Farmacia de Alonso Luengo, en León. Foto de Jordi Asturies.

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lunes, 13 de abril de 2026

Una peli al día (2026-04-12): BAHÍA NEGRA (Anthony Mann, 1953) 6/10

All images in the post © Universal Pictures
Bahía negra” (Thunder Bay, Anthony Mann, 1953) es una película poco estimada y casi olvidada en la trayectoria de su justamente celebrado director… y tras verla ayer por primera vez, entiendo perfectamente que sea poco estimada y casi olvidada. Ni siquiera voy a entra en un enésimo debate sobre el término “obra menor” porque es una película bastante mediocre, incluso difícilmente asumible hoy en día por su temática, aunque, nobleza obliga, admitiré que tiene detalles del talento de Mann desperdigados por su metraje.

Es la cuarta de las ocho películas del binomio Anthony Mann-James Stewart, y la primera de las tres que, al menos en principio, no es un western, siendo las otras dos “Música y lágrimas” y “Acorazados del aire”. Digo que esta “Bahía negra” no es en principio un western porque es más bien una película de aventuras centrada en la lucha entre el supuesto progreso y la forma de vida tradicional, pero… uno no deja de ver tras ese conflicto la esencia de muchos westerns.

A mediados del siglo XX llegan a un pueblecito pesquero de Louisiana dos ingenieros arruinados pero llenos de ideas, Steve Martin (James Stewart) y Johnny Bambi (Dan Duryea), con la intención de convencer al millonario Kermit MacDonald (Jay C. Flippen) de que invierta dinero en su proyecto de construir una plataforma petrolífera en la zona del Golfo de México frente al pueblo, en cuyo fondo están convencidos de que hay una gran bolsa del preciado combustible. Para ello, tendrán que enfrentarse a las dudas de los accionistas de la compañía de MacDonald, pero sobre todo a la oposición de los pescadores del área, que temen que el proyecto afectará irremediablemente a su forma de ganarse la vida… 


Vista esta síntesis del argumento, cambien las aguas del Golfo de México por las amplias llanuras del Oeste, el pueblecito pesquero por el pueblo en medio de la llanura, y los recién llegados con un proyecto innovador que se encuentra con la oposición de los lugareños… a esos no hace falta cambiarlos, porque ya tenemos el western trasladado a la costa sur de los Estados Unidos. ¿Un southern, pues? ¿Un “coastern”, puestos a ser creativos en etimología de géneros cinematográficos? Sea como sea, los elementos del género de géneros en esta película no se pueden obviar. Qué recarambas, no habrá saloon pero hay el bar donde los pescadores van a beber, jugar a las cartas, cantar y bailar y pelearse amistosamente para demostrar su hombría… 

La pena al ver esta peli no está en que vista hoy cruja bastante escuchar a los ingenieros decir que el petróleo es el futuro y la prosperidad… habrá que asumir que hace setenta y pico años así se veían las cosas, y ya está. No, lo malo de ella es estrictamente cinéfago: es un film rutinariamente rodado por Mann, con unos personajes absolutamente estereotipados y sin aristas, y que no explota del todo las posibilidades del conflicto que ofrece el guion.

No esperen, pues, que los personajes de los héroes, los ingenieros interpretados por Stewart y Duryea tengan su lado oscuro, más allá de su obsesión por llevar a cabo su proyecto. Son personas íntegras, afables, que cree realmente en que hace lo correcto y que van a beneficiar a la gente con su trabajo. No hay en el personaje de Stewart aquí los recovecos de la venganza, escepticismo e incluso odio presentes en los westerns que hizo con Mann. Cuando estaba viendo la peli ayer, en concreto la escena en la que intentan convencer al millonario para que invierta dinero, pensaba cuánto ganaría el film si resultara que fueran unos timadores… 

Otro problema con esta “Bahía negra” es que hay conflicto, sí, pero no hay contendientes a la altura, no hay villanos (con alma noble o sin ella, da igual) que se enfrenten a los héroes. Los pescadores que se oponen al proyecto de la plataforma petrolífera son también gente íntegra y afable, honestamente preocupados por la supervivencia de su forma de vida. Aunque hay peleas y una supuesta tensión in crescendo hacia un enfrentamiento final, todo se queda en medias tintas. Ni siquiera el destino de uno de los pescadores tiene intensidad dramática porque no se ha profundizado lo suficiente en sus motivaciones. Y por ello nada tiene de extraño que la historia tienda a un final que satisfaga a todo el mundo… aunque sea con un recurso que de tan deus ex machina que es resulta hasta ridículo.


Para colmo, como si los responsables del guion fueran conscientes de la baja intensidad del conflicto principal, se introduce una trama romántica grotescamente endeble, la de las dos hijas de uno de los pescadores, Stella (Joanne Dru) y Francesca (Marcia Henderson), estereotipo la segunda de la joven que quiere escapar de la rutina de la pequeña población, y la primera de la que sí escapó pero volvió escaldada al redil, que, faltaría más, se enamoran perdidamente de los dos ingenieros… aunque la endurecida por la vida Stella sea en principio la que más se opone al proyecto petrolífero.


Tenemos, pues, una película supuestamente de aventuras con tinte de western donde no se desarrolla el conflicto exhaustivamente, y donde los personajes son meros estereotipos de una sola cara, algo que no es nada habitual en el mejor cine de Anthony Mann. Sin embargo, sí que aflora su talento en algunos aspectos: la película no emociona por esa falta de profundidad mencionada, pero tampoco aburre, tiene un ritmo bien llevado. Y, lo mejor de todo, tiene escenas de gran aliento épico, como la del huracán o la escena final en la plataforma, que no por previsible y esperada deja de ser posiblemente el momento con más emoción de todo el film.

Y, por supuesto, los admiradores de James Stewart difícilmente van a quedar decepcionados. A pesar de la simplicidad de su personaje, el carisma y fuerza interpretativa del actor son suficientes para que nos llegue. Otra cosa es el resto del reparto… que es solo correcto, pero más por culpa de los papeles que les caen en gracia que por su interpretación. Una excepción podría haber sido el pescador Teche que interpreta con acierto Gilbert Roland, el único personaje con cierta ambigüedad moral que durante parte del metraje salva al guion de la abulia con sus apariciones… una pena que al final también vuelva al redil de lo rutinario.


Película mínimamente digna, en suma, que se deja ver bien, pero que por su superficial y rutinario desarrollo y por su estereotipada caracterización deja con ganas de más. Podría, y debería, haber sido mucho más. Para completistas de la filmografía de Mann. 5,5 redondeado a 6/10.

 


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