Farmacia de Alonso Luengo, en León. Foto de Jordi Asturies.

¿QUÉ PUEDES ENCONTRAR EN LA BOTICA?

martes, 10 de febrero de 2026

Una peli al día (2026-02-09): UN MARIDO RICO (Preston Sturges, 1942) 9/10

Con “𝗨𝗻 𝗺𝗮𝗿𝗶𝗱𝗼 𝗿𝗶𝗰𝗼” (𝘛𝘩𝘦 𝘗𝘢𝘭𝘮 𝘉𝘦𝘢𝘤𝘩 𝘚𝘵𝘰𝘳𝘺, Preston Sturges, 1942), uno de los maestros de la comedia hollywoodiense continúa con el estado de gracia de su lustro inverosímil, desde su debut como director en 1940 hasta 1944, en el que dirigió ocho películas, dos de ellas, “Los viajes de Sullivan” y “Las tres noches de Eva”, indiscutibles obras maestras, y entre el resto en una gama que va de lo muy digno a lo excelente. Cierto es que tras los dos peliculones mencionados era difícil mantener el listón en todo lo alto, pero cuanto menos anduvo cerca.

La peli que me ocupa hoy no tiene la profundidad temática ni el juego de diferentes niveles de esas obras cima de su arte, pero sí que es posiblemente donde Sturges combina mejor la screwball comedy con el slapstick, en una historia con diálogos recitados a ritmo de ametralladora y llenos de dobles sentidos… a este respecto, aquí es donde más cerca estuvo el cineasta de sus colegas Hawks y Wilder. Y por cierto, lo de “doble” viene muy a cuento en esta película, en el sentido plauto-shakesperiano del término …todo ello al servicio de poner en cuestión la sacrosanta institución del matrimonio, lo cual le llevó a tener que aceptar ciertas imposiciones de la censura del Código Hays… pero también a burlarla impunemente.

Tom (Joel McCrea) y Geraldine, o Gerry (Claudette Colbert) Jeffers son un matrimonio en principio bien avenido y enamorado que están pasando por dificultades económicas porque el marido, un innovador arquitecto, no consigue sacar adelante sus proyectos. Gerry, en parte porque le gusta vivir en el lujo, y en parte también porque sinceramente cree que es lo mejor para ambos, decide separarse e ir a Palm Beach, en Florida, para conseguir un rápido divorcio. Para ello será ayudada por el “Rey de las salchichas” (Robert Dudley), un simpático millonario y nuevo inquilino de su edificio, por un grupo de un estrafalario club de caza a quienes conoce en la estación de trenes, y finalmente por otro millonario residente en Palm Beach, John D. Hackensacker III (Rudy Vallee), que se acabará enamorando de ella, y la hermana de este, Maud (Mary Astor). Lo que Gerry ignora es que Tom, también con la ayuda del “Rey”, ha cogido el avión a Palm Beach para intentar recuperarla…

Hay en el film una evidente comedia de guerra de sexos, en especial en los intercambios entre Gerry y Tom, como he dicho desarrollados a un ritmo frenético sobre todo por parte de la esposa, que, mucho más inteligente y resolutiva que el marido, toma la iniciativa en la “batalla” y la gana sobradamente. La cadencia de los diálogos es tan veloz que a veces cuesta seguirlos, con el riesgo de perderse algunos de los dobles sentidos e inuendos expresados… lo cual sería una pena para nosotros como espectadores… pero que posiblemente, por suerte, les pasó a los censores del Código. 

Pero también hay en la película slapstick de categoría, con personajes corriendo de un lado a otro, cayéndose por escaleras, puertas que se abren y se cierran, gente escondida en bañeras, persecuciones, disparos en el tren, todo también a un ritmo enloquecido que remite a la era del cine mudo… como igual lo hace el extraordinario inicio del film, aparentemente el momento de la boda de los protagonistas expuesta paralelamente a los títulos de crédito, en una secuencia sorprendente y a la vez desconcertante, buscando deliberadamente el equívoco, con personajes aparentemente duplicados, rápidos movimientos de cámara y cambios de escena, imágenes congeladas y terminando con el leit-motiv de la trama, “Y vivieron felices y comieron perdices… ¿o no?”, que con esa simple coletilla deja a las claras el tema principal de la peli, el cuestionamiento de la institución matrimonial. Por suerte, este confuso comienzo quedará claramente explicado en el desenlace… o no, porque en realidad la supuesta explicación plantea nuevas preguntas, y ahí está otro de los valores de esta gran película.

