Farmacia de Alonso Luengo, en León. Foto de Jordi Asturies.

¿QUÉ PUEDES ENCONTRAR EN LA BOTICA?

domingo, 12 de abril de 2026

Una peli al día (2026-04-11): EL ÚLTIMO VALLE (James Clavell, 1971) 7/10

All images in the post © ABC Pictures 
El último valle” (The Last Valley, James Clavell, 1971) es una curiosa película amalgama de temáticas y géneros variados (aventuras, histórica, bélica, filosofía y religión) que, dentro de su irregularidad, esconde una trama muy interesante y resulta, a la larga, digna de verse. Reúne además una serie de singularidades que la hacen especial. Para empezar, es la última película dirigida por James Clavell, guionista de películas de tanto fuste como “La mosca” o “La gran evasión”, por ejemplo, que luego como director hizo “Rebelión en las aulas”, y que más tarde llegó al éxito como escritor de best-sellers del calibre de “Shogun”, que a su vez ha conocido dos exitosas adaptaciones televisivas. Fue también la última película rodada en el otrora popular sistema panorámico Todd-AO 70mm (solo recuperado para un documental veinte años después). Finalmente, es uno de los pocos films sobre la Guerra de los Treinta Años, el conflicto religioso que asoló Europa, en especial la Europa central, en el siglo XVII.

Clavell adaptó la novela de igual título escrita por J.B. Pick, que exigió un alto presupuesto para cubrir, entre otras cosas, el rodaje en escenarios naturales en el Tirol. Es, por tanto, una película básicamente de exteriores, bellamente fotografiados por John Wilcox. Aunque fue un relativo éxito de público en el Reino Unido, fracasó en el resto del mundo y no llegó a cubrir gastos, y al parecer fue además mal recibida por ciertos sectores religiosos por considerarla blasfema. Lo que sí es muy cierto es que Michael Caine mostró en su autobiografía su decepción por la mala recepción de la película entre el público y la crítica, siendo un trabajo del que estaba particularmente orgulloso.

En un momento indeterminado de la Guerra de los Treinta años, un maestro llamado Vogel (Omar Sharif) huye de la devastación del campo de batalla, los saqueos de las poblaciones y la peste para llegar inesperadamente a un pueblo en un idílico y fértil valle cuya situación aislada entre montañas lo ha mantenido por ahora ajeno a los desastres de la guerra. Pero poco después que él llega un grupo de mercenarios que le había estado persiguiendo, encabezados por un militar a quien se refieren como “El Capitán” (Michael Caine). La intención de este es en principio ejecutar a Vogel y saquear el pueblo, pero el antiguo maestro le convence de las ventajas de pasar el invierno en el protegido valle, conviviendo con los lugareños… algo a lo que El Capitán al final accede, renunciando al saqueo y el pillaje pero poniendo como condición que el y su tropa sean mantenidos por la población, algo a lo que en principio se opone el cacique del lugar y algunos de los soldados mercenarios. La convivencia de las dos comunidades dará pie a una serie de conflictos sociales y religiosos hasta que llegue el momento en el que tengan que decidir si se quedan por más tiempo o vuelven al devastado mundo al otro lado de las montañas…


La película tiene una temática indudablemente atractiva. Aunque salvo al principio del film no hay referencias explícitas a la guerra, uno de los méritos de la trama es la de plantear un microcosmos de la sociedad europea de ese siglo XVII en los constreñidos límites de la aislada aldea… Tenemos el poder político y económico ejercido por el cacique Gruber (Nigel Davenport), en difícil convivencia ya desde siempre con el poder religioso representado por el fanático sacerdote católico Padre Sebastián (Per Oscarsson), a lo que se añade el enfrentamiento con el estamento militar que representan El Capitán y sus mercenarios, habiendo además un soterrado culto pagano y brujería… Para intentar coordinar este entramado, se asigna a Vogel el papel de juez, con lo que tendríamos ya al completo los tres poderes.


Otro mérito del guion está en la acertada descripción de la situación política y religiosa de la época. Como bien se nos recuerda al comienzo, la Guerra de los Treinta Años fue un conflicto entre católicos y protestantes que acabó transcendiendo la religioso y se convirtió en un conflicto meramente político, con grandes poderes nacionales disputándose el dominio de Europa. En el microcosmos de la aldea perdida, esto se refleja en cómo Gruber intenta mantener sus privilegios ante los recién llegados, o en que el grupo de mercenarios de El Capitán incluye creyentes de todas las religiones cristianas, que no dudan en poner sus armas al servicio de quien mejor les pague, más allá de creencias o convicciones. Habrá fuertes discusiones sobre el sentido de la guerra, sobre la fe y la religión, sobre el fanatismo y el raciocinio, en las que los dos protagonistas, El Capitán y Vogel, se enfrentarán, el uno ejerciendo su escepticismo y cinismo, el otro su racionalidad teñida de amargura y decepción. 

Es en estas escenas con la denuncia de la intransigencia, la violencia y la irracionalidad de la guerra donde se encuentra lo mejor de la película. No olvidemos que a pesar del escenario del siglo XVII, el film se rueda entre finales de los años sesenta y comienzos de los años setenta, cuando la ilusión del cambio en la sociedad ya casi se había desvanecido y cuando conflictos como la guerra del Vietnam provocaban una mezcla de horror y escepticismo… Clavell consigue extrapolar con buen tiento la situación del pasado hacia el presente.

No puedo ser tan laudatorio con las escenas de acción, que pecan de una confusión y lentitud exasperante. Es como si Clavell no les diera importancia, más preocupado por mostrar el contenido más complejo del guion. La película, por ello, acaba haciéndose un poco cansina en algunos momentos. Volviendo a lo bueno en el film, hay que hablar de la banda sonora de un John Barry pletórico, aportando en sus melodías la melancolía y el conflicto que la trama exige; una pena que a veces sea demasiado intrusiva… aunque es tan bella que hasta se lo podemos perdonar.


El reparto está correcto, aunque no me acaba de gustar Omar Sharif en este film… lo veo poco convincente y sin dar a su personaje la fuerza que requiere. Claro que quizá sea cosa de que tiene enfrente a un excepcional Michael Caine, que tiene los mejores textos y los explota a la perfección, dotando a su Capitán de sarcasmo y picardía, sí, pero sin ocultar la crueldad y falta de compasión. No veo conflicto importante entre los dos personajes porque Caine sencillamente abruma… aunque me descoloque un poco su inglés con acento alemán, que, por brillantemente que sea ejecutado, no tiene mucho sentido al ser el único que habla así.


Es por tanto “El último valle” una pequeña joya olvidada del cine de los años setenta. Una peli irregular, sí, pero también sorprendente por todo lo bueno que hay en su metraje, y por plantear una reflexión sobre la guerra, la intolerancia religiosa y el fanatismo y la convivencia dentro de comunidades dispares… que resulta tan necesaria en el siglo XVII como en el último tercio del XX… y, ya puestos, y por desgracia, en la segunda década del XXI. Una peli digna de un visionado. 6,5 redondeado a 7/10

 


No hay comentarios: