Farmacia de Alonso Luengo, en León. Foto de Jordi Asturies.

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sábado, 28 de febrero de 2026

PREMIOS GOYA 2026

   

Bueno, pues estas son mis preferencias y apuestas "quinielísticas" para los Premios Goya que se entregan hoy. En general, no creo que me den en el gusto, de hecho la inexplicable ausencia de la para mí maravillosa "Una quinta portuguesa" en las principales categorías ya me deja un poco fuera de juego. Pero en compensación, siempre queda disfrutar, como en toda gala de este tipo, del glamour cinéfago, poner a caldo los números de canto, baile y humor, quejarse de lo largos que son los discursos de agradecimiento, aplaudir los momentos reivindicativos... y hacer la quiniela a ver cuanto acertamos. Que esto también es disfrutar del cine, recarambas.

Una peli al día (2026-02-27): LOS DOMINGOS (Alauda Ruíz de Azua, 2025) 5/10

© ver pie de tercera foto

Sé que aquí voy a ir contracorriente al hablar de la supuesta película española del año, pero estoy casi completamente seguro de que si “Los domingos” (Alauda Ruíz de Azúa, 2025) no tuviera la temática que tiene sería considerada una película no necesariamente mala, pero sí del montón. Digna, y en general bien interpretada, pero con una dirección rutinaria sin ningún riesgo, que se limita a hacer lo mínimo para que la historia fluya y sea accesible, lo cual no es criticable, faltaría más, pero tampoco merecedor de elogios a la creatividad precisamente,  y, lo peor, con un guion muy manipulador y lleno de trampas.

 En principio, no se le puede negar atrevimiento por plantear el tema de la vocación religiosa en una adolescente en los tiempos descreídos que corren, y cómo impacta en su familia, y en ese punto de partida está una de las virtudes del film. El problema es que alardea de mantener una equidistancia que permita al espectador tomar sus propias decisiones… y salvo en momentos muy concretos que mencionaré por ahí abajo, no lo consigue. Es más, me temo que no pretende conseguirlo.

Enrique del Teso en el diario Nortes: "Inmigrantes, okupas, burka, ETA, therians, hombres indefensos"

Inmigrantes, okupas, burka, ETA, therians, hombres indefensos - Nortes | Centradas en la periferia
Foto usada en el artículo en Nortes

 Citas del artículo de Enrique del Teso en el periódico Nortes, 28-2-2026

"Por opacidad, por indiscreción, por falta de consecuencias, por algoritmos codiciosos, la verdad, es decir, la realidad, tiene tan poco peso que llegamos a no reconocerla. La mentira se acepta a pesar de saberse que es mentira mientras confirme un estado emocional negativo, justifique una conducta que nos conviene o dé sentido a las cosas." 

Pop-Tops: THAT WOMAN

 Noche de Premios Goya hoy, así que vamos a mezclar música y cine. "Un, dos, tres... al escondite inglés", de 1970, fue el primero de los dos únicos largometrajes dirigidos por Iván Zulueta (el otro siendo el magnético y maravilloso "Arrebato"), una auténtica locura improvisada entre amiguetes del mundo del cine, la televisión y la música que imitando en lo posible el estilo de Richard Lester en sus películas con The Beatles, se pretendía, y conseguía ser, parodia de festivales a lo Eurovisión, contando con la participación de un buen número de grupos pop y rock de los años sesenta, entre ellos Vainica Doble, Los Íberos, Formula V, Los Buenos...

viernes, 27 de febrero de 2026

Una peli al día (2026-02-26): LA CRUZ DE HIERRO (Sam Peckinpah, 1977) 6/10

© StudioCanal
Se puede, y se debe, decir cosas buenas de “La cruz de hierro” (Cross of Iron, Sam Peckinpah, 1977). Se puede mencionar su retrato de la absoluta deshumanización y crueldad de la guerra, retrato aún más profundo desde el momento en que se nos ofrece desde el punto de vista de los tradicionales villanos del género, el ejército nazi. Se puede mencionar el cinismo típicamente peckinpahiano y la ridiculización del concepto de honor simbolizado por la condecoración que da título al film. Se puede hablar del menosprecio a la violencia destructiva y asesina mediante el uso del efecto contrario, la muestra de la misma en toda su gloria y gore. Y se puede hablar de gran parte de sus personajes, involucrados en el conflicto a su pesar, o, tras el entusiasmo inicial, absolutamente decepcionados y horrorizados.

