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| Toutes images dans cet post © Succession Marcel Pagnol |
Marcel Pagnol es admirado como un escritor (novelista y dramaturgo) y cineasta cuyas historias en cualquier medio estaban fuertemente basadas en unos textos de talante muy humanista pero a la vez muy realista, lo cual le permitía moverse con plena libertad entre las visiones de los diferentes temas que trató. La película que me ocupa hoy tiene un guion muy dialogado, con pocas escenas descriptivas y una realización basada esencialmente en primeros planos fijos de los personajes hablando, algo que da a veces a la peli un tono bastante mecánico y poco variado… pero el poder de los textos es tal que acabamos soslayándolo. De hecho, esta versión de 1940 fue novelada por el propio Pagnol al año siguiente, algo que al parecer el autor solía hacer con la mayoría de sus films,En la Provenza francesa, en 1939, el pocero Pascal Amoretti (Raimu), un viudo con seis hijas, de mediana edad, pie a tierra y tradicional, descansa del trabajo con su ayudante Félipe Rambert (Fernandel), un torpe, idealista, pero simpático y bromista joven. Este le pide permiso para cortejar a la hija mayor, Patricia (Josette Day), que acaba de cumplir los dieciocho años; sin embargo, esta ve a Félipe cono un amigo, pero nada más. Camino de su casa Patricia se encuentra con Jacques (Georges Grey), un piloto del ejército, hijo de los ricos del pueblo, dueños de la única tienda, el matrimonio Mazel (Fernand Charpin y Line Noro). Jacques intenta flirtear con Patricia, y en principio esta le rechaza, aunque, atraída por la simpatía, descaro y atractivo del joven, acabará accediendo a ir con él a casa de este, y a que luego él la acompañe a la suya, acrecentándose el romance entre ambos. Sin embargo, al día siguiente Jacques es convocado urgentemente a incorporarse a filas ante la invasión nazi, al igual que Félipe, y marcha sin poderse despedir de Patricia. Es entonces cuando la vida de la chica y su familia y allegados cambia radicalmente…Pagnol juega en dos dobles filos: uno, el de presentar una sociedad rural opresora y agobiante, con padres decidiendo con quien tienen que casarse sus hijas, prometidos pidiendo la mano de estas a aquellos, repudiando a las mujeres que se rebelan contra las convenciones, matrimonios donde el marido toma las decisiones, comunidades donde el rico del pueblo dicta las normas… y sin embargo, es un mundo que retrata casi de forma idílica, pastoril, con cada cual aceptando lo que el destino le ha asignado. Incluso cuando se desencadene el conflicto y este mundo sea cuestionado, que ciertamente lo es, hay una idea de que tras la crisis hay que volver al status quo anterior… aunque obviamente ya no será exactamente igual.
La guerra, siempre en el trasfondo, es la que pone en marcha dicho conflicto, con la llamada a filas, los sucesos que ocurren en el frente que llegan al pueblecito solo por referencias y mensajes, hasta una de las más famosas escenas de la película, en la que en la tienda de los Mazel un grupo de habitantes del pueblo escuchan consternados por la radio el discurso de rendición del Mariscal Petain… La influencia de la guerra fue palpable, de hecho, durante el rodaje del film: al comienzo d este, el equipo técnico y artístico podían oír el ruido de los cañones y los aviones, y de hecho, tuvo que ser interrumpido, retomándose tras el armisticio, con un cambio en el reparto y teniendo Fernandel, que había sido movilizado, que pedir un permiso para poder participar en él.
Pero mientras la guerra ocurre al fondo, asistimos a cómo se desarrolla la vida en esa sociedad rural, y como las circunstancias que se desarrollan nos muestran con una naturalidad subyugante a esta gente sencilla, que se enfrenta al día a día con resignación pero con sinceridad y sencillez, haciendo que todos cada uno de los personajes calen profundamente en el espectador. Habrá largos parlamentos y diálogos en los que intentarán explicar sus razones, buscar alternativas (siempre dentro de lo que el sistema les permite)… Veremos sus alegrías cuando las cosas les van bien y su tristeza cuando se vuelvan las tornas y maldigan a ese sistema que les hace ser como son y actuar como actúan… pero muy raramente poniéndolo en cuestión.
El otro doble filo sobre el que se mueve Pagnol es el de la crítica y la descripción, la comedia y el drama. Aparentemente el autor no cuestiona el sistema de la sociedad rural al presentarlo sin más, pero… sabe usar la comedia ponerlo en solfa. Las discusiones entre Amoretti y Félipe sobre las mujeres, o entre aquel y los Mazel sobre el papel de estos en el pueblo, o la hilarante discusión de estos mismos sobre a qué abuelos “pertenecen” los niños, no atacan el sistema ni proponen la rebelión contra el mismo, pero sí que lo muestran en toda su ridiculez. Esta doble vertiente, la conformista y la satírica, explica que la película satisfaga a casi toda tendencia ideológica o política: por ejemplo, fue un éxito cuando se estrenó en la Francia de Petain, y lo volvió a ser al año siguiente cuando se estrenó en la Francia ocupada.
El dúo cómico Raimu-Fernandel lleva el peso de la película, y sus intercambios forman parte de los mejores diálogos de la misma. Pero ambos excelentes actores no aportan a sus personajes solo comicidad, sino también una buena dosis de sentido común en los momentos más dramáticos de la trama. El resto del reparto está más que correcto, destacando, en un breve pero demoledor papel, Milly Mathis como Nathalie, la rebelde y por ello repudiada hermana de Amoretti; y por supuesto, una Josette Day que, tras su relación y colaboración con Pagnol, sería una especie de musa de Jean Cocteau consagrándose como la coprotagonista de la versión de este de “La Bella y la Bestia”.
Es “Tempestad de almas”, más allá de cierto mecanicismo que vendría de un aparente abuso de primeros planos, una película absolutamente vital y optimista en tiempos oscuros, una suerte de reportaje costumbrista sobre una sociedad rural anclada en una tradición que acepta resignadamente, pero que al mismo tiempo, vía la comicidad que impregna el drama, se critica en profundidad. Es un film cuyos bellos y profundos diálogos y textos destilan una filosofía de la vida basada en el uso del sentido común para arrostrar las dificultades, posiblemente el mensaje que Francia, y el mundo, necesitaba en esos momentos. Quizás incluso en estos tiempos, habida cuenta del exitoso remake que tuvo en 2011, dirigido y protagonizado por Daniel Auteil. Es la obra de Pagnol una pequeña gran joya de película. 7,5 redondeado a 8/10.








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