Farmacia de Alonso Luengo, en León. Foto de Jordi Asturies.

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viernes, 24 de octubre de 2025

Una peli al día (2025-10-23): LAS TRES NOCHES DE EVA (Preston Sturges, 1941) 10/10

"𝗟𝗮𝘀 𝘁𝗿𝗲𝘀 𝗻𝗼𝗰𝗵𝗲𝘀 𝗱𝗲 𝗘𝘃𝗮", (𝘛𝘩𝘦 𝘓𝘢𝘥𝘺 𝘌𝘷𝘦, Preston Sturges, 1941) es uno de los pilares que sostienen un extraordinario año cinematográfico hollywoodiense, justo antes de que el ataque a Pearl Harbour llevara a Estados Unidos a la guerra y Hollywood empezara un período de perfil bajo por mor del conflicto bélico. Por poner unos ejemplos, 1941 fue el año de "Ciudadano Kane", "El halcón maltés", "Sospecha", "Qué verde era mi valle", "El último refugio", "El sargento York", "Juan Nadie" o "Murieron con las botas puestas". A estas hay que añadir la excelente cosecha en comedias: "Bola de fuego", "El difunto protesta", "El hombre que vendió su alma" y dos maravillas de Sturges, la que nos ocupa hoy y "Los viajes de Sullivan".



Esta prolija introducción me sirve para apoyar la idea de que esta "Las tres noches..." es un film que resalta por méritos propios en un año lleno de películas espléndidas, como mínimo. Estamos ante una de las mejores comedias jamás filmadas, y, junto a la mencionada "Los viajes de Sullivan", lo mejor que ha legado al medio Preston Sturges, director y guionista de paso breve pero fulgurante por la historia del cine, a modo de una estrella fugaz que brilla en todo su esplendor antes de desvanecerse. Sturges dirigió entre 1940 y 1944 ocho films que son soberbias muestras de comedia, alguno de ellos indiscutibles obras maestras, antes de que su complicada vida personal y el abandono del mismo Hollywood que le había entronizado le llevaran a una rápida decadencia y una demasiado prematura desaparición. 



Cuando hablé de "... Sullivan" ya mencioné la intención de Sturges de hacer humor como mero entretenimiento, una válvula de escape para el público, por encima de toda pretensión de crítica o mensaje. Y fue un objetivo que logró a lo largo de su carrera. Pero es difícil hacer humor sin hacer crítica, y por tanto sin mensaje, por muy implícito que este sea. Y el argumento de la peli de hoy no escapa a ello.



Jean Harrington (Barbara Stanwyck) es una joven timadora en una banda liderada por su padre (Charles Coburn), usando el juego de cartas para desplumar a ricachones. Su última víctima es Charles Pike (Henry Fonda) un joven heredero que pretende escapar a la abulia de su vida mediante sus investigaciones como zoólogo experto en serpientes. A la vuelta de una expedición en el Amazonas, en el barco que le lleva a Estados Unidos, Charles cae en la garras de Jean y su grupo... y los dos jóvenes se acaban enamorando. Pero cuando el heredero descubre la verdadera identidad de la chica, la rechaza y, despechado, le hace creer que siempre supo la verdad y que solo había estado siguiéndole el juego. Ante esto, Jean decide vengarse y para ello se inventa la identidad de una aristócrata inglesa, Eva Sidwich, con objeto de introducirse en su círculo y volver a enamorarle para luego humillarle...



Ya vemos que estamos ante un argumento algo más complejo de lo habitual en la comedía screwball. Hay quien ve semejanzas entre esta peli y "La fiera de mi niña", por lo que tiene de la idea de un cándido científico envuelto a su pesar en los manejos de una mujer de la que se acaba enamorando. Y aunque algo hay de ello, ambas películas son muy diferentes. La de Hawks tiene ese ritmo acelerado en los diálogos tan típico de su director a cuyo frenesí la de Sturges, aunque también tenga una cadencia rápida, no llega. 



Además, en "La fiera..." se da la circunstancia de que tanto el hombre como la mujer desplegaban inocencia (aunque la del personaje de Hepburn derivara en los problemas en los que metía al de Grant). Por contra, en "Las tres noches..." tanto Jean como Charles tienen más aristas y complejidad: detrás de la picardía y aparente falta de escrúpulos de Jean se esconden mucha ternura, sentido común y cariño; tras la supuesta candidez de Charles hay el carácter egoista, reprimido y puritano de un miembro de las clases altas, que también sabe usar la mentira para conseguir sus fines.



