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| All images © Man From Earth, LLC and Falling Sky Entertainment |
“El hombre de la Tierra” (Jerome Bixby’s The Man From Earth,
Richard Schenkman, 2007) es otra de esas películas de culto, en este
caso forjado contra viento y marea, basado en un boca a boca de fans
admirado por la sencillez de su propuesta, un film de ciencia-ficción
sin efectos especiales ni diseño de producción apabullante en el que la
fuerza de la historia reside en una narración estrictamente dialogada y
las reflexiones filosóficas, sociales y religiosas a las que lleva, el
uso de un solo escenario, el trabajo convincente de su reparto y una
simple y efectiva labor directorial que consigue que el minimalismo no
resulte monótono ni aburrido.
La trama, escrita por el
prestigioso autor y guionista especializado en ciencia-ficción Jerome
Bixby, tiene el enorme mérito de que ni la sencillez de su planteamiento
ni lo absurdo de su punto de partida caigan en el ridículo al
obligarnos como espectadores a participar de las especulaciones y
sentimientos que producen las revelaciones planteadas por el
protagonista. Es un film que tarde o temprano acaba fascinando por su
poder de evocación y su énfasis en la fuerza que conlleva contar una
historia…
John Oldman (David Lee Smith), un profesor universitario de arqueología, está terminando de vaciar su casa y llenar el maletero de su coche para mudarse y empezar una nueva vida cuando es sorprendido por la llegada de unos amigos y colegas que quieren darle una fiesta de despedida. Estos son Sandy (Annika Peterson), una historiadora enamorada de él, Art (William Katt), otro arqueólogo que viene con su último ligue, Linda (Alexis Thorpe), una alumna de ambos, Dan (Tony Todd), un antropólogo, Harry (John Billingsley), un biólogo, Will (Richard Riehle), un psicólogo, y Edith (Ellen Crawford), una historiadora del arte de profundas convicciones cristianas. Preguntado por los motivos de su marcha, Oldman dice que es algo que suele hacer cada diez años, cuando la gente de su entorno advierte que apenas ha envejecido… y ante el estupor de todos, afirma ser un hombre del paleolítico, de más de catorce mil años de edad. Esto provoca diferentes reacciones de los personajes acordes con su carácter, creencias y formación cultural y profesional, no sabiendo si tomárselo en serio, pensar que su amigo les está usando como parte de un relato fantasioso que está escribiendo, o tener que reconocer que ha perdido la razón. La noche irá avanzando entre debates filosóficos, científicos y religiosos y supuestos secretos revelados hasta que llegue el momento de plantearse cuánto hay de verdad y cuánto de invención en la historia de John Oldman…
Como
ya se ha apuntado por ahí arriba, estamos ante un film con una premisa
muy sencilla, que transciende su formulación teatral de una reunión de
amigos hablando y deriva a la fantasía o ciencia-ficción basándose
rigurosamente en lo que se dice y no en lo que se muestra, y en el que
la absurda y sorprendente declaración del protagonista sobre sus
supuestos orígenes no cae en el ridículo porque el guion nos manipula
para involucrarnos en los debates y revelaciones que van a seguir. La
película da mucho que pensar, evidentemente, con sus teorías sobre el
ser humano, la mortalidad, la ciencia y la religión, y otro de los
méritos del guion es que nunca se pierde en formulaciones teóricas
difíciles de entender y la discusión siempre se mantiene muy pie a
tierra.
Justamente desde el punto de vista cinematográfico es donde menos interés tiene la película. Richard Schenkman, responsable de algunas películas olvidables en su filmografía, rueda el guion sin hacer alardes técnicos o visuales, limitándose a situar o mover la cámara ante sus personajes, con el mérito, eso sí, de saber alternar planos para dar cierto ritmo a lo que de otra manera habría resultado un desarrollo monótono y aburrido, una serie cansina de parlamentos, réplicas y contrarréplicas. Pero por suerte no es así, y el film transcurre con una fluidez que nos acaba enganchando, algo que habrá que agradecer a su director.
Y también habrá que agradecerlo a un reparto que cumple sobradamente con su trabajo, con una interpretación muy naturalista y comedida que les hace absolutamente creíbles y accesibles, algo a lo que también ayuda que sea un grupo de actores y actrices sin estrellas de fuste, por mucho que alguna de ellas tenga su culto por haber aparecido en alguna popular serie televisiva o película de género, como John Bilingsley (Star Trek Enterprise), Tony Todd (algún episodio de Star Trek Espacio Profundo Nueve, o las sagas cinematográficas de Candyman o Destino final), Ellen Crawford (Urgencias) o William Katt (El gran héroe americano).
En
resumen, “El hombre de la Tierra”, sin ser una película de las que
dejarán huella profunda en la Historia del Cine, sí que resulta un film
muy interesante, digno de verse por la sencillez con la que plantea su
premisa de ciencia-ficción y las consideraciones filosóficas que derivan
de su temática. Si la ven, no habrán perdido el tiempo, me parece a mí.
7/10






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