Pero también, me temo, se debe hablar de la confusa narrativa derivada de su naturaleza episódica y de sus escenas de batallas caóticamente expuestas y buscando más un efecto cara a la galería que aportar algo al relato. Se debe decir que, si se pretende que sintamos empatía por estos soldados abandonados y sin futuro, no se desarrolla lo suficiente su carácter como para que nos preocupemos por ellos. Y finalmente, que no solo Peckinpah había puesto ya sobre el tapiz esas ideas contra la violencia en otras películas, y mucho más eficientemente, sino que, lo peor de todo, este film ya ha dicho todo lo que tenía que decir a mitad de metraje, con lo que en su segunda parte se hace largo y repetitivo, a ratos rozando lo insoportable.

Petula Clark: LA GADOUE

De mayo a septiembre

nos harían falta botas de goma

para chapotear en el barro.

Una a una, las gotas de agua

nos corren por la espalda

y chapoteamos en el barro.

 

Petula Clark fue una de las cantantes inglesas de los años sesenta que tuvo un éxito considerable en Francia ya fuera haciendo versiones en francés de sus temas publicados en el Reino Unido, o con canciones específicamente compuestas para ella. Se calcula que los EPs publicados en Francia a lo largo de la década vendieron por término medio en torno al medio millón de copias. 

jueves, 26 de febrero de 2026

Una peli al día (2026-02-25): SORDA (Eva Libertad, 2025) 8/10

© Nexus CreaFilms, Distinto Films, A Contracorriente Films

Había dilatado durante casi un año el ver “Sorda” (Eva Libertad, 2025) porque, a pesar de las buenas referencias que iba recibiendo de ella, me temía que me iba a encontrar con un film ñoño sobre personas con discapacidad auditiva enfrentadas a un mundo para el que no están preparadas y mostrando como su valor, simpatía y buen rollo eran más que suficientes para superar las dificultades e integrarse sin mayor problema en dicho mundo. Temía, en resumen, el efecto CODA, la bienintencionada pero en exceso moralista, manipuladora y torpemente realizada peli de hace cuatro años que se acabó llevando premios a tutiplén, incluido el Oscar a Mejor Película (?) el año en que estaban nominadas “Belfast”, “Licorice Pizza”, “El poder del perro” y, sobre todo, la maravilla spielbergiana “West Side Story”. Pero no divaguemos…

 

Decía que tenía mis prejuicios montados sobre “Sorda”, y tras verla debo decir que me ha sorprendido muy favorablemente, porque evita brillantemente la tentación de mitificar a las personas sordas y nos las muestra con sus virtudes pero también con sus imperfecciones, y porque, aunque hay su buena dosis de denuncia, no es para nada moralizante y por ello no solo no manipula al espectador, sino que le da absoluta libertad para que se haga su composición de lugar. O sea que tranquilidad, que no estamos ante el efecto CODA de comedieta de buen rollo, aquí estamos ante un drama con todas las de la ley, donde nadie es perfecto, donde hay conflicto real, una historia irreprochablemente contada, pausada pero con un ritmo sin descanso… pero también con sus problemas, surgidos justamente de su deseo de escapar a los tópicos y de su exceso de ambición temática.

 

Ángela (Miriam Garlo) es una mujer sorda de mediana edad que vive felizmente en una zona rural en compañía de su pareja oyente Héctor (Álvaro Fernández), trabajando como alfarera. Su condición no impide que tenga una fluida relación con sus relaciones oyentes, como sus padres, sus compañeros de trabajo o con Héctor, así como un grupo de amistades también sordas. La situación se complica cuando queda embarazada y tiene una hija, viéndose entonces obligada a afrontar un mundo que no está preparado para ella… o viceversa.

 

© Nexus CreaFilms, Distinto Films, A Contracorriente Films

Así, la historia presenta un conflicto, lo cual ya la pone por encima de otras películas sobre personas con discapacidades. El ambiente pastoral e idílico de la primera parte de la película se viene abajo tras el embarazo y el parto. Los personajes cambian al cambiar la situación; Ángela porque se da cuenta de las dificultades reales que tiene que superar para adaptarse, y ello conlleva que su en principio afable y dulce carácter se agrie y se vuelva egoísta, y los otros, los “oyentes”, igualmente egoístas, que no tienen problema en encajar en un mundo que no les plantea esos problemas, y por ello ni pueden, ni está claro que quieran, entender el cambio operado en la protagonista. Como ya he dicho, otro mérito del film está en que los personajes distan de ser perfectos.

