Farmacia de Alonso Luengo, en León. Foto de Jordi Asturies.

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jueves, 9 de abril de 2026

Una peli al día (2026-04-08): EL MÁS ALLÁ (Masaki Kobayashi, 1964) 9/10

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 “El más allá” (Kwaidan, Masaki Kobayashi, 1964) es una película hermosísima, subyugante, inmersiva y tremendamente adictiva, uno de esas raros filmes en episodios que una vez terminado su visionado vemos como un todo conjunto y no como una mera suma de historias diferentes sin apenas relación entre ellas. Es una película de fantasmas, que no de terror: Kobayashi odiaba que se adscribiera su peli a este género, y tenía toda la razón. Porque más allá de que aporte la tensión y angustia propias del mismo, no es su objetivo emocionar a base de sustos y horrores. Estamos ante un film que tiene más la atmósfera de la fantasía pura y el cuento de hadas, donde se nos presenta mundo real en el que lo sobrenatural está plenamente integrado y asumido y está lejos de ser un intruso.

Es el primer film en color del director japonés, y también el primero en el que no hay alusiones críticas al presente. Tardó un año en terminarlo y precisó de un alto presupuesto porque quería tener tal control sobre el aspecto visual, que al no conseguirlo mediante la filmación en exteriores, acabó por rodarlo en inmensos decorados. Su intención de presentar un mundo de ensueño queda reforzada con una fotografía, a cargo de Yoshio Miyajima, con un variado colorido pero muy matizado y en ocasiones hasta deliberadamente tenue y borroso. La disonante y viva música de Toru Takemitsu contribuye también a destacar esta convivencia del mundo real y el sobrenatural. Y lo que más confirma que quedamos abducidos por la película es que su larguísimo metraje, tres horas, y su pausado ritmo nunca se nos hace cansino… y que a su fin quedamos quietos, reflexionando sobre la maravilla que hemos visto y se nos ha contado.

La película adapta cuatro cuentos del escritor irlandés-japonés Lafcadio Hearn (también conocido como Yakumo Koizumi). El primero, Pelo negro, narra la historia de un samurai que abandona a su esposa de baja extracción social para prosperar mediante el matrimonio con una princesa, descubriendo que la vida entre la aristocracia es falsa y sin estímulo; acabará regresando muchos años después con su primera esposa, que no ha cambiado nada en todos estos años… 

La segunda historia,  La mujer en la nieve, cuenta como dos leñadores, uno ya viejo y el otro poco más que un adolescente, se pierden en una tormenta de nieve y se refugian en una cabaña abandonada donde se encuentran con un espíritu fantasmal, una mujer que absorbe la vida del anciano pero, conmovida por la juventud del otro, le perdona la vida con la condición de que le prometa no contar nunca a nadie lo que ha pasado, ni siquiera a su familia; con el paso del tiempo el leñador superviviente acabará siguiendo con su vida y su trabajo, enamorándose y casándose y teniendo hijos, y siempre manteniendo su promesa… 

En la tercera historia, Hoichi el desorejado, un joven ciego que trabaja en un monasterio budista, y que es un músico hábil con el laud japonés llamado biwa, es convocado cada noche por los espíritus de los guerreros muertos en una antigua batalla naval para que les cante una canción que cuenta justamente la historia de dicha batalla. Finalmente, la última historia, En una taza de té, un servidor de un noble descubre horrorizado como, en un descanso de un viaje que están haciendo, cada vez que intenta beber una taza de té ve reflejado en el líquido la imagen de un hombre a quien en principio no reconoce… 


Son aparentemente cuatro relatos muy diferentes, pero como ya he dicho, la impresión final es de que conforman un todo orgánico. Para empezar, está el tratamiento de lo fantástico como un ensoñamiento plenamente integrado en la realidad que como un elemento disruptor. Luego estaría el tratamiento visual con un colorido tenue que contribuye a ese ambiente de ensoñación y el ritmo pausado con el que poco a poco se va integrando al espectador en el relato. Y temáticamente, todos los espíritus supuestamente antagonistas de los humanos comparten sentimientos de desarraigo, de no haber completado en vida su cometido, de necesitar cerrar asuntos sin terminar y pasar página.


Visualmente el film es sencillamente esplendoroso. Kobayashi, junto a sus directores de fotografía (Yoshio Mijayima), de diseño de producción (Shigemasa Toda) y de decorados (Dai Arakawa), consigue reproducir en interiores los entornos tanto natural como habitables que necesita, y hace que se integren perfectamente en la historia. Esto es observable sobremanera en las dos historias donde la naturaleza es más protagonista, La mujer en la nieve y Hoichi, donde el fondo del decorado es usado a modo de un diorama fantasmal, y nunca mejor dicho, que acentúa el elemento fantástico del film. Los cielos de un azul frío que enmarcan aquella, con girones de nubes que parecen, que son en realidad, ojos que observan lo narrado… y nos observan a nosotros, los espectadores, incidiendo en la angustia que impregna el relato… o los tonos rojizos de la historia del músico ciego, con llamas flotando en el aire a modo de espíritus sin rumbo que contribuyen a la ansiedad que nos produce ignorar si el joven Hoichi saldrá del círculo vicioso de tener que cantar una y otra vez la canción que le exigen los fantasmales guerreros… 


La primera historia, Pelo negro, es la que más cercana está a los estereotipos del género de terror, la que más usa el susto como elemento motivador del espectador, con el cabello que le da título como metáfora del espíritu sin descanso que busca venganza… y sin embargo lo importante en ella no es ese “susto” típico del género, sino cómo se va construyendo la historia que lleva a él. En cuanto a la última historia, En una taza de té, la más corta, poco más de veinte minutos, es sin embargo la más densa y compleja argumentalmente, planteando una reflexión sobre el lenguaje metaliterario, y metacinematográfico, sobre la necesidad de que las historias tengan final o no lo tengan, invitando al lector/espectador a que, en este último caso, sugiera su propio desenlace y/o se pregunte por qué una historia no ha sido acabada. Es esta historia, junto a La mujer en la nieve, la que más juega con la sorpresa al plantear un giro de guión desconcertante que invita a la reflexión… 

No es “El más allá” una peli que yo recomendaría a los amantes del género de terror más típico, el que busca emocionar a base de sustos. Aunque un poquito de esto hay en este film de Kobayashi, es más una película que cabría adscribir a la fantasía pura, donde relatos de fantasmas son contados más al estilo de un cuento de hadas, y donde la diferente temática de las historias narradas invita más a reflexiones de índole filosófica y humanista que a la crítica social o ideológica que el autor japonés plantea en el resto de su filmografía. Aquí todo está preparado para que, visual y temáticamente, nos dejamos atrapar por un mundo de ensueño en el que lo sobrenatural y lo real conviven e interactúan. Y si caemos en la trampa, al final habrá merecido la pena. Una maravilla de película. 9/10


 

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