Buenos días. ¡Vaaaamoooossss!
Cuando salió, primero solo en Japón y luego en el resto del mundo, el doble álbum que recogía dos de los conciertos de Bob Dylan en el Budokan de Tokio entre finales de febrero y comienzos de marzo de 1978, casi toda la crítica y gran parte de los fans lo atacaron inmisericordemente porque, según ellos, las versiones de los clásicos dylanianos en él presentes eran vestidos de un innecesario ornamento, quedándose en reflejos muy suavizados de los originales....
... y sin embargo...
... sin embargo, para mí, y no fui el único, fue mi puerta de entrada a Dylan cuando compré ese "At Budokan" en el verano de 1979. Quitando algún tema que sí que me pareció muy malo, disfruté por primera vez de la inclasificable voz del cantante y de sus literarias letras. Solo a partir de ahí me animé a ir hacia atrás y descubrir su carrera. Sin At Budokan nunca habría escuchado, y acabado puesto en el lugar de honor que se merecen, álbumes como Bringing It All Back Home, Nashville Skyline o Blood on the Tracks, que fueron mis siguientes incursiones en la discografía de Dylan... y tras ellos vino el cielo del resto.
Hoy creo que sí, que la mayoría de los temas de At Budokan están mejor en sus versiones originales o en otras versiones en directo... pero no puedo dejar de admitir que gracias a este álbum japonés descubría al bueno de Bob.
Y aún hoy no puedo evitar emocionarme al escuchar el riff con el que empieza la versión budokaniana de Mr. Tambourine Man, que escuché mucho antes de que descubriera y me emocionara con su versión original en el Bringing...
Aunque sé que ese imperio vespertino se ha convertido en polvo,
desmenuzado entre mis manos,
abandonado para resistir ciego, pero aún no dormido,
mi cansancio me asombra, tengo los pies fatigados,
no me queda nadie a quien conocer
y la antigua calle vacía esta demasiado muerta para soñar...
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