Buenos días. ¡Vaaaamoooossss!
El álbum Graceland de Paul Simon cumple hoy cuarenta años. En julio de 1986 ya había sido publicado el single anticipo You Can Call Me Al, pero fue exactamente en esta fecha de ese año cuando el disco completo vio la luz. Y el mundo del pop, el rock, o como quieran llamarlo, cambió con él.
Esto no es porque Simon fuera el primer artista occidental en dar a conocer globalmente ritmos y melodías africanas, algo que, por ejemplo, antes acometió con gran calidad y cierto éxito el inglés residente en Sudáfrica Johnny Clegg y su grupo multirracial Jujuka, con temas como Scatterlings from Africa, de 1982. Pero lo de Paul Simon fue mucho más lejos, por su variedad y fusión de estilos, por la tremenda calidad de sus letras y, ante todo y sobre todo, por la más que masiva, a nivel de público, crítica y honores, repercusión del álbum, que terminó de abrir definitivamente las fronteras de la música africana al resto del mundo.
A pesar de su éxito y el apoyo casi unánime de la crítica, el disco estuvo, y aún lo está cuarenta años después, inmerso en polémicas en lo que respecta a su situación respecto al boicot del régimen del apartheid sudafricano, apropiación cultural o controversias autorales, pero más allá de dar enlaces con información sobre ellas, no las discutiré aquí porque el debate, con muchos puntos oscuros y con numerosos argumentos a favor y en contra haría este texto mucho más largo aún.
De lo que sí puedo hablar con obvio y pleno conocimiento de causa es del impacto musical qu tuvo el disco en mí. Fan fiel y confeso desde muy joven de la trayectoria de Paul Simon, tanto de su emblemático dúo con Garfunkel como en solitario, sus discos de comienzos de los ochenta me habían decepcionado salvo en alguna canción aislada. Por eso, el escuchar Graceland supuso una sorpresa, un auténtico shock. Primero porque ahí estaba una música que para mí era completamente nueva y que me subyugó, y luego porque recuperaba al Simon más brillante líricamente hablando.
Buena prueba es el corte que abre el álbum, The Boy in the Bubble, una explosiva fusión de rock y la música originaria de Lesotho llamada famo, que se distingue por su predominancia de acordeón y armonías vocales y temas de índole cotidiana y social (se asoció a los exiliados que llegaban a Lesotho huyendo del apartheid en Sudáfrica).
La ya famosa para la historia del rock cinta de cassette con temas de música sudafricana que inspiró a Simon para este radical cambio en su música, llevó al cantante a una investigación que le hizo descubrir la canción Ke Ikhethetse E Motle del grupo de Lesotho Tau Ea Matsekha. El tema, en principio una canción de amor (la traducción del título sería algo así como "He elegido a una mujer hermosa") fascinó a Paul por su pegadizo ritmo y sobre todo el uso del acordeón como elemento esencial Se puso en contacto con el líder del grupo y compositor Forere Motloheloa y le contrató para las primeras sesiones de grabación del disco, en los Ovation Studios en Johannesburgo. Ahí partieron del riff y línea de acordeón del músico de Lesotho para empezar a reformar la canción. Por la evidente contribución al tema definitivo, Motloheloa es uno de los músicos africanos que reciben crédito coautoral en el álbum Graceland.
Motloheloa aportó el acordeón y, junto al resto de músicos africanos participantes en la grabación, (incluyendo al bajista Bakithi Kumalo, también presente en otros temas del álbum, particularmente You Can Call Me Al) el ritmo de base original y, ya de vuelta en Estados Unidos, Simon, junto a su ingeniero de toda la vida, Roy Halee, le añadieron toques rock en instrumentación y estructura. Pero, sobre todo, Simon aportó una extraordinaria letra que cambia por completo el contenido lírico del tema original. Uno de los reproches que se le han hecho al cantante estadounidense es que no usó su música sudafricana para denunciar el apartheid o al menos plantear un mensaje político. Y es verdad que en la gran mayoría de los temas no hay tal cosa, la idea de Simon no iba por ahí y pretendía apelar a un público más general, para bien y para mal, pero resulta que en este tema que inicia el álbum sí que hay, si no una denuncia, al menos una crítica a un mundo contemporáneo que es capaz de crear lo más bello y lo más horrible, a través especialmente de una tecnología que puede tanto curar como matar.
Así, la canción empieza demoledoramente con una estrofa sobre un atentado terrorista a la que sigue el estribillo, que habla sorprendente e irónicamente de una era de "prodigios y maravillas", entrando en una serie de contrastes entre tecnologías que nos acercan el universo, nos ponen en contacto con lugares lejanos, que pueden curar (en un maravilloso par de versos de espléndido contraste aliterativo the boy in the bubble / the baby with the baboon heart), pero que no pueden mejorar la vida en el desierto, o, en otro par de versos en este caso tristemente premonitorios, que nos trae constante información al servicio de millonarios y billonarios... No llego a decir, ni mucho menos, que sea una de las mejores letras escritas para una canción rock, como dijo Peter Gabriel, pero para mí está sin duda entre las mejores letras escritas por Paul Simon... .
Mas allá de polémicas, Graceland es un disco mayestático. Y The Boy in the Bubble, el mejor comienzo que podía tener. Habiendo insertado ahí arriba la versión interpretada en The African Concert en Zimbabwe en febrero de 1987, dejo aquí enlace al espléndido videoclip de promoción. Y, como curiosidad, añado la interesante versión del tema que hizo Patti Smith veinte años después.
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