un acierto del guion de Hill, son aquellos momentos en los que la película se centra en la relación de Doc y Carol. Sí que hay en la descripción de esa relación un intento de ir un poco más lejos. No solo nos interesa saber si la pareja va a salirse con la suya y escapar indemne, también queremos saber cómo va a quedar el vínculo entre ambos. Hay escenas en las que no discuten solo los pormenores de la huida, sino también el estado de su relación, con, sobre todo, una Carol empeñada en dejar bien claras sus expectativas. No nos equivoquemos, no es una peli feminista, tiene toda la misoginia y machismo típicos de los filmes de la época (y hay una escena al comienzo de la fuga que lo deja muy claro, por no hablar de la relación de Rudy con una rehén que toma, que me parece lo más deleznable de la trama), pero al menos, el dar una voz potente a Carol permite que en su situación sentimental con Doc se instale un mínimo conflicto en cierta igualdad de condiciones.
Por lo demás, la película resulta muy entretenida, con la excepción de esos momentos en los que se puede advertir demasiado esa violencia sin un fundamento lo suficientemente fuerte. Hay alguna escena que cruje demasiado argumentalmente hablando, pero en contraposición está ese sentido narrativo del director. Y está la pareja protagonista, claro. McQueen y MacGraw muestran una química que como es sabido se extendió fuera de la pantalla en una relación tan apasionada y tóxica como la la pareja que interpretan. Pero Ali está a la altura de lo que exige su personaje, al que hace fuerte y convincente. En cuanto a McQueen, es la indudable estrella, emblema de lo cool, irónico, sarcástico, romántico y despiadado sin mover un músculo de más, sin apenas cambiar su expresión, derrochando ese carisma magnético que le convirtió en icono. No es para nada una de sus mejores actuaciones, pero el personaje de Doc no exigía demasiados esfuerzos.
“La huida” no merece para mí la condición de mito que tiene, más allá, como expresé al principio, y no deja de ser una película de contenido convencional y envoltorio brillante. Pero lo bueno que hay en ella le basta para ser una más que digna película, combinando elementos del noir que la precede y anticipando el thriller que vendrá después, muy entretenida y un buen reflejo del cine de su época. Y con Bloody Sam y The King of Cool. Que no es poco. 7/10










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