© Nexus CreaFilms, Distinto Films, A Contracorriente Films

 El desarrollo de este conflicto me parece excelente, y está narrado de una manera plenamente convincente, mediante pequeños episodios sutilmente ensamblados, donde las elipsis no son para nada traumáticas argumentalmente hablando, en un período de tiempo de unos dos años más o menos, con una cámara que se mueve firme entre los personajes y nos empapa de sus personalidades. “Sorda” tiene dos partes (o tres si consideramos que la segunda tiene una evidente subdivisión), separadas con la secuencia más potente del film, la del parto, que, además de destacar por su crudeza psicológica, muestra abiertamente la clave sobre la que gira la trama.

© Nexus CreaFilms, Distinto Films, A Contracorriente Films

La película no pretende moralizar, aunque obviamente sí transmite ese mensaje de lo fácil que es la integración de las personas con discapacidades siempre que no se aventuran en ciertas complicaciones, como el tener hijos, que son de lo más normal para las personas sin tales discapacidades. Hay una escena clave de Héctor y Ángela con los padres de esta donde se deja apabullante y tristemente clara tal idea. Otra escena clave sería la escena en la farmacia donde queda manifiesta otro concepto: por su incapacidad para ayudar, es el mundo “oyente” el que no está preparado para convivir con el mundo “sordo”. No al revés.

 

© Nexus CreaFilms, Distinto Films, A Contracorriente Films

El problema que yo veo en este por otro lado más que estimable film es que su amplitud temática no se corresponde del todo con lo que es narrado. La película toma siempre el punto de vista de Ángela, la cámara casi siempre está centrada en ella, cuando no detrás de ella, y sin embargo durante dos tercios del metraje no experimentamos lo que ella experimenta. La vemos relacionarse con los oyentes, y viceversa, vemos el cariño mutuo, vemos los intentos de comunicación mediante el lenguaje de signos o la lectura de labios… Es como si la peli fuera sobre la chica sorda, sí, pero no en su mundo sino en el mundo oyente, con los sonidos de conversaciones, risas, la naturaleza... Quiero pensar que es un efecto buscado, pero aún así me mantuvo perdido durante cierto tiempo del visionado.

 

© Nexus CreaFilms, Distinto Films, A Contracorriente Films

Hasta que avanzada la segunda parte de la peli, una vez nacida la pequeña Ona y con el conflicto manifiestamente en proceso, todos los sonidos desaparecen y por fin se nos pone en el lugar de Ángela. Por fin empezamos a entender su desamparo y soledad. Son las escenas más tristemente hermosas y clarificadoras de toda la película, y las que le dan el sentido definitivo… aunque uno no puede evitar pensar que si este cambio se hubiera producido antes, por ejemplo durante la escena del parto, el efecto dramático habría sido más poderoso y, al menos para mí, el mensaje habría sido menos confuso.

Por lo demás, repito que es un muy digno film, de fácil y satisfactorio visionado, y con una pareja protagonista, Garlo (hermana sorda de la directora Eva Libertad) y Cervantes, que bordan absolutamente sus papeles y se hacen nuestros, tal es la empatía que provocan. Gracias al mensaje que intenta transmitir, y a pesar de alguna dificultad en dejarlo claro, apuntémoslo a esa categoría de películas “necesarias” que deberían ser vistas por cuanta más gente, mejor. Y como cinematográficamente es más que correcto, tenemos un motivo más. 7,5 redondeado a 8/10.

 


 


Radio Futura: ROMPEOLAS

 

Y no temas que a tu traje

le salpique el oleaje.

Una sombra se ha movido,

¡se oye un ruido!

Hablemos a solas

en el rompeolas…

Radio Futura irrumpió en 1980 en el panorama de la música española en lo que no se sabe a ciertamente, o por lo menos yo no sé, si hay que definir como la Nueva Ola o la movida. De todos modos, el grupo, proyecto del pintor/teclista o lo que se dio en llamar "agitador cultural" Herminio Molero, al que se sumaron los más jóvenes Javier Pérez Grueso (voz, percusión electrónica), los hermanos Auserón, Santiago (voz, guitarra) y Luis (bajo), y Enrique Sierra (guitarra), debutó con el álbum "Música Moderna", una deliciosa amalgama de melodías pop adornadas con sonidos de sintetizador que representaban muy bien la época en la que se publicó... aunque la disquera, Hispavox, no acabó de entender de qué iba la cosa y pretendió explotarles comercialmente como parte del fenómeno fans de aquel momento, llegando a incluirles en un LP recopilación junto a artistas de la compañía como Pedro Marín o Leif Garrett... 

