En un momento de La bola negra (Javier Calvo y Javier Ambrossi, 2026), Lorca le comunica a su confidente, secretario y amante, Rafael, su intención de escribir una obra absolutamente realista, sin adornos poéticos ni fantasiosos, una obra que hable con naturalidad de su condición de homosexual y su relación con el mundo. Rafael le responde que no lo conseguirá, ya que su alma poética se acabará imponiendo.
Las virtudes de la película y sus muchos defectos parten de esta dicotomía. La bola negra tiene un buen material de inicio, a saber: la existencia de una obra inconclusa del autor granadino, la denuncia explícita del fascismo que salió a la luz con la guerra civil, el deseo de dar exposición a la comunidad homosexual, una reflexión sobre el proceso creativo, una estructura narrativa a tres bandas que podría devenir en un montaje ágil, incluso una especie de whodunnit sobre el paradero de la obra inconclusa… y sin embargo, los Javis, incapaces de decidir con qué carta quedarse, si la de la aproximación realista o la poética, al final optan por las dos.
El resultado es una película de esas que llamamos “necesarias” y con una realización visual, eso no se le puede negar, espléndida y bella. Pero a mí me agobia. Me siento desbordado por tanta desmesura, por tanto drama desaforado, por esa catarata lírica, por ese diluvio de emociones y datos. No consigo conectar del todo ni con la historia narrada ni con el conflicto de los personajes porque demasiadas cosas me distraen. Veo en el film una sobrecarga de simbolismos, un ritmo fracturado que oscila entre escenas ciertamente vibrantes descriptiva y narrativamente hablando y otras cuyo contenido alegórico y simbólico ocultan innecesariamente la fuerza de aquellos momentos… y lo que es peor, que en bastantes ocasiones se alargan en un ejercicio de complacencia cargante.
La escena con la que empieza la película es una buena prueba. Arranca de manera excelente, con la llegada de la aviación italiana a un pueblo andaluz en plena guerra civil, con la población esperándoles cual si de unos berlanguianos Mr. Marshall se trataran, y deriva luego a unas imágenes vibrantemente rodadas en un realismo demoledor… para terminar en unas escenas cargadas de ese simbolismo que diluyen el efecto anterior y me desconectan. Esto se repite a lo largo del film. Demasiado para mi gusto.
La estructura del relato en tres historias paralelas en tres períodos concretos (1932, 1937, 2017) es un riesgo narrativo de los que me atraen, pero solamente al final me da la impresión de que las piezas del engranaje funcionan. Hasta ese momento me parece que el ensamblaje es en general deslavazado, que se pasa de una historia a otra solo porque los cineastas han decidido “que toca”. El nexo común entre las tres, la obra inacabada de Lorca, solo se hace diáfano al final, algo que en ocasiones puede ser eficaz, pero que en este caso se me antoja un brindis al sol, por bien hecho que esté.
El mayor atractivo de La bola negra queda para mí en su punto de partida temático, en que los Javis intentan no limitarse a hacer la enésima película sobre los horrores de la guerra civil y los desmanes del fascismo, al enmarcar todo ello en el whodunnit sobre el destino final de la obra inacabada de Lorca, una reflexión sobre el proceso creativo y una historia de amor. Pero tras esta premisa prometedora se oculta la incapacidad de los directores de armonizar tanto contenido.
La de 1937 tiene ese irreprochable comienzo que he mencionado anteriormente, y en general puede considerarse lo mejor de la película, al ser la que menos devaneos estéticos plantea. Hay un retrato de la guerra y del fascismo, y una historia de amor creciente entre el a su pesar soldado del bando rebelde Sebastián (Guitarricadelafuente) y el prisionero republicano Rafael (Miguel Bernardeau), que fluyen paralelamente en un montaje rápido y con pocas concesiones a un innecesario preciosismo simbólico (que aún así, haberlo, haylo, como ya he dicho). Ello no evita que es ahora cuando más involucrado me siento con la historia, cuando más me llegan sus personajes... aunque al final llegue un estrambote con la presencia del personaje de Lorca (Alberto Cortés). No porque la escena en sí esté mal hecha o interpretada, que no es así, sino más bien porque se le nota demasiado su condición de añadido que busca a última hora ese encaje con las otras tramas. Me da que el film funcionaría mejor sin esta escena, si hubiera mantenido su condición de un Lorca solo presente en espíritu y por menciones de los demás.
Otra escena que me parece un añadido que no aporta gran cosa al relato es la escena de cabaret para los soldados. Pero aquí digamos que lo voy a perdonar porque es sencillamente maravillosa. Si no estuviera, la historia no la echaría de menos… pero viendo la grandiosa interpretación de Penélope Cruz como la cantante Nené Romero, la magnificencia de los números musicales y su poder descriptivo, es de agradecer su presencia.
La trama de 1932 empieza de forma casi inmejorable, con esa denuncia de la homofobia de los elementos conservadores en tiempos de la recién estrenada Segunda República. Las escenas del “juicio” a Carlos (Milo Quifes), joven aspirante a la membresía del Casino de su ciudad, con lo que implica de su búsqueda de aceptación y prestigio social, y las razones por las que es rechazado, en una sucesión de gran orfebrería visual excelentemente narrada a base de travellings y buen y variado uso de planos, ofrece empaque a este comienzo. Pero poco a poco se va alargando otra vez la narración, cayendo en ese uso de simbolismo en exceso fantasioso y reiterativo, y llegando a un final que para muchos tendrá su poesía, pero que yo encuentro vacuo e interminable.
Poco que reprochar al trabajo actoral, que en general me parece que va de lo correcto a lo excelente, y de verle algún defecto, lo achacaría no tanto a sus intérpretes como a unos personajes que a veces carecen de una caracterización no demasiado profunda.
En resumen, no me parece una mala película La bola negra, ni mucho menos, pero tampoco me parece un gran film, y desde luego dista de ser una obra maestra. Veo en ella un desequilibrio brutal entre su excelencia visual y ocasionales virtudes narrativas y temáticas, por un lado, y su tremenda falta de engranaje entre sus partes, desmesura simbólica y excesivamente dilatado relato, por otro. Tiene los puntos necesarios para que me interese, pero la encuentro víctima de su amplitud de objetivos, rondando lo pretencioso, y durante más de la mitad de su exagerado metraje tiendo a desconectar y sentirme abrumado por su acumulación de contenido, sus altibajos rítmicos y contradicciones.
Hermosa de ver, difícil de digerir. 5,5 redondeado a 6/10.
Póster e imágenes de 'La bola negra' © Suma Content / El Deseo / Atresmedia Cine. Aparecen en este artículo bajo el derecho de cita amparado por el Art. 32.1 de la Ley de Propiedad Intelectual en España (LPI), con una finalidad exclusivamente informativa, crítica y de análisis cultural de la obra cinematográfica.










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