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| All images © Warner Bros |
Primero, por la dudosa comercialidad del muy serio tema, con un público renuente a acudir a las salas de cine a otra cosa que no fuera evadirse; segundo, por interferir con la política de los Estados Unidos, que abogaba por la absoluta neutralidad ante el conflicto que se avecinaba en Europa; y tercero, por desafiar al Código Hays, nada amigo de contenidos en las películas que pudieran considerar “subversivos”: la película del año anterior “Bloqueo”, dirigida por William Dieterle y protagonizada por Henry Fonda y Madeleine Carroll, una historia de amor entre dos personas de bandos opuestos durante una guerra civil en un exótico y lejano país, tuvo que eliminar toda referencia a la Guerra Civil Española, a la que claramente se refería, para sortear dicho Código… y aún así fue denunciada como propaganda marxista por grupos ultraconservadores y vetada en algunas ciudades.
Similares problemas pasó “Confesiones…” con un guion de John Wesley basado en los artículos en el New York Post de un ex-miembro del FBI, Leon G. Tourrou, sobre su investigación de una red de espionaje que pasó información militar secreta estadounidense a la Alemania nazi. El guion tuvo varias reescrituras obligadas por la Oficina encargada de aplicar el Código, que exigía que fuera respetuoso con la cultura e historia de “otras naciones”… lo cual no impidió que tuviera solo un ligero éxito (que al menos sirvió para cubrir gastos y una pequeña ganancia), que la crítica fuera en general entusiasta con el osado tono propagandístico pero no tanto con los méritos cinematográficos del film, y, lo que es peor, que en algunos cines sufrieran boicots y acciones violentas por parte de grupos alemanes simpatizantes de los nazis, que los Warner recibieran cartas amenazantes, o que fuera prohibida en países simpatizantes del nazismo, empezando obviamente por Alemania y pasando a Japón, Holanda, Suecia y buena parte de Europa y, trágicamente, exhibidores polacos del film serían ahorcados en sus propios cines tras la invasión nazi.
Ante todo esto, la PCA (Administración del Código de Producción) acabaría negando la aprobación a películas anti-nazis, un veto que, aunque se suavizaría durante 1940 con el desarrollo de la Guerra, solo se levantaría definitivamente tras el ataque japonés a Pearl Harbour a fines de 1941 y la entrada de los Estados Unidos en el conflicto. El veto fue aceptado por la mayor parte de Hollywood… excepto la Warner, que siguió haciendo films con fuerte contenido propagandístico anti-nazi, y que, para superar la oposición de la PCA, aparte de plegarse a algunas de las indicaciones del Código, llegó a usar recursos como disfrazar alegóricamente la denuncia, algo que hizo en la película de piratas “El halcón del mar”, en la que el rey de España Felipe II es mostrado sin ambages como un trasunto de Hitler, y su enfrentamiento con Isabel I de Inglaterra evoca la oposición británica a aquel y los bombardeos nazis durante el blitz…
En principio, la trama de “Confesiones…” no parece ser fundamento para todo este revuelo mediático, social y político. Kurt Schneider (Francis Lederer), un alemán residente en Estados Unidos, antiguo obrero en paro, asiste a una reunión de un asociación germano-estadounidense simpatizante del nazismo, la German American Bund, en la que el doctor Karl Kassel (Paul Lukas), un carismático orador, advierte a los asistentes de los defectos de la democracia, animando a la audiencia a enfrentarse a ella como lo está haciendo Hitler en Europa. Schneider, que tiene amistades o contactos en el ejército y la industria militar estadounidense, decide ofrecerse a la Alemania nazi como espía y pasarles información de alto secreto. Su oferta es aceptada por agentes de la Gestapo y el encargado del espionaje alemán, el teniente Shlager (George Sanders), que han venido a Estados Unidos para formar la red de espionaje y valorar las actividades del Bund. Sin embargo, las acciones de Schneider, Schlager y Kassel acaban provocando las sospechas del FBI, que encarga a su agente Edward Renard (Edward G. Robinson) que comience una investigación…
Desde el punto de vista argumental, se ve que el film no deja de ser un thriller procedural, filmado además como si de una película de gangsters o un antecedente del noir se tratase. Se comete un crimen, los autores cometen errores, las fuerzas de la ley sospechan y acaban investigando y se termina con un juicio. Poco para escandalizar a los nazis y sus cómplices. Sin embargo, no es en la narración sino en los detalles descriptivos donde estalla la denuncia en toda su crudeza.
La película tiene un narrador omnisciente (presentado como una ominosa silueta al inicio) que hará comentarios que no permitirán que olvidemos el mensaje en ella. Las reuniones del Bund, o los campamentos que organizan, presentan toda la parafernalia nazi (vestuario, desfiles, estandartes) y el fanatismo de sus miembros, que les lleva incluso a pelearse con aquellos asistentes que cuestionen sus objetivos. Se nos describe el aparato propagandístico quintacolumnista con agudos picados y contrapicados con lanzamiento de panfletos. El viaje de Kassel a Alemania se aprovecha para describirnos en toda su crudeza el régimen nazi. En el barco en el que llegan Schlager y su novia Hilda (Dorothy Tree) se nos describe el ambiente de delación de todo opositor al nazismo (Hilda, que trabaja en el salón de belleza del barco, informa sobre sus clientas, y llega a delatar a una que ha declarado su oposición al régimen… una señora de apellido claramente judío, pero de la que no se mencionará su origen… cosas del Código). Las conversaciones de Schneider con su esposa o amigos reflejan claramente el atractivo que tiene el nazismo para la gente desposeída. El miedo de los simpatizantes cuando tienen que informar a sus superiores nazis, y no digamos defenderse de acusaciones de traición, es una clara denuncia del ambiente tóxico y opresivo del régimen. Todo vale para el efecto propagandístico buscado: imágenes de noticiarios o incluso de “El triunfo de la voluntad” de Leni Riefenstahl son usados tal cual, o con efectos visuales kaleidoscópicos, o de fundidos, superposición de imágenes, o división de la pantalla, dando al film un tono si no plenamente de documental, sí de docudrama.
De este modo, la trama del espionaje y la investigación policial queda diluida en el mensaje, que se convierte en lo esencial de la película. Esto es lo que hace que, por mucho que podamos admirar la “necesidad” de su denuncia tanto en ese momento como ahora, desde el punto de vista cinematográfico resulta un film mucho menos interesante que otros que plantearon un tono propagandístico similar, pero en los que sus responsables sabían que el mensaje de denuncia era mucho más accesible si se apoyaba en una trama de ficción potente. Pienso, por ejemplo, en “Tormenta mortal”, de Frank Borzage, donde el equilibrio entre mensaje y trama era mucho mayor, más allá de la calidad de momentos de dicha trama. En “Confesiones…”, sin embargo, hay un desequilibrio evidente entre ambos elementos, contribuyendo a empeorar la percepción de la peli.
De ahí que al final el reparto sea un elemento accesorio, por bueno que sea y por mucho que se implicara en la película. Todo él tenía en común su oposición al nazismo, y bastantes actores y actrices de origen alemán, en el exilio, aparecen en los créditos con el nombre cambiado para evitar que sus familias aún residentes en Alemania sufrieran represalias. Entre los componentes más famosos del reparto, Paul Lukas y, sobre todo, Edward G. Robinson también se opusieron al régimen nazi y eso se nota en su trabajo, que es excelente, sobre todo el de aquel, que crea un nazi fanático pero sin caer en la parodia, mostrándole en todo su peligro, y al mismo tiempo falible y temeroso. En cuanto a Robinson, a pesar de encabezar el cartel, aparece cuando el film está en poco menos de la mitad de su metraje, pero tiene tiempo de desarrollar un convincente agente del FBI… aunque al final abuse del tono discursivo que el mensaje de la película exige.
En definitiva, “Confesiones de un espía nazi” es una película transcendental en la historia del cine en su vertiente propagandística, una película desgraciadamente necesaria tanto en su momento como ahora por su denuncia, y lo suficientemente entretenida para merecer un visionado al menos… pero al mismo tiempo sacrifica tanto su trama al mensaje que queda en una mezcla irregular de ficción y documental con un tono activista que en ocasiones llega a ser demasiado intrusivo. Pero eran unos tiempos que exigían urgencia y capacidad de convicción, y quizá esto lo justifique. Le doy un 6 por calidad cinematográfica y se lo subo a 7/10 por su importancia histórica y por su mensaje.











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