Quizás en parte por este motivo o quizás porque no les convencía la prevalencia del "sonido Molero", los Auserón y Enrique Sierra pretendieron llevar el grupo por otro camino, lo cual llevó a desavenencias que terminaron con la salida de Pérez Grueso y Molero, una disputa legal por el nombre del grupo, enfrentamientos con una Hispavox que no creía en la nueva línea de la banda y se resistía a publicarles más trabajos... y un rechazo del trío de lo que supuso creativamente "Música Moderna", del que renegaron hasta el punto de no volver a interpretar temas en él. Y es una pena, porque entre experimentaciones sonoras que a veces, es cierto, ahogaban las melodías, salen a flote con luz propia temas del calibre del exitoso single "Enamorado de la moda juvenil", o "Ivonne", el maravilloso reggae "Zombi", la genial versión del "Ballroom of Mars" de T-Rex, que bajo el nombre de "Divina" convirtieron en un homenaje a Olvido Gara "Alaska", que además cuando salió en single llevó como cara B "Interferencias", una de las mejores canciones de la carrera del grupo, posiblemente la razón por la cual sí que recuperaron posteriormente en directo.

Así las cosas, el grupo se reformula en 1981 con los Auserón y Sierra, más el baterista Carlos (Solrac) Velázquez, en la formación típica del rock. Empiezan a foguearse en diversas actuaciones en directo que les van dando un aura legendaria, hasta que en 1982 sorprenden (a los que no tuvimos la oportunidad de seguirles en esa etapa en directo, claro está) con el extraordinario single "La estatua del Jardín Botánico/Rompeolas", ejemplo palmario de lo que es una doble cara A. Porque si el primer tema bien merece su condición de canción clave de la historia del pop-rock español, la supuesta cara B es una delicia rockera, saltarina y pizpireta, que si no está a la altura del tema estrella le falta poco. 

Con este single, y otro publicado meses más tarde, con el tema funky "Dance usted" y el instrumental rockero "Tus pasos", parecen cumplir sus obligaciones contractuales con Hispavox y firman con Ariola, que en 1984 les publicará el esencial "La ley del desierto/La ley del mar", con el que iniciarán una trayectoria en la que, sin abandonar su componente rockero, irán incorporando sonidos latinoamericanos en una mezcla que les convertirá en uno de nuestros grupos fundamentales. Pero, como siempre decimos, eso es otra historia.

Dejó aquí la versión en single de "Rompeolas"...

 
 
... y añado aquí una versión en directo durante su legendaria actuación en el programa de Angel Casas "Musical express", en la que interpretaron temas de sus dos singles de 1982 y anticiparon otros del álbum "La Ley...". No tengo claro si el programa se emitió en 1982 o 1983.
 
  

 

 Fuente de los datos: Página web La fonoteca y Lesende, Tito y Neira, Fernando, 201 discos para engancharse al pop/rock español, Iberautor Promociones Culturales, Madrid 2006 

miércoles, 25 de febrero de 2026

Una peli al día (2026-02-24): MISIÓN DE AUDACES (John Ford, 1959) 8/10

© Amazon MGM Studios.

Venga, película de maestro del cine que no está entre las más apreciadas de su carrera. Lees sobre ella por ahí, y el sambenito de “obra menor” está a la orden del día. Tonterías. En lo que respecta a “Misión de audaces” (The Horse Soldiers, John Ford, 1959), me quedo con lo que dice Oti Rodríguez Marchante sobre ella en su artículo en el libro sobre la filmografía de Ford publicado por Notorious. Es una obra maldita. Así es, no menor, con lo que ello implica de peyorativo. Maldita. 

 Maldita porque Ford trabajó con un guion que no le acababa de convencer, porque no soportaba a Martin Rackin, coguionista y productor no acreditado, porque por motivos de salud no pudo probar ni una gota de alcohol mientras que sus protagonistas Wayne y Holden se lo pasaban de miedo con él, porque Holden se pasó parte del rodaje aquejado de gripe, porque Ford desafió las leyes segregacionistas de Louisiana al hacer que los extras negros cobraran igual que los blancos, pero no pudo conseguir que Althea Jones, que interpretaba a la esclava Lukey, pudiera alojarse donde el resto del equipo, con lo que para ahorrarle la humillación rodó sus escenas en Hollywood, y, sobre todo porque al final de la producción falleció el especialista y viejo amigo de Ford Fred Kennedy tras una escena en la que debía caer de un caballo, con lo cual el director, tremendamente afectado, aceleró el final del rodaje privando de un final glorioso a la peli… aunque dejando un final bellamente melancólico. Y a pesar de todas estas vicisitudes, nos dejó un film que, vale, no está entre sus obras maestras, pero que es ciertamente espléndida. “Obra menor”… sí, claro. 

