"Los viajes de Sullivan" (𝘚𝘶𝘭𝘭𝘪𝘷𝘢𝘯'𝘴 𝘛𝘳𝘢𝘷𝘦𝘭𝘴, Preston Sturges, 1941) es un clásico imperecedero y atemporal, una obra cumbre no solo de la comedia sino del cine en general, una película cuya mezcla de géneros (comedia, drama, cine de denuncia, aventura, buddy movie, cine dentro del cine), valores cinematográficos y aparentemente contradictorio mensaje hace que en cada revisión no solo mantenga su estatus de casi perfección sino que nos descubre nuevos matices y detalles que o pasaron inadvertidos o no les dimos la suficiente importancia.
Digo que parte de su esencia surge de su mensaje aparentemente contradictorio. Sturges, políticamente conservador pero de tono más progresista en sus pelis, no era precisamente amante de las películas "con mensaje". Su especialidad en la comedia deja bien claro cuáles son las intenciones de su cine: entretener vía la risa. Y para que todo quede claro, en la introducción a este film coloca un rótulo dedicatoria "a quienes nos han hecho reir". Y sin embargo, al derivar al drama y la denuncia, "Los viajes..." acaba siendo mucho más que un homenaje a los cómicos.
Para empezar, Sturges casi pone en ridículo las pretensiones de John Sullivan, director de comedias al que se le mete en la cabeza hacer una película denuncia de las condiciones de los más desfavorecidos, y que, al ignorarlo todo sobre ellos, decide pasar un tiempo viviendo como un vagabundo en su compañía. Sus productores le recuerdan que por clase social no conseguirá su objetivo y le recuerdan que su especialidad son las películas de entretenimiento ligero. En una maravillosa metáfora, Sturges hará que las primeras intentonas de Sullivan en alejarse de su mundo le acaben llevando inexorablemente de vuelta a Hollywood.
Pero cuando Sullivan consigue por fin su objetivo de vivir entre los pobres, la película abandona el tono cómico y se endurece solo con mostrar las condiciones de vida de estos. No hay moralina, no hay denuncia específica, solo dicha muestra, sin más. Incluso el conservador Sturges llega más lejos y muestra la crueldad del sistema penitenciario, o en plena era de la segregación retrata con amabilidad y realismo a la comunidad negra. Aunque en el desenlace se retoma la idea inicial de homenaje a la comedia y la tesis de lo importante que es hacer reir para afrontar mejor la vida, por el camino el director ha hecho, conscientemente o inconscientemente, aquello a lo que en principio renunciaba, una película con mensaje. No con la profundidad de otras pelis de la época de la depresión, evidentemente, pero...
Con todo, no cabe olvidar que este film es ante todo una comedia. No solo eso, es una lección sobre los diferentes tipos de cine cómico destacados hasta entonces. Está el slapstick heredado de la era del cine mudo (por ejemplo, en la hilarante huida de Sullivan del grupo que supuestamente debe protegerle en su aventura), la guerra de sexos de la screwball (la relación entre el protagonista y la joven actriz que interpreta Veronica Lake) o la comedia satírica de acerados diálogos (las conversaciones de Sullivan con sus productores, con el gag recurrente de uno de ellos insistiendo en que haga lo que haga el director, debe haber "un poco de sexo").
Todo ello está ofrecido en un delicioso envoltorio cinematográfico, con una fotografía en blanco y negro cerca del expresionismo, unos movimientos de cámara brillantes y acertados (los travellings entre los grupos de vagabundos o los presos, por ejemplo) y escenas a cada cual más inolvidables: la subida de los vagabundos al tren, el paseo entre ellos de Sullivan y La Chica (en un metraje silencioso, curiosamente el homenaje al cine mudo no viene en una escena cómica sino en una dramática) o la importantísima escena de los presos y los feligreses negros riéndose a mandíbula batiente durante la proyección de un corto animado de Disney.
Joel McCrea está perfecto como el director Sullivan, posiblemente en uno de sus mejores papeles, expresando a la perfección su evolución de diletante con ínfulas a sufrido observador de una realidad que desconocía. La coprotagonista, Veronica Lake, parece en un principio una inclusión forzada para el tratamiento de la peli como screwball, pero su evolución hacia sanchopancesca compañera en la peripecia del a la postre idealista Sullivan, da una inesperada profundidad a su personaje. El resto del reparto, más bien con papeles incidentales y estereotipados, cumple con solidez.
Dentro de sus incertidumbres y aparentes, insisto, contradicciones, "Los viajes de Sullivan" es un ejemplo palmario de eso que yo llamo clásico imperecedero y atemporal, una peli que soporta revisión tras revisión manteniendo su espíritu optimista, pero también crítico, con el paso de los años. 9/10

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