"Asesinato por decreto" (𝘔𝘶𝘳𝘥𝘦𝘳 𝘣𝘺 𝘋𝘦𝘤𝘳𝘦𝘦, Bob Clark, 1979) es una interesante, aunque fallida, adición a la saga cinematográfica de Sherlock Holmes. Partiendo de un acertado uso del pastiche y planteando una teoría sobre Jack el Destripador que en su momento posiblemente sonara novedosa pero que hoy ya se nos antoja manida, y además al parecer ha sido desmentida, se acaba perdiendo en un guion con demasiados recovecos y cierta ocasional desmesura.
La idea de juntar el personaje ficticio de Holmes y el real del Destripador no era nueva cuando se hizo esta peli, ni en lo literario ni en lo cinematográfico, aunque posiblemente sea este film el primer pastiche que alcanzó cierta popularidad. El concepto es atrayente, sin duda, y la película resuelve el encuentro con bastante dignidad.
Lo malo es que un guion que mezcla a revolucionarios con conspiradores con el gobierno con masones y con videntes tiene que estar muy bien construido si no se quiere que la cosa derive en un galimatías aburrido, y por desgracia Clark cae en esta trampa demasiadas veces. Algunos personajes que aparentemente son importantes en la trama luego son desechados y otros que parecían intranscendentes toman extraño protagonismo. Por ello, la peli se hace demasiado pesada y difícil y termina por aburrir en su parte central, con un espectador perdido entre tanto dato y caracterización.
Y es una pena, porque desde el punto de vista argumental, el arranque es prometedor, y el desenlace tiene una ejecución con el suficiente vigor como para que recuperemos el interés (aunque la longitud del estrambote con el parlamento de Holmes explicándolo todo vuelva a llevarnos a cierto tedio).
Pero donde está el verdadero valor de esta peli es en su ambientación, con un diseño de producción excelente que compone un magnético Londres envuelto por la noche y la niebla, la magnífica fotografía a cargo de Reginald Morris, y un brillante uso de la cámara en los momentos de acción, ya sea en movimiento siguiendo a los personajes, o como cámara subjetiva cuando es usada como los ojos del asesino.
También hay que destacar al reparto protagonista. Christopher Plummer conforma un Holmes muy humano, irónico y compasivo según las circunstancias, y James Mason crea un Watson de fuerte personalidad y fiel apoyo de su amigo, más cercano al original literario que muchas de las versiones cinematográficas más populares que hicieron de él un alivio cómico... papel que más bien le cae, aunque sin exageraciones bufonescas, en el inspector Lestrade que correctamente interpreta Frank Finlay. Luego tendríamos buenas interpretaciones de personajes que sin embargo resultan ociosos o innecesarios, la de Donald Sutherland como el vidente que ayuda a Holmes en el caso, o David Hemmings como uno de los detectives de Scotland Yard, o Anthony Quayle como el jefe de la policía de Londres, estos dos últimos con una evolución inesperada... y para mí inconsistente. Tan bien interpretados como estos pero con mucha mejor consistencia para el argumento son los papeles de víctimas de Genevieve Bujold como Annie Crook y Susan Clark como Mary Kelly. En concreto, la escena de Bujold y Plummer en el manicomio es uno de los mejores momentos del film.
En resumen, como he dicho, película interesante pero fallida, tan entretenida como aburrida, con una plasmación visual muy por encima del desarrollo del argumento y un reparto que en general cumple su cometido con creces. 6/10

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