© Amazon MGM Studios.

 Durante la Guerra de Secesión, el coronel de caballería John Marlowe (John Wayne) recibe la misión de infiltrarse en territorio controlado por los sudistas para destruir un almacén de suministros y la vía férrea por la que son transportados al ejército confederado. Deberá aceptar la presencia del Mayor Henry Kendall (William Holden), con el que tendrá constantes enfrentamientos y desacuerdos sobre el concepto del deber y la asistencia humanitaria a las víctimas de la guerra. En el transcurso de la incursión, hacen noche en una plantación donde la dueña, Hannah Hunter (Constance Towers) les hace de anfitriona. Hannah y su criada y esclava Lukey (Althea Gibson) espían una reunión del mando miliar del grupo y se enteran de lo planes de su misión, lo que hace que Marlowe les obligue a acompañarles para asegurarse de su silencio. A lo largo del viaje se sucederán los enfrentamientos entre el trío protagonista, y para cuando lleguen a la ciudad donde deben acometer la destructora misión y enfrentarse a las fuerza sudistas, no serán exactamente los mismos…  

© Amazon MGM Studios.
 Posiblemente, si la peli hubiera tenido mejor aprecio de público y crítica, e incluso del propio Ford, estaríamos hablando de una “Tetralogía de la caballería” y no de una “trilogía”. O puede que no, porque no hay en “Misión de audaces” una visión romántica del estamento militar. Tampoco hay una especialmente visión crítica sobre el mismo, como sí la hay, a pesar del romanticismo, en la emblemática trilogía. Lo que hay en este film es un acercamiento lánguido, crepuscular, al ejército, motivo por el que hay analistas que hablan de este film como la antesala de los westerns otoñales y revisionistas con los que Ford iría preparando su despedida del cine, en especial “Dos cabalgan juntos” y la definitiva y definitoria “El hombre que mató a Liberty Valance”.

 Porque para empezar, “Misión de audaces” es una peli pacifista. Así, como suena. Aún aceptando la importancia del conflicto bélico descrito, resulta que no hay épica alguna en las secuencias de combates, Marlowe es un antiguo constructor de vías férreas en la vida civil que ahora se ve en la paradójica situación de tener que destruir una, se acaba arrepintiendo de todas y cada una de las muertes, las propias y las enemigas (de hecho, solo se le ve empuñar un arma y disparar al final), y su conflictiva relación con el médico Kendall acaba erosionando su actitud más de lo que el pensaba. 

© Amazon MGM Studios.

 En este sentido, como bien destaca Quim Casas en su libro sobre Ford, el título español del film es tremendamente engañoso. Lo de “audaces” da pie a pensar en la épica, la heroica, la aventura bélica con buenos y malos, el honor y la gloria… y poco hay de todo eso. El título en inglés de la peli, y de la novela original, ya nos da pistas de por donde van, o no van, a ir los tiros (perdón por la metáfora fácil). “The Horse Soldiers”, los soldados a caballo, es un título que habla de profesionalidad y no de acciones heroicas. Los militares de esta película no buscan la gloria, sencillamente van a cumplir un trabajo. Sin más. En una ironía muy fordiana, la única gloria que se menciona claramente es política, la que busca el coronel Secord (Willis Bouchey), que ansía llegar a senador, o incluso gobernador, una vez terminada la contienda. 

© Amazon MGM Studios.

Las escenas de combates están excelentemente filmadas, como no podía ser menos, pero muestran la guerra en su aspecto más ridículo. La carga suicida de un grupo de sudistas desarrapados y mal equipados, narrada en un brillante travelling, es afrontada por el grupo de Marlowe con profesionalidad pero no con heroísmo, dada su superioridad, y el coronel intenta evitar la masacre a toda costa, y tras ella busca consuelo en la bebida. Otra patética carga, la del ejército de niños y adolescentes dirigidos por un anciano cura, también formidablemente contada, empieza como una aparente muestra de inútil heroísmo para, al no responder al desafío los nordistas, a una escena dolorosamente cómica… Y en contraste con estas desmitificadoras escenas de combates están las que transcurren en los hospitales de campaña, en las que no se dosifica el sufrimiento y la sangre. 

