No sé si es verdad lo de que cuando te mueres toda tu vida pasa ante tus ojos, ni prisa que tengo por saberlo, pero sí sé que cuando se muere alguien que aprecias, personalmente o no, te pones a recordar los buenos momentos vividos con esa persona. Así que se muere Robin Williams, con quien tantos buenos ratos pasaste, desde el extraterrestre pasado de vueltas hasta el fotógrafo psicópata, desde las risas explosivas hasta los escalofríos de inquietud, y te haces tu propio pot-pourri de recuerdos.