Más allá de si "El retrato de Dorian Gray" (𝘛𝘩𝘦 𝘗𝘪𝘤𝘵𝘶𝘳𝘦 𝘰𝘧 𝘋𝘰𝘳𝘪𝘢𝘯 𝘎𝘳𝘢𝘺, Albert Lewin, 1945) es la mejor adaptación al cine de la famosa novela de Oscar Wilde (algo en lo que yo me abstendré de opinar al haber visto solo un par de versiones), lo cierto es que es una peli interesante y bien hecha.
El guion de Lewin reduce el original literario a lo esencial, básicamente cómo se hace realidad el deseo de un aristócrata de mantener eternamente su juventud para dedicarse a un hedonismo que se hace cada vez más perverso y pervertido, dejando que sea un retrato pictórico suyo el que refleje su progresivo envejecimiento y depravación. Eso sí, se añade algún detalle no presente en la historia, que sin embargo enriquece la película, como el convertir el personaje de Gladys, muy secundario en la novela, en la sobrina de Basil, el pintor del retrato y amigo fiel de Dorian, lo cual introduce un interesante conflicto en el relato. También se da una supuesta causa para la maldición del cuadro, algo que no ocurre en la novela, con la presencia de una escultura de un gato que representa una divinidad egipcia, que sería la responsable de hacer realidad el deseo de Dorian. Este elemento mágico es usado de una manera visualmente magnífica a lo largo de la película.
Y es que Lewin no solo cuenta la historia con fluidez, sino que consigue dar una realización visual espléndida. Ahí están su manejo del contraste de luz y sombra, composición simétrica de los planos, simbolismo y metáfora de los objetos (la ominosa presencia de la escultura del gato en diferentes escenas, el que los bloques del alfabeto en la habiración infantil de la casa de Dorian muestren las iniciales de los muertos por causa del protagonista), la ambigüedad al solo insinuar en qué consisten las depravadas actividades del protagonista, mostrándolas como mucho fuera de plano, los forzados encuadres, el recurso de mostrar la degradación del cuadro en imágenes en color para reforzar el impacto, el narrativo, y también descriptivo, uso de la música, desde el "Preludio en Re Menor" de Chopin hasta el "Claro de Luna" de Beethoven pasando por la canción que canta Sibyl en el music-hall...
En cuanto al reparto, hay que destacar sobre todo a tres intérpretes: Hurd Hatfield como Dorian, que sabe usar su angelical rostro para ir dando la progresiva deriva de su personaje y acabar provocando siempre inquietud; George Sanders en un papel que le va a las mil maravillas, el del escéptico noble hedonista que hace de mentor para el protagonista; una jovencísima Angela Lansbury como la primera novia de Dorian y su auténtico gran amor... y primera víctima de la depravación del personaje, a quien el papel que le otorgan (cambiando la actriz shakesperiana de la novela a una cantante de music hall) da pie a una de las más famosas escenas del film, con Angela cantando el tema "Goodbye Little Yellow Bird".
Todas estas buenas impresiones quedan algo rebajadas por la reiterativa voz en off, que, a pesar de permitir disfrutar del talento vocal de Cedric Hardwick, uno encuentra absolutamente innecesaria, o que, aunque en la resolución tanto la peli como la novela incidan en el deseo de Dorian de redención, el film, quizás para inclinarse ante la censura, ignora, o como mucho es ambiguo al respecto, que el protagonista es consciente de que ese deseo es hipócrita.
Sin embargo, esto no quita que estamos ante una película muy interesante y digna de verse. 7/10

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