© Amazon MGM Studios.

Al final, al no haber esa glorificación de la aventura bélica, lo que realmente destaca de esta supuesta misión de audaces es el itinerario exterior e interior de los tres personajes protagonistas, Marlowe, Kendall y Miss Hunter, cómo con el paso de los días su relación va cambiando sus personalidades, como unos van influyendo en los otros. En este sentido es particularmente hermosa la escena en la que una Hannah absolutamente cansada y horrorizada por la guerra se mira en los restos de un espejo roto y comprueba cómo ha cambiado físicamente… y también interiormente. Y para que quede clara la importancia de la descripción psicológica, el enfrentamiento dialéctico entre el coronel y el médico, que parecía abocado a un enfrentamiento físico… pues bien, pelear, pues sí, lo van a hacer… pero no esperen algo como lo de Gregory Peck y Charlton Heston en “Horizontes de grandeza”. Ni mucho menos. Y la relación entre Marlowe y Hunter, que podía llevar al inevitable romance… pues por haberlo, pues también. Pero no esperen que sea convencional, aunque aquí quizás tenga mucho que ver el abrupto final que Ford, apenado por la muerte de su amigo y especialista en sus filmes, acabó imponiendo… Aunque, como ya he dicho, le da un desenlace ciertamente melancólico, en consonancia con el tono general de la peli.
© Amazon MGM Studios.

 Por lo demás, es una peli de John Ford, y su maestría narrativa, el uso de travellings, el buen manejo de planos y encuadres, siguen siendo marca de la casa. Hay que destacar además la hermosa fotografía de William H. Clothier, que daría su particular sentido de la luz a numerosos westerns de los sesenta y los setenta, repitiendo además con Ford en más films, incluido “… Liberty Valance”. En cuanto al reparto, nada malo que decir sobre los protagonistas. Wayne resuelve bien su papel de militar escéptico y decepcionado, y Holden hace lo mismo con el del médico que antepone su deber sanador al militar. Un poco por encima de ellos está Constance Towers, cuyo personaje es el que más cambia a lo largo del metraje, y lo refleja con acierto. 

 

“Misión de audaces”, esa obra maldita de John Ford, acaba siendo, pues una buena película. No tiene el alcance ya sea mítico o desmitificador de las cumbres de su filmografía, pero no tiene nada de “obra menor”. Es un film más que digno que además encaja perfectamente en las constantes temáticas y artísticas del cineasta. 7,5 redondeado a 8/10. 

 


 

Big Star: THIRTEEN

 Big Star no fue el primer grupo en practicar lo que se acabó llamando power pop, ese estilo de canciones cortas que mezclaban potentes guitarreos con finas armonías vocales, que nació a comienzos de los setenta intentando seguir la estela de parte de las canciones de The Beatles, The Who o The Byrds, y que tanto influyó en la new wave. Pero sí que fueron los primeros en ser claramente reivindicados por músicos que les admiraban y admitieron su influencia.

 Formado en Menphis, Tennesee, en 1971 por músicos ya

curtidos en otros grupos, fue liderado por Alex Chilton y Chris Bell (voz, guitarras y compositores principales), a los que se unieron Andy Hummel (bajo) y Jody Stephens (batería), todos ellos rondando apenas la veintena en ese momento. En 1972 publicaron su primer álbum, "No. 1 Record", considerado su mejor trabajo, por ser el que mejores canciones ofrece y mejor muestra su estilo... aunque no fuera ni mucho menos un éxito de ventas. Luego vendrían las rencillas entre los miembros, el abandono primero de Bell, que acabaría muriendo un un accidente de tráfico en 1978, y luego de Hummel, y una banda que acabó reducida a dos de los miembros originales, Chilton y Stephens más músicos de estudio, y que se despidieron tras dos álbumes más, en 1974 y 1978, que, no siendo tan buenos como su esplendoroso disco de debut, mostraban el talento, y también el ambiente, de un grupo en descomposición... 

 Escojo de su primer álbum esta preciosa balada, "Thirteen", buena muestra de lo que el grupo ofrecía.