El tercer elemento humorístico estaría en el tramo final, donde la presencia de Tom en Florida hace que la screwball y el slapstick dejen paso a una comedia de enredos, con su despliegue de simulaciones, engaños y equívocos dando pie a la comicidad. La crítica al matrimonio es ahora llevada en su mayor parte a través del personaje de Maud, la hermana de Hackensacker, con su retahíla de divorcios que no es óbice para que siga en busca de nuevo marido… 

Sturges, además, no solo hace uso de estos recursos de obvia hilaridad, sino que también sabe ser muy sutil, algo que es parte de su estilo. No presenta a Gerry como una advenediza que deliberadamente usa sus encantos para conseguir la ayuda de los hombres, sino que más bien parece que esta ayuda le llega sin que ella haga gran cosa… lo cual no quita que también sea consciente de ello. Cuando Tom le echa en cara la ayuda que recibió del industrial salchichero y le acusa de intentar convencerle de que el atractivo sexual no tuvo nada que ver, su esposa le replica “Vamos, claro que el atractivo sexual tuvo que ver. No me habría dado el dinero si yo tuviera el pelo como alambre y las piernas cortas de un lagarto.” En este doble juego sobre el uso o ventajas del atractivo femenino Sturges consigue que no sea la mujer la que quede mal, sino el hombre, algo que vuelve a hacerse manifiesto en el comportamiento de los miembros del club de caza, que aparentemente tienen el buen detalle de ayudarla a coger el tren, pero que luego tendrán una conducta, por muy humorística que sea en su alboroto, cuanto menos reprobable… 

La sutileza en el estilo narrativo del cineasta vuelve a verse en la secuencia en la que Gerry, casi sin comerlo ni beberlo, ve su vestuario renovado por su enamorado millonario de Florida, a través sencillamente de la alternancia entre primeros planos de la lista de gastos en ropa y accesorios que este va anotando en su agenda con planos generales de ambos en las tiendas, con aquella probándose los modelos. También se ve en el simbolismo que adquieren los objetos, desde el fajo de billetes que ostenta el “Rey de las salchichas” hasta la pulsera que Hackensacker regala a Gerry. Esta combinación de planos cortos y largos, marca de la casa en lo que se refiere a Sturges, es esencial en el desarrollo de su comicidad.

Y al final, todas las tramas cómicas deben resolverse, y aparentemente hay una búsqueda de un final feliz que contente tanto al espectador como al Código Hays… Y sin embargo, se vuelve al deliberado desconcierto inicial. Lo que aparentemente es un recurso deus ex machina que satisfaga a todos, al remitir a la extravagante secuencia tras los títulos de crédito, puede que el desenlace la explique… pero en realidad plantea nuevas incógnitas y nos deja con una mezcla de sorpresa, calma y una incertidumbre que, hay que reconocerlo, cinematográficamente es muy satisfactoria.

Dentro de un grupo de actores espléndido, desde la cabecera de reparto hasta el último personaje secundario, incluyendo los meros cameos, algunos tan ilustres como el de William Demarest, hay que poner por delante de todos a Claudette Colbert, que está maravillosa en su papel de absoluta dominadora de las escenas y los diálogos, incluso en aquellos momentos donde es más víctima de las circunstancias. Como dije por ahí arriba, es la digna vencedora de la batalla de sexos planteadas, y lo hace con un despliegue de personalidad y simpatía no exenta de resolución. Al personaje de Joel McCrea no le queda más remedio que sentirse relegado, y el actor cumple sobradamente bien en reflejarlo. Como igualmente lo hace el crooner debutante como actor Rudy Vallée, el enamoradizo millonario galán y a la vez hilarante parodia de Rockefeller. En cuanto a Mary Astor, en un papel cómico ajeno a sus coordenadas interpretativas habituales, hay que decir que sale airosa del empeño, a pesar de las dudas que tanto ella como Sturges tuvieron al respecto, dudas que se reflejaron en una mala relación durante el rodaje.

“The Palm Beach Story” (aquí, como otras veces, reniego del espantoso, y en este caso además falsario, título en castellano) es un nuevo jalón en el mejor momento de la carrera de un cineasta que entendió como nadie los recursos de la comedia cinematográfica, usándolos para poner en cuestión todo lo que merece ser cuestionado, y ello sin renunciar a lo fundamental: conseguir que mantengamos la risa, o por lo menos la sonrisa, durante todo el metraje de sus obras más emblemáticas. 8,5 redondeado a 9/10. 

 


No hay comentarios: