Farmacia de Alonso Luengo, en León. Foto de Jordi Asturies.

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martes, 22 de septiembre de 2026

Fred Astaire y Ginger Rogers / Ella Fitzgerald y Louis Armstrong: LET'S CALL THE WHOLE THING OFF

Buenos días. ¡Vaaaamoooossss!    

Let’s Call the Whole Thing Off es uno de los standards más apreciados de la historia de la música estadounidense. Fue escrita por el dúo compositor de los hermanos George e Ira Gershwin para Shall We Dance? (Mark Sandrich, 1937, con el horrible título Ritmo loco por aquí), la séptima película protagonizada por la pareja Fred Astaire y Ginger Rogers.

La canción está pensada como un dueto en el que una pareja intercambian reproches mutuos, usando las diferencias en pronunciación de una serie de palabras como metáfora de sus diferentes concepciones de la vida. Al enfrentar palabras mayoritariamente diferenciadas por el estatus social de sus hablantes (pronunciación popular frente a pronunciación refinada), tiende también a burlarse de quienes usan el idioma como signo de distinción. Esta burla se acentúa por el hecho de que alguna de las propuestas, como “potahto”, es inventada por el letrista.


La letra de Ira Gershwin es soberbia, poniendo cada vez ejemplos más rebuscados y, proponiendo alternativamente a lo largo de la canción que, por un lado, dadas esas irreconciliables diferencias “en pronunciación”, la pareja corte la relación, como bien refleja el título. Pero por otro lado sugiere que cada cual ceda ante los gustos de la otra persona porque en realidad se aman y se necesitan, optando por no cortar, o, en un espléndido juego de palabras, “cortar con la idea de cortar”.


Y ahí es donde la canción, y su título, adquiere una ambigüedad que en su inicio no existía: esa cosa que se sugiere dejar aparte en el título, ¿es la relación o las estúpidas diferencias que separan a la pareja? El hecho de que la frase “potato, potahto” (o “tomato, tomahto”) se haya incorporado al léxico del inglés justamente para expresar que no merece la pena discutir sobre dos alternativas si estas no tienen importancia o incluso son la misma cosa, nos debería dar una pista sobre el sentido real de la canción. 


Las cosas han llegado a un punto sin retorno,

nuestro amor se vuelve rutina

porque a ti te gusta una cosa y la otra, 

y a mi me va esto y aquello.

Dios sabe cómo acabaremos,

ya no sé que pensar...

Si los dos no actuamos como si fuéramos uno,

algo habrá que hacer.


Tú dices “eether” y yo digo “eyether”,

tú dices “neether” y yo digo “nyther”,

“eether”, “eyether”, “neether”, “nyther”,

mejor lo dejamos.


A ti te gusta “potato” y a mi “potahto”,

a ti te gusta “tomato” y a mi “tomahto”,

“potato”, “potahto”, “tomato”, “tomahto”,

mejor lo dejamos.


Pero si lo dejamos,

tendremos que separarnos.

y si nos separamos,

¡eso me rompería el corazón!


Así que si a ti te gustan los “pajamas” y a mi los “pajahmas”,

yo usaré “pajamas” y dejaré los “pajahmas”,

porque sé que nos necesitamos,

así que mejor dejamos eso de dejarlo.

¡Mejor lo dejamos!


Por tanto, la canción es una auténtica batalla de sexos con final feliz, que encaja en la screwball comedy para la que fue compuesta: es posible, como dicen bastantes críticos, que Shall We Dance? no sea la mejor película de la pareja Astaire/Rogers, que la fórmula ya estaba agotada… pero al mismo tiempo creo que, al centrarse más en esta batalla de sexos derivada de una serie de equívocos que en los números de baile (que siguen siendo excelentes, por cierto), es para mí la película más divertida entre las que protagonizaron.


Musicalmente, la canción tiene una melodía muy sincopada, combinando el estilo de un musical teatral con un ritmo muy jazzístico. Por esto último, no es extraño que se haya convertido en un estándar del jazz, algo que sobre todo se debe a la extraordinaria versión que hicieron Ella Fitzgerald y Louis Armstrong en 1957, en el álbum Ella and Louis Again, “secuela” de un primer álbum compartido el año anterior. Los dos intérpretes reproducen en un ambiente de sana camaradería y comicidad la batalla de sexos de la canción, e incluso improvisan líneas para hacerla más palpable. Por supuesto, se acentúa el tono jazz del tema sobre el más crooner, gracias al talento vocal de los dos artistas pero también al fondo musical que aporta The Oscar Peterson Trio.


Billie Holiday (1957) y Sam Cooke (1961) hicieron muy buenas versiones del tema también, pero si la canción ha pervivido hasta nuestros días es gracias a su uso en la película Cuando Harry encontró a Sally (When Harry Met Sally, Rob Reiner, 1989), en la que es la canción leitmotiv de la historia (reflejando las discrepancias entre los dos personajes protagonistas y su inicial separación por ellas) junto a otro gran estándar estadounidense, It Had to Be You, que reflejaría el que están destinados a enamorarse. Let’s Call the Whole Thing Off se usa, pero solo con algo de la parte cantada por Armstrong, en la escena en la que la pareja llega a Nueva York tras una noche de discusión continua y se despiden junto al arco de Washington Square Park. Como en el disco de la banda sonora se quería promocionar al crooner Harry Connick, jr., en el mismo no se incluye la versión completa de Ella y Louis, sino una versión, excelente por otro lado, a cargo de Connick. Por cierto, es curioso que ninguna de estas versiones usa la estrofa de introducción y empieza directamente en los versos con las discrepancias.


Y por supuesto, está la versión primigenia de Shall We Dance?, la de Ginger y Fred, espléndida, con el famoso número de baile patinando y haciendo claqué en Central Park. 


No sé con qué versión quedarme, si con la de Ella y Louis o la de Ginger y Fred… Naaa, potato, potahto, las dos son una maravilla.



Fuentes de los datos: Musician Wages, "Ella Fitzgerald and Louis Armstrong", by Professor David Peimer, Jazz History Online, Interlude, GrammaristCooke, Mervyn: A History of Film Music, Cambridge University Press, 2008 y las entradas correspondientes en Allmusic, IMDB y Wikipedia

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