Buenos días. ¡Vaaaamoooossss!
Laisse tomber les filles, publicado en 1964, no fue el primer éxito del movimiento yé-yé francés ni el primero de su intérprete France Gall, pero sí que tiene el honor de ser la primera canción del género en presentar a la mujer como dueña de su destino y no solo cantando desengaños amorosos, al contar en un tono más jazzístico que rock la historia de una chica que advierte a un chico que deje de aprovecharse de las mujeres o lo acabará pagando.
Deja en paz a las chicas.
Un día serás tú al que dejarán.
Deja en paz a las chicas.
Un día serás tú el que llorará.
Sí, yo lloré, pero ese día
no lloraré, no.
Diré que te lo tienes merecido,
diré que eso te enseñará.
Deja en paz a las chicas
o verás lo que te pasa.
Deja en paz a las chicas
o un día lo pagarás.
No se juega impunemente
con un corazón inocente.
Verás lo enfadada que estoy
dentro de poco.
La suerte abandona
a quien no sabe más
que dejar corazones heridos.
No tendrás a nadie
que te consuele
y te lo habrás ganado.
Nadie se compadecerá de ti
excepto tú
y entonces te acordarás
de todo esto que te digo.
Lo irónico y lamentable de este manifiesto es que fuera escrito por Serge Gainsbourg, a quien no se le podrá negar su talento musical, pero cuya actitud, siendo generosos, misógina le llevó a aprovecharse de la mayoría de las jóvenes cantantes bajo su manto. Lo sucedido con la propia France Gall y el tema Les sucettes en 1966 es un buen ejemplo, y daría para otro envío en esta bitácora...
Después del éxito del tema que me ocupa hoy, Gall se consagró definitivamente a nivel internacional en 1965 con su triunfo en el Festival de Eurovisión con la canción Poupée de cire, poupée de son, también de Gainsbourg. Tras el desencuentro con este en 1966 y su ruptura definitiva en 1968, pasó por un período oscuro del que resurgiría a mediados de los setenta.
En cuanto a Laisse tomber les filles, la cantante californiana April March hizo en 1995 una versión en inglés titulada Chick Habit, que luego sería usada de manera muy irónica pero apropiada por Quentin Tarantino en la escena final y créditos de su película Death Proof de 2007, lo cual mantuvo viva la canción de France Gall como la joya pop que es.
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