Farmacia de Alonso Luengo, en León. Foto de Jordi Asturies.

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miércoles, 15 de abril de 2026

Una peli al día (2026-04-14): A.I. INTELIGENCIA ARTIFICIAL (Steven Spielberg, 2001) 8/10

All the images in the post © Warner Bros Pictures and DreamWorks Pictures
 No sabría decir si “A.I. Inteligencia Artificial” (A.I. Artificial Intelligence, Steven Spielberg, 2001) es una película mayormente vilipendiada por público y crítica, pero sí que me atrevo a decir que es una de las películas más incomprendidas e infravaloradas ya no solo de su celebrado director, sino también, de todo el cine estrenado en el siglo XXI. Por algunos problemas de ritmo no la considero una obra maestra (aunque sí podría afirmar que la primera mitad está entre lo mejor de Spielberg y lo mejor de este siglo), pero en conjunto es un film excelente tanto a nivel técnico como temático, mucho mejor que lo que la mayoría de la gente opina de él.

Entre las controversias en las que “A.I.” anda envuelta, entre ellas el ser acusada de un supuesto exagerado sentimentalismo, la mayor es el debate, casi el juego, sobre cuánto hay de Spielberg en el film y cuánto hay de su inspirador Stanley Kubrick. Los dos cineastas se conocieron en 1979 en Inglaterra, cuando Steven empezaba la preproducción de “En busca del arca perdida” en los estudios londinenses en los que Stanley estaba rodando “El resplandor”. De ese encuentro surgió una amistad más basada en comunicación a distancia, por teléfono y cartas, que presencial. En 1985 Kubrick le pidió consejo sobre un proyecto que estaba desarrollando, un film sobre los avances de la inteligencia artificial, con una sociedad futura en la que habría robots al servicio de las necesidades humanas. El director neoyorquino llevaba en ese proyecto desde 1982, habiendo comprado los derechos del relato corto de Brain Aldiss “Los superjuguetes duran todo el verano”. 


Kubrick quería darle un tono de cuento de hadas a la historia de Aldiss, mezclando esa sociedad futura de robots sirvientes con la de Pinocho, haciendo que uno de esos robots fuera capaz de tener sentimientos y en principio ignorara su condición cibernética, deseando, al descubrirla, convertirse en un ser humano. Esta aproximación no gustó a Aldiss, que acabó desvinculándose (o, según otras versiones, siendo expulsado) del proyecto. Stanley acabó encargando el tratamiento cinematográfico (screen story) previo al guion al escritor de ciencia-ficción Ian Watson, incorporándose otras aportaciones de autores como Arthur C. Clarke o, especialmente, Sara Maitland, que incidiría en el componente feminista y de cuento de hadas, y el concepto artístico del ilustrador Chris Baker, que aportó abundantes dibujos sobre la historia.

La realización del proyecto se dilató en el tiempo por motivos variados, desde otros proyectos que interfirieron o las dudas de Kubrick sobre quién debía interpretar al androide David o sobre si la tecnología de los efectos especiales estaba a la altura. En 1994, por fin, Stanley le dijo claramente a Spielberg que fuera él quien dirigiera la película bajo su producción, considerando que el tono de cuento de hadas de la película estaba más cerca de la sensibilidad de Steven… Aún así, el proyecto solo fructificó tras la muerte de Kubrick en 1999.

Más allá de la controversia sobre la “paternidad” de la película, la trama es ante todo una reflexión sobre lo que nos hace seres humanos. En un mundo futuro cercano, devastado por el cambio climático, se han desarrollado robots como ayudantes y compañeros del ser humano. Una compañía cibernética crea un androide en la forma de un niño al que llaman David (Haley Joel Osmont) y que puede desarrollar sentimientos por los humanos; le envían a vivir con un matrimonio, Monica (Frances O’Connor) y Henry Swinton (Sam Robards), cuyo hijo está en animación suspendida por una grave enfermedad. Tras un rechazo inicial, Monica acaba apreciando al androide (o meca, de ser mecánico) como hijo, y este le corresponde. Pero el hijo real de los Swinton, Martin, se recupera de su enfermedad y vuelve a casa. La relación entre los dos niños no es fluida, Martin (y sus amigos) desprecian a David por su condición de meca, y este siente celos del cariño que Monica siente por aquel. Tras una serie de incidentes, David es abandonado por Monica en un bosque, con la sola compañía de su oso de peluche Teddy, en realidad otro meca. David, a quien Monica había leído el cuento Pinocho, cree que si se transforma en un humano real recuperará el amor de esta, y emprende una búsqueda del Hada Azul para expresarle este deseo. En su peripecia conocerá a otro robot, Gigolo Joe (Jude Law), un androide programado para el sexo, que acabará ayudándole. La búsqueda les llevará por los rincones más oscuros de ese nuevo mundo… 