 


 

Fuente de los datos: Pérez de Ciriza, Carlos, 3 minutos de magia: Una historia del power pop y la new wave, Midons, Valencia 2018 

martes, 24 de febrero de 2026

Una peli al día (2026-02-23): UN SIMPLE ACCIDENTE (Jafar Panahi, 2025) 9/10

 

© Jafar Panahi, Les Films Pelléas, Bidibul Productions, Pio & Co

De momentos simples pueden derivar situaciones complicadas. Esto es lo primero que queda claro ya desde el comienzo de “Un simple accidente” (Yek tasādof-e sāde / Un simple accident, Jafar Panahi, 2025). Pero esto es solo el principio: esta película franco-iraní es mucho más que una descripción de las complicaciones derivadas de lo sencillo; es mucho más que la historia de una venganza; es mucho más que un thriller, un whodunnit o una comedia; es mucho más que una denuncia de la dictadura islámica que oprime a los iraníes. Es todo eso, y puede que aún más.

 

Jafar Paahani es un cineasta que desde siempre ha denunciado la dictadura que sufre su país, y ha pagado por ello, tanto a nivel personal como profesional. Ha conocido la cárcel, la censura, la prohibición, ha rodado gran parte de su filmografía sin permisos y clandestinamente… En esta película, en concreto, usa a actores profesionales y amateurs por ello, y desafía al régimen iraní presentando a las actrices sin el preceptivo hijab. Pudo sacara adelante el film al hacerlo en coproducción con Francia, donde tuvo que hacer el montaje final para evitar injerencias de su país… Y profesionalmente hablando le mereció la pena, al ganar la Palma de Oro en Cannes el año pasado, y convertirse en uno de los cuatro directores que han logrado a lo largo de su carrera el máximo galardón en los tres grandes festivales europeos, Berlín, Cannes y Venecia. Dicen las crónicas que lo ha hecho con una de las películas más accesibles de su carrera, algo que hay quien lo pone como positivo, y otros, como negativo. Al ser esta la primera peli suya que veo, no puedo opinar, pero sí que puedo decir que la mezclar denuncia con elementos de una serie de géneros típicamente cinematográficos consigue un film de fácil visionado y al mismo tiempo de calidad sobresaliente…

 

Durante un viaje nocturno por carretera, un padre de familia (Ebrahim Azizi), junto a su esposa embarazada y su hija, atropellan inadvertidamente a un perro que se les cruza en la vía. Este “simple accidente” causa una avería en el coche, por lo que lo llevan a un garaje. Allí, el mecánico Vahid (Vahid Mobasseri), que pasó una temporada en prisión por unas protestas salariales, queda horrorizado al creer reconocer en el conductor a Eghbal el “pata palo” (por la prótesis que lleva en lugar de una pierna), su antiguo carcelero y torturador. En busca de venganza, le secuestra con intención de ejecutarlo, pero las protestas y súplicas de aquel, negando ser esa persona, hacen dudar a Vahid. Para resolver las dudas, decide consultar a relaciones suyas que también han sido víctimas del torturador: Shiva (Mariam Afshari), una fotógrafa, la antigua pareja de esta, Hamid (Mohamad Ali Elyasmehr) y Goli (Hadis Pakbaten), una joven novia de quien Shiva está haciendo el reportaje de su boda. Mientras van de un lado a otro en una furgoneta con el secuestrado metido en una caja, y discuten sobre si realmente es quien ellos creen, otras cosas pasarán que les harán dudar más sobre su propósito de venganza…

 

Con esta síntesis ya advertimos la diversidad de géneros que afronta el film: está la denuncia del régimen islámico, el cuento moral sobre el sentido de la venganza, el thriller con el secuestro, el whodunnit sobre la identidad del secuestrado, la comedia presente en lo ridículo que resulta llevarle de un lado a otro, el drama de quienes sufrieron la prisión… y el tremendo mérito de Pahani está en la brillantez con la que combina todos estos elementos, que se alternan de forma natural y conforman un todo armónico que realza la película.

 

 De todos estos aspectos, hay dos que han producido sentimientos encontrados en la crítica. Por un lado, se elogia que poco a poco el hecho de la identidad real del secuestrado, o sea, el elemento whodunnit, acabe siendo el macguffin que mueve la historia. Estoy de acuerdo: al final lo que realmente importa más son las reflexiones sobre la moralidad de la venganza. Por contra, hay quien ha dicho que el elemento cómico es demasiado disruptor del poderoso drama narrado, comparando el trasiego del viaje con el secuestrado metido en una caja de un lado a otro con comedias bufas del tipo “Este muerto está muy vivo”. Aquí estoy en desacuerdo, y me alineo más con quien compara este elemento con la hitchcockiana “Pero… ¿quién mató a Harry?” donde el trasiego con un cadáver que es llevado de un lado a otro, más allá de la comicidad inherente a la situación, es en realidad una excusa para hacer un análisis del carácter de los personajes.

