Buenos días. ¡Vaaaamoooossss!
Ya tenemos el otoño tras la puerta, y es buena excusa para traer aquí una canción sobre la estación más bella del año. Para mí al menos, vaya. Y una que siempre me viene a la cabeza es Forever Autumn, del álbum Jeff Wayne’s Musical Version of The War of the Worlds publicado en 1978. Así que aprovecho para hablar de él. Prepárense, que va tocho. Pero la obra lo merece.
Todo empezó cuando en 1969 el músico británico de origen estadounidense Jeff Wayne recibió el encargo de su padre Jerry de poner la música a “Two Cities”, una adaptación de la novela de Dickens “Historia de dos ciudades” que estaba produciendo en el West End. La experiencia de Jeff se reducía a su participación años atrás en el grupo de folk–rock The Sandpipers pero solo en sus inicios, antes de que estos, ya sin la presencia de Wayne, alcanzaran el éxito con su versión de Guantanamera. Aun así, el músico tenía una formación clásica que su padre consideraba suficiente para la tarea. La obra no tuvo éxito precisamente, pero sí que llamó la atención de un director televisivo de anuncios publicitarios, lo cual llevó a una carrera fructífera en ese medio. Bastantes de esos jingles se hicieron extremadamente populares, como muestra el que de uno de ellos, para la ginebra Gordon’s, hizo una versión The Human League en 1980. Se calcula que durante los años setenta hizo la música de no menos de 3000 anuncios.
Por esa época Wayne conoció al cantante y actor David Essex cuando este participó en la versión inglesa de la ópera rock Godspell en 1971, y acabó produciendo buena parte de su obra, incluyendo el éxito Rock On (1973). Como mera curiosidad, porque no existe constancia grabada, a raíz de la andadura de Godspell en el West End, formó parte de un grupo, para nada casualmente llamado The Godspells, exclusivamente para actuaciones en directo en pubs, con Essex y la también miembro del reparto en esa obra Julie Covington, e igualmente futura integrante del proyecto de War of the Worlds. También produjo a un par de artistas más, incluyendo a Chris Spedding, con quien volvería a trabajar en la adaptación de la novela de Wells, y trabajó en dos películas, “El ídolo” (1974) de Michael Apted, para la que hizo los arreglos del tema principal interpretado por el protagonista David Essex, y el flojillo thriller “Terror nuclear” (1977) basado en una novela de Alistair MacLean, como compositor de la banda sonora.
Pero para esos momentos a Jeff ya le llevaba rondando la idea de profundizar en el tipo de trabajo de aquella “Historia de dos ciudades”, de hacer una adaptación musical de alguna obra literaria. Su padre le animó a ello, y entre ambos consideraron “20.000 leguas de viaje submarino” de Jules Verne, “Un mundo feliz” de Aldous Huxley, “El día de los trífidos” de John Wyndham y “La guerra de los mundos” de H.G. Wells. Fue esta, finalmente, la que Wayne vio que tenía mejores posibilidades, al combinar el espectáculo inherente a una invasión alienígena con temas muy humanos como la fe y la esperanza, además de tener una crítica al imperialismo británico que encajaba muy bien en ese ambiente descreído y escéptico que los años setenta habían heredado de la década anterior. Por otro lado, su fascinación por la célebre versión radiofónica de Orson Welles en 1938 y el que no le gustara la película de 1953 (afirmó sobre ella que era extravagante ciencia-ficción barata) imprimieron en su mente que la obra podría tener más fuerza dejando que el receptor (u oyente, en este caso) no dependiera de referencias visuales y supliera con su imaginación los huecos.
Tras una tenaz búsqueda del heredero de los derechos de H.G. Wells, Wayne le acabaría comprando los de “La guerra de los mundos” a comienzos de 1975. Empezó entonces a trabajar en la historia, que sería mucho más fiel a la novela original que adaptaciones previas: respetó la ambientación victoriana, y mantuvo al narrador en primera persona y la estructura episódica e itinerante, centrándose en los momentos clave: la llegada de los marcianos y su ataque a Londres, el enfrentamiento con la armada inglesa en el Támesis, la visión de una Tierra conquistada y anegada con una maleza roja, los encuentros con el párroco y el artillero huido y el desenlace. Solo se permitió aumentar el protagonismo del narrador periodista, eliminando al personaje del hermano y otros secundarios como el juez o disminuyendo al mínimo la presencia de otros, como la esposa del narrador (a la que cambia su estatus a novia y solo aparece en meras menciones), para simplificar algo el relato. Por otro lado, añadió algunos elementos que aportan dramatismo e incluso terror, como un personaje nuevo, la esposa del párroco y una coda final en el tiempo presente, a modo de epílogo pero también de final abierto o cliffhanger…
Con la ayuda escribiendo la letra de su colaborador Gary Osborne, Jeff dio forma a las canciones y poco a poco fue desarrollando una obra que algunos tratan de álbum conceptual pero que es en realidad una auténtica ópera rock, con un argumento lineal (escrito por Doreen Wayne, esposa de Jerry y madrastra de Jeff) apoyado en partes instrumentales y cantadas y leitmotifs. Para ello se unió una orquesta clásica de 40 personas con una banda de rock de diez que incluye a prestigiosos guitarristas como Chris Spedding (músico de estudio que además colaboró con los Pretenders en giras y tuvo un relativo éxito con su canción Motor Bikin’ en 1975). Otros miembros de la banda rock fueron el guitarrista Jo Partridge, otro prestigioso músico de estudio, Ken Freeman, a los teclados, o el bajista Herbie Flowers (intérprete del famoso riff y línea de bajo del Walk on the Wild Side de Lou Reed).
La magnitud de la obra implicó una compleja gestión de unos tres años, empezando con su composición en 1975 y luego, en 1976, con una grabación en Londres y otros lugares para acomodarse a las necesidades de los artistas implicados, a la que siguieron múltiples mezclas y un cuidado montaje. Musicalmente, mezcla un estilo sinfónico con rock y hasta música disco, con suntuosos arreglos de cuerda enfrentados a sincopadas o sutiles melodías de sintetizador y frenéticos solos de guitarra. El resultado fue una amalgama que parecía imposible que pudiera funcionar, un álbum doble de algo más de hora y media de música casi continua alternando canciones y recitados en una era dominada por la sencillez rebelde del punk y la sofisticación bailable de la música disco… y sin embargo funcionó, vaya que sí.
A esto ayudó, sin duda, la calidad de las canciones, que alternaron sinfonismo derivado en un subyugante salto mortal a ritmos de música disco arropada en sintetizadores (The Eve of the War), con el elegante romanticismo de Forever Autumn, el rock épico de Thunderchild, la ominosa disonancia casi blues reflejando a la vez muerte y belleza de The Red Weed, el dramático, operístico dueto rock de The Spirit of Man y el synth-funk sinfónico de Brave New World.
Para el reparto de su obra, Wayne quería actores-cantantes, o cantantes que supieran actuar o por lo menos dar el tono dramático que las canciones necesitaban. En un principio pensó en gente como Paul Rodgers, cantante de Bad Company y posterior sustituto de Freddy Mercury en Queen, y John Lodge, bajista de los Moody Blues (Carlos Santana fue asimismo considerado como uno de los músicos). Todos ellos llegarían a empezar a grabar sus partes, pero por distintos motivos acabaron siendo desechadas. Al final, el reparto definitivo, contando desde el principio con la entusiasta colaboración de su amigo David Essex, estaría formado además por Justin Hayward (cantante y guitarrista de los Moody Blues), Chris Thompson (de Manfred Mann’s Earth Band), Phil Lynott (de Thin Lizzy) y Julie Covington (que, aparte de haber actuado con Essex en Godspell como ya he dicho, había sido en 1976 la “Evita” original para Lloyd Webber y Tim Rice). Pero para el personaje principal que lleva el peso de la obra, el narrador-periodista, el único que no cantaba, Jeff quería alguien con una voz profunda dotada de un dramatismo clasicista pero también capaz de anclar la historia en la sensibilidad contemporánea. Desde el principio pensó en Richard Burton, aunque no tenía muchas esperanzas de que el actor galés aceptara implicarse en un proyecto así… pero por si acaso le envió una carta con el guion al camerino del teatro neoyorquino donde Burton estaba interpretando la obra de Peter Shaffer “Equus”. Para maravillada sorpresa de Wayne, Burton aceptó con entusiasmo.
Ya puestos a no reparar en gastos (el presupuesto inicial de 34.500 libras acabó elevándose a 240.000), se le dio al álbum un envoltorio atrayente, con una espectacular doble carpeta en la versión vinilo y una elegante caja en la versión cassette, incluyendo ambas un folleto de 16 páginas con espectaculares ilustraciones por los artistas Geoff Taylor y Peter Goodfellow e información sobre la obra. Incluso se hicieron versiones en otros idiomas en las partes habladas; por ejemplo, la española tuvo a actores de grandísimo prestigio en escena, pantalla y doblaje como Teófilo Martínez (narrador/periodista), Luis Varela (artillero), Daniel Dicenta (párroco) y Marisa Marco (la esposa del párroco). La misma versión se lanzó en Latinoamérica, pero con Anthony Quinn haciendo de narrador. Hubo otra alemana con Curd Jürgens interpretando al protagonista.
El resultado fue arrollador. Aunque a nivel crítico los analistas contemporáneos fueron en principio algo escépticos, con el paso de los años ha acabado siendo considerada una gran obra. A nivel de público, el éxito fue descomunal. Publicada en junio de 1978, se mantuvo en las listas británicas durante 330 semanas, alcanzando el número 5 en el Reino Unido, ventas en torno a los 15 millones de ejemplares en todo el mundo y recibiendo discos de oro y de platino en diferentes países. En cuanto a premios, recibió en 1979 en el Reino Unido el prestigioso premio Ivor Novello, en la categoría Best Instrumental or Popular Orchestral Work, y en Estados Unidos un premio especial, Best Recording in Science Fiction and Fantasy Award, otorgado por un jurado en el que estaban, nada menos, Steven Spielberg, George Lucas y Alfred Hitchcock.
Era difícil que Wayne repitiera en su carrera posterior una obra de este calibre… y no lo hizo. Siguió haciendo música para anuncios, escribiendo bandas sonoras para películas, entre ellas la parte instrumental del exitoso drama carcelario “McVicar” (1980) protagonizado por Roger Daltrey o actuando de productor de otros artistas. En 1992 publicó un proyecto con el mismo espíritu que su gran obra, Jeff Wayne's Musical Version of Spartacus, esta vez con una historia original de Wayne con libreto de los escritores Brian Sibley y John Spurling y un reparto de lujo que incluía, entre otros, a Anthony Hopkins, Catherine Zeta-Jones, Jimmy Nail, y, en la parte musical, el cantante de Marillion, Fish, y el grupo sudafricano Ladysmith Black Mambazo. Sin embargo, esta vez el resultado fue un fracaso.
También ha promovido nuevas versiones de su “The War of the Worlds”, tanto en álbumes remasterizados como en teatros. En 2006 se estrenaría en teatros y llevaría de gira un espectáculo con grandes efectos especiales en escena, incluyendo un Richard Burton “revivido” y espectaculares máquinas marcianas, manteniendo solo a Justin Hayward del reparto original. Y en 2012 se grabó una nueva versión, subtitulada como The New Generation Album, con nuevos intérpretes, destacando Liam Neeson como el narrador y Gary Barlow, de Take That, sustituyendo a Hayward. Esta versión es la que se ha llevado en nuevas giras en los últimos años, la última en 2025, pero con nuevos y diferentes repartos… excepto Neeson, que está presente a través de imágenes pregrabadas.
La canción que ha dado pie a este texto, Forever Autumn, fue el primer single del álbum de 1978. Es una hermosísima balada entre el folk y el rock progresivo que empieza con un suave riff de sintetizador seguido de una guitarra acústica para ir in crescendo con la suma del resto de instrumentos hasta llegar a una apoteosis final. Es, curiosamente, la única no completamente original en la obra. El origen está en la música de un anuncio para Lego que Wayne había hecho en Japón, una melodía de apenas treinta segundos a la que Jeff afirmó que quiso dar un aire al Bookends Theme de Simon & Garfunkel, cuya influencia se ve acentuada por el tarareo que hacen Gary Osborne y Paul Vigrass, que es imposible que no nos evoque el de la introducción de Mrs. Robinson.
Osborne y Vigrass le darían luego letra, y Wayne extendería la canción a unos tres minutos, convirtiendo aquella simple melodía en una balada folk-rock para su álbum Queues (con música y producción de Jeff) de 1972. Cuando Wayne acometió su proyecto sobre “The War of the Worlds” intentó por todos los medios que todo el material fuera nuevo, pero cuando llegó al momento de la historia en el que el periodista vaga por un Londres vacío echando de menos a su novia Carrie, el compositor recordó el tierno “Now you’re not here” que servía de leitmotiv a la canción de 1972, y, no siendo capaz de escribir algo mejor, decidió incorporarla. Lo que sí hizo fue adaptarla al concepto musical de su proyecto, disminuyendo el aire folk del tema mediante la introducción de sintetizadores y dándole ese dramatismo in crescendo del que hablé arriba, el cual encaja mucho mejor en el momento de la obra donde aparece. Justamente buscando ese dramatismo Wayne decidió que le hacía falta una voz que reflejara la introspección y tristeza del tema. Desde un principio pensó en Justin Hayward como única opción, considerando que el cantante de los Moody Blues aportaría una intensidad similar a la que en 1967 había dado a la famosa Nights in White Satin de su grupo.
El sol del verano se desvanece al tiempo que el año se hace viejo
y oscuros días se nos acercan.
Los vientos del invierno serán mucho más fríos
ahora que no estás aquí.
Observo a los pájaros volar al sur por el cielo otoñal
y desaparecer uno a uno.
Ojalá estuviera yo volando con ellos
ahora que no estás aquí.
Como el sol entre los árboles me declaraste tu amor,
como una hoja llevada por la brisa te marchaste.
A través del dorado manto del otoño nos abríamos camino.
Te encantaba este momento del año.
Nadie molesta esas hojas caídas ahora
porque no estás aquí.
De entre las muchas versiones en directo o televisivas con playback hechas por Hayward, escojo esta, que me parece sencillamente soberbia, de 1998. 20 años después, la canción aún estaba aquí. Hoy en día, aún está aquí.
Fuentes de los datos: Aston, Martin: The War of the Worlds begins, en Mojo, issue 334, September 2021, H Bauer Publishing, London.
Páginas web: Effectrode, Let it rock, diario The Guardian, Sound on Sound, Record Collector (1), Record Collector (2), mu:zines, Louder (1), Louder (2), Louder (3), Love 4 Musicals, las entradas correspondientes en Allmusic, IMDB, Discogs y Wikipedia
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