Dicho esto, sobre el contencioso de marras, hay que decir que la película es claramente de Spielberg… pero sobre una idea original de Kubrick. Así de sencillo. El estilo de Steven rezuma en cada plano y en cada escena. La colocación de la cámara siempre al nivel del personaje protagonista, en este caso el niño robot, con lo que abundan los planos bajos, es netamente spielbergiana. Las composiciones del plano, con la casi artística situación de los personajes, también. La nítida y luminosa fotografía del colaborador habitual de Spielberg desde 1993, Janusz Kaminski, acentúa el sentido de la maravilla de cuento de hadas que Kubrick quería para la historia.


Sobre la acusación de que Spielberg inyecta sentimentalismo a la historia… las escenas familiares o el desenenlace… ésta ya estaban en el desarrollo original que Ian Watson hizo de las ideas de Kubrick. Con esta injusta fama de un Spielberg “edulcorado”, los detractores del film siempre dicen que las partes más inocentes del mismo son cosa de este, mientras que las más crueles, como las secuencias en la Feria de la Carne, o críticas, como las de Rouge City, serían más de Kubrick. Pero resulta que tanto el propio Spielberg como, sobre todo, Ian Watson, dejan bien claro que esa primera parte y desenlace sentimental estaban cien por cien en la screen story de este, y que en general el guion de Spielberg sigue fielmente el texto del escritor. Steven llegó a decir que la incómodamente cruel secuencia de la Feria de la Carne era absolutamente suya… una exageración, porque Kubrick sí la había planteado, pero como dice Watson, aquel le había pedido que la eliminara de su tratamiento de guion, y lo que hizo Spielberg fue recuperarla.


Lo que si está claro, repito, es que la película es de Steven. Kubrick la habría rodado, sin duda, de otra forma. Como ya he dicho, el estilo de aquel impregna todo el film de una calidez (más que sentimentalismo) y un sentido de la maravilla que que Stanley no habría querido, o sabido, darle. Es más, pese a las apariencias, ya sea por la inspiración original de Kubrick o su propia decisión, Spielberg raramente ha sido tan cinematográficamente cruel como en “A.I.” Aunque ya había exhibido escenas de fuerte contenido dramático en pelis como “E.T.” o “El color púrpura”, por no hablar de las obviamente crueles por su temática “La lista de Schindler” o “Salvar al soldado Ryan”, siempre había mostrado un hálito de esperanza. Esta no existe en “A.I.”: las escenas de la Feria de la Carne o Rouge City muestran una falta de confianza en la humanidad como muy raramente hay en su filmografía, y el desenlace, ese final “edulcorado” que tanto se le reprocha injustamente, es en realidad triste y casi angustioso. Esta visión desesperanzada y este final triste fueron más que posiblemente las causas principales de que el film no fuera tan exitoso como era habitual en Spielberg.


Si algo hay que reprocharle en una película por otro lado para mí espléndida, es un ritmo en ocasiones demasiado lento derivado de una sobreexposición de las  tomas largas tan típicas de su cine, en un empeño de explicarlo todo, en dejar las cosas muy claras y darle al espectador al menos el confort de no tener que elucubrar sobre el contenido de la trama. Algo de lo que Kubrick, por cierto, no era demasiado amigo, prefiriendo más bien dejar algún punto oscuro o no narrado para que el espectador pensara y reflexionara al respecto. 

El reparto de la película cumple correctamente con su papel, en especial aquellos personajes que aluden al cuento de Pinocho. Tanto el “Gepetto” que representa el Doctor Hobby (William Hurt), como Jude Law en su papel de Gigolo Joe, trasunto del Polilla del cuento de Collodi (y el film de Disney, de paso) cumplen sobradamente como el contrapunto paternal de ese Pinocho que es David, un Haley Joel Osment extraordinario, en para mi su mejor papel, dotado de una combinación de malicia e inocencia ciertamente fascinante. El Pepito Grillo de la historia sería el mecha/oso de peluche Teddy, al que da adecuada voz Jack Angel. Y hablando de voces, cabría destacar la presencia de las de Ben Kingsley como el narrador, Meryl Streep como el Hada Azul y Robin Williams como el Dr. Know.


No es “A.I.” la obra maestra que pudo haber sido esencialmente por ese ritmo demasiado lento y explicativo que a veces la lastra, pero eso no quita que sea una gran película, con algunos de los mejores momentos de la filmografía de Spielberg, y que merece una reivindicación que compense la incomprensión con la que fue recibida en su momento, siendo además un excelente tributo a la visión original de Kubrick. Que por cierto, tenía razón. Esta era una película que solo su amigo podía dirigir… 8/10

 


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