 

Así que más allá de controversias sobre macguffins o elementos cómicos mal entendidos, hay que quedarse con el acierto y naturalidad con el que Panahi va introduciendo el tema fundamental de la trama: la moralidad del deseo de venganza incluso ante una situación tan aterradora como la tortura. Porque no es justicia lo que buscan las víctimas del carcelero, por algo tan sencillo como que saben que bajo la dictadura islámica que sufren no van a encontrar esa justicia. No, es la venganza su única alternativa. Y sin embargo, antes de llevarla a cabo, el compás moral que rige la vida del protagonista, Vahid, hace necesario estar seguros de la identidad del secuestrado.

 

Todos los personajes recordarán lo sufrido por causa de su torturador, y todos darán sus opiniones sobre si creen que este es la persona que llevan en la furgoneta. Y otro mérito del director es no moralizar al respecto: las pruebas y evidencias son las que son, y a nosotros como espectadores nos corresponde tomar partido. Pero no se nos va poner fácil, y los eventos que ocurren paralelamente al secuestro nos van a dar también mucho qué pensar… Es significativo además que la identificación del personaje acusado no venga básicamente por pruebas visuales sino por otros sentidos como el sonido o el olor, que pueden ser igualmente concluyentes… o no. El sonido, de hecho, será tremendamente importante en la excelente última escena, en la que Panahi vuelve a jugar con su personaje protagonista, pero también con nosotros los espectadores, aportando además un elemento nuevo, casi de cine de terror, mostrando la espalda de Vahid con un inquietante sonido de fondo, dejándonos con un final deliciosamente ambiguo que nos lleva, de nuevo, a que saquemos nuestras propias conclusiones.

 


Y ya que hablamos del aspecto visual del film, hay que decir que es tan brillante como su temática y caracterización. Panahi plantea una trama muy dialogada, girando en torno a tres planos secuencia esenciales. El inicial, con el accidente y la llegada del coche al garaje; otro a mitad de metraje, en el desierto con el exaltado Hamid en el centro de la imagen defendiendo su teoría e interpelando a sus compañeros de viaje, que están en los extremos de la imagen y durante gran parte de la secuencia, fuera de cámara; y otro nocturno, estremecedor por su contenido dramático, previo al desenlace, en el que salta por los aires toda la contención desarrollada con anterioridad y donde se demuestra que todos los demás elementos, el cómico, el whodunnit, el thriller iban a llevar a un auténtico exorcismo de emociones final…

 

Es “Un simple accidente” otra de las películas grandiosas de 2025, y desde luego una de mis favoritas. No solo tiene valor por su denuncia, por sus reflexiones morales o por su desarrollo de personajes o por el dramatismo de la situación… es que además es tremendamente entretenida, de un visionado fácil que para nada rebaja la complejidad de su temática y estructura. Simplemente, un film espléndido. 9/10

 


 

La canción de la espada

© King Features Syndicate, Manuel Caldas editor

 Todos recordamos una canción concreta de un disco, e incluso algún verso de la misma. Todos somos capaces de recordar, y hasta recitar, escenas completas de alguna película, y usamos sus frases como ilustraciones de la vida misma. Pero en el tebeo, ¿podemos recordar con claridad una viñeta, una frase dicha por un personaje, una escena que nos haya marcado profundamente, cuya fuerza vaya más allá de lo en ella narrado o dicho?

La viñeta que nos ocupa hoy debería ser recordada, citada, llevada al extremo mitómano por todo amante de la historieta que se precie. Pocas veces habremos visto al héroe en circunstancias tan adversas y, sin embargo, pocas veces habremos estado tan seguros de que tarde o temprano triunfaría.

Todo en la escena es perfecto: los ojos que se nos van alternativamente de la interminable fila de vikingos al solitario joven que les hace frente, en una linea horizontal cuajada de detalle, donde cada personaje es claramente definido y caracterizado. En contraste, vemos una linea vertical, la que siguen los enemigos que caen al enfervorecido torrente que se les lleva.

Viendo esta viñeta, todos queremos ser Valiente, a todos nos gustaría ser el héroe enfrentado a la hazaña imposible, blandiendo la Espada Cantarina, sí, esa que da fuerza a su poseedor cuando es enarbolada en una causa justa. Y ¿qué puede haber más justo que luchar por la persona amada, liberarla de sus captores para caer luego rendidos a sus pies?

Viñetas como esta son historia viva del tebeo, la razón por la que muchos caimos una vez subyugados ante este medio de expresión y todavía hoy seