Más allá de las virtudes cinematográficas que a ráfagas atesora, por el impacto que tuvo en la industria y por su carácter de casi pionera denuncia, "𝗧𝗼𝗿𝗺𝗲𝗻𝘁𝗮 𝗺𝗼𝗿𝘁𝗮𝗹" (𝘛𝘩𝘦 𝘔𝘰𝘳𝘵𝘢𝘭 𝘚𝘵𝘰𝘳𝘮, Frank Borzage, 1940) es una película injustamente relegada, cuando no directamente olvidada. Ya no es que en el cine estadounidense sea pasada por alto, o que fuera prohibida en Europa en las dictaduras fascistas (Goebbels no solo prohibió la película sino todas las de la productora, la Metro)... es que incluso terminada esa era, permaneció en el olvido; por ejemplo, en España no llegó a las salas de cine ni a la televisión, solo siendo publicada en dvd ya empezado el siglo XXI.
Y como digo, es injusto. No tanto por su calidad, que se puede discutir, sino por su valor histórico, no solo en su momento, como denuncia, sino a posteriori, como recordatorio. Que es de esas pelis "necesarias", vaya. Fue la segunda película de un gran estudio (la primera fue "Confesiones de un espía nazi", del año anterior) que se atrevió a denunciar la Alemania nazi cuando, un año antes de Pearl Harbour, Estados Unidos optaba por no intervenir en la guerra. Borzage ya había hecho otras películas sobre Alemania, y ya había ido advirtiendo de lo que se estaba fraguando en el país.
Su advertencia se convirtió en demoledora denuncia con esta libre y bastante suavizada adaptación de la novela de igual título de la escritora inglesa Phyllis Bottome, que como esposa de un diplomático inglés había vivido en los años treinta en Alemania y sido testigo del triunfo del nazismo. Digo que es suavizada porque, por lo que he leído, la Metro no se atrevió a mantener la idea de que la protagonista tuviera un hijo fuera del matrimonio, no admitió que la pareja de aquella fuera comunista, y no se atrevió a mencionar claramente el exterminio de opositores ni a usar la palabra "judío" para las víctimas de la persecución nazi (en la peli se les llama eufemísticamente "no arios", y curiosamente en el error acertaron, porque los nazis no persiguieron solo a los judíos...).
Pero incluso con esta suavización del original, la película es lo suficientemente dura: se parte de un escenario idílico en una pequeña ciudad universitaria al pie de los Alpes alemanes, con el profesor Viktor Roth (Frank Morgan) siendo homenajeado en su sesenta cumpleaños primero por sus colegas y alumnos y luego por su familia, con su hija Freya (Margaret Sullavan), su esposa Amelie (Irene Rich), sus hijastros Otto (Robert Stack) y Erich (William T. Orr), a los que se unen dos alumnos suyos y amigos de la familia, Martin Breitner (James Stewart) y Fritz Marberg (Robert Young), ambos enamorados de Freya, aunque en principio la joven se decanta por este último. Pero la bonanza se quiebra cuando en plena fiesta se recibe la noticia del nombramiento de Hitler como Canciller, descubriéndose las diferencias ideológicas entre los miembros de la familia y los amigos, división que se hace extensible a toda la ciudad. Paulatinamente se van observando los efectos negativos de las nuevas circunstancias políticas en lo que se refiere a la convivencia y la libertad, hasta que la situación se hace tan insostenible que los que se oponen a la misma se ven obligados a intentar la huida...
"Tormenta mortal" (TM a partir de ahora) ofrece un planteamiento dual: probablemente por mor de la dureza de la temática principal, la descripción de cómo la intolerancia y la tiranía destrozan una comunidad, separando familias y amistades, paralelamente se introduce el hilo de la historia de amor a tres bandas entre Martin, Freya y Frank. Pero aunque Borzage siempre tuvo un buen ojo para el melodrama romántico, en esta ocasión resulta que esta parte del guion es la más floja y forzada. Parece evidente que por esta vez al cineasta le interesaban más otras cosas.
Si se compara esa trama romántica, torpemente llevada a cabo y ranciamente blanda, sobre todo a nuestros ojos hoy, con la potencia de las escenas donde se describen los efectos de la llegada al poder del nazismo, se entiende mejor este desequilibrio. Solo hay que confrontar, por ejemplo, la optimista y vital escena del homenaje universitario a Roth al comienzo, con otra escena posterior en el mismo local, con los alumnos que antes vitoreaban a su profesor ahora vestidos con el uniforme nazi y cuestionando la validez de una ciencia que dice que la sangre aria y la no aria son la misma... escena esta que deriva en otra perturbadora, y brillantemente rodada, con quema de libros...
La película se mueve a través de este contraste de escenas similares en circunstancias diferentes: tenemos por un lado el momento de la declaración de amor de Fritz a Freya durante la fiesta de cumpleaños enfrentado al instante en que discuten por sus diferentes opiniones sobre la nueva situación política; tenemos las dos partes de la escena en la taberna, al principio una muestra de alegría y convivencia compartiendo bebida y comida y canciones, situación que se quiebra cuando los jóvenes nazis imponen sus cantos a los demás; está la casa de los Roth, llena de gente feliz al comienzo del film y la misma casa vacia al final, solo ocupada por fantasmagóricos recuerdos de tiempos mejores...
Este es el material que mejor maneja Borzage en TM. Suele mantener la cámara fija y dejar que lo que pasa ante ella se desarrolle por sí mismo, usa una fotografía cuya degradación a lo largo del metraje de tonos luminosos a oscuros va en paralelo a la degradación de la historia, la algarabía y musicalidad de la primera parte del film evoluciona a diálogos secos y contundentes...
Cuando se sale de esta descripción de una comunidad alterada y dividida por la llegada del nazismo, la película muestra sus imperfecciones con demasiada claridad. Ya he mencionado la inclusión casi forzada de la historia de amor, pero es que incluso en lo cinematográfico se observan debilidades; por ejemplo, las escenas de huida por la montaña dan un bienvenido tono de tensión y acción cuando son mostradas en planos generales, pero cuando se usan planos cortos de los personajes, el empleo del recurso de la proyección trasera se muestra increíblemente torpe.
En cuanto a la interpretación, pasa algo parecido. El reparto protagonista, por lo general entre lo correcto y lo excelente en la trama de denuncia, resulta pétreo y poco creíble cuando se pasa a la historia de amor. Así, James Stewart y Margaret Sullavan muestran fuerza y química en su oposición a la intolerancia, pero resultan ñoños en el hilo romántico. Algo similar ocurre con Robert Young, un actor que por lo general no me convence, pero que me sorprende aquí en su papel de simpático estudiante al principio que se descubre como nazi posteriormente, siendo creíble en ambas facetas, incluyendo los momentos en los que llega a dudar de sus convicciones.
Al final, nos queda una película desequilibrada, brillante en su aspecto de descripción de cómo la intolerancia ideológica rompe familias y amistades, y torpe hasta lo rancio en su trama romántica. Pero aquel elemento esta tan bien narrado y descrito que no podemos menos que perdonarle sus imperfecciones. Si me centrara solo en lo cinematográfico le pondría un 7, pero por su naturaleza de crítica al nazismo y por su condición de pionera a ese respecto, que aún es tristemente vigente, me permito subirle la nota a un 8/10.

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