En la peli de Sturges hay un hábil juego de niveles a modo de muñeca rusa, de un engaño dentro de un engaño dentro de otro engaño. La hipocresía y la falsedad son las barreras que la historia romántica debe salvar si quiere llegar a buen fin. Hay el nivel real del personaje de Stanwyck y su padre como timadores al que se superpone el de ser los compañeros de viaje y de póker de Charles y al que luego se superpondrá el de Jean fingiendo ser Eva. No sólo hay un engaño tras otro engaño, sino que además la situación real, la de los estafadores, se basa en el uso del engaño.



Y luego está el personaje de Fonda, cuyo trabajo como zoólogo que pretende escapar de su realidad de heredero es un tremendo macguffin, porque, como he dicho, el auténtico Charles no deja de ser un esterotipado niño mimado rico acostumbrado a conseguir todo aquello que le ha apetecido y a tener reacciones infantiles cuando no lo consigue.



De esta complejidad en la caracterización saca Sturges todo el potencial cómico posible, en una peli perfectamente estructurada en dos partes bien definidas. En la primera estaríamos ante una comedia romántica y screwball de libro, con los dos personajes conociéndose y enamorándose, y el guion explotando la interacción entre dos caracteres en principio opuestos. En la segunda parte, cuando Jean se convierte en Eva, asistimos a una comedia de costumbres (con la descripción y crítica del ambiente familiar y social de Charles) que deriva al humor físico del slapstick a través de cómo la presencia de aquella afecta al joven heredero.



Y tenemos que destacar la tremenda calidad de los diálogos. Ya he dicho que en cuanto a ritmo no alcanza el frenesí de las mejores comedias de un Howard Hawks, por ejemplo, pero prácticamente todos los textos están llenos de ironía y sarcasmo (cuando no de feroz crítica), de dobles sentidos o de abrumadora lógica. Son dignas de la historia de la comedia frases como "Ese sofá lleva ahí quince años y nadie se había caído por él antes" (dicha por el padre de Charles ante la enésima caída de este); "Seamos deshonestos, pero nunca vulgares" (dicho por el padre de Jean cuando esta usa lenguaje soez al hablar de un timo); Charles diciendo que en su mundo "los hombres tienen más cuidado al escoger sastre que al escoger esposa"; la demoledora y famosa frase de Jean al jurar venganza, "Le necesito como el hacha necesita al pavo"; la contradictoria y tremendamente cómica respuesta de Charles, "Se parecen demasiado para que sean la misma" al comentario de su guardaespaldas sobre que Jean y Eva "Son la misma tía", frase que por cierto se convierte en humorístico leit-motiv del film... y podríamos decir muchas más.



Hay que destacar las extraordinarias puesta en escena y dirección de Sturges: los ágiles movimientos de cámara, por la casa de los padres de Charles por ejemplo, o siguiendo a este y Jean bajando las escaleras entre las cubiertas del barco... Jean describiendo los flirteos de las pasajeras del barco con Charles a través de lo que ve en su espejo de bolsillo... la escena de la partida de poker entre Charles y el padre de Jean, con este intentando hacer trampas a las que ella pone obstáculos, y todo sin que aquel se entere... el extraordinario montaje de Eva contándole a Charles su vida amorosa, alternando imágenes del tren en el que viajan atravesando montañas y túneles con imágenes de la conversación entre ambos... la portentosa escena de Jean seduciendo a Charles en el camarote, a base de planos medios en los que le atusa el pelo y acaricia el rostro... la gran comicidad visual de la escena del padre de Charles pidiendo a gritos una comida que nunca le acaban de traer... Hay toda una variedad de recursos que permiten a Sturges insuflar aún más vida a su película.


Henry Fonda, no muy habitual en el campo de la comedia, está espléndido, dotando de la adecuada dualidad a su personaje, y el reparto de actores secundarios, de excelente comicidad, está brillante, destacando Charles Coburn, Eugene Pallette como el ricachón padre de Charles y William Demarest como el guardaespaldas. Pero por encima de todos está Barbara Stanwyck, para la que tengo difícil buscar adjetivos positivos que no suenen a tópicos o repetidos. Hay quien dice que es la mejor interpretación de su carrera, y no me atrevo a desmentirlo... aunque dicha carrera esté llena de tantos momentos extraordinarios que sea difícil destacar uno solo. Pero este papel, (en un año además en el que aportó otros del calibre de los de "Juan Nadie" y "Bola de fuego"), esta interpretación dual que hace completamente creíble sin ningún innecesario alarde, es sencillamente majestuosa.



"Las tres noches de Eva" es, repito, una de las mejores comedias de la historia del cine. Brillante en ejecución, espléndida en caracterización, lo suficientemente compleja en guion para mantenernos entretenidos, y con la comicidad suficiente para que nunca nos abandone, cuanto menos, la sonrisa. 9,5 redondeado a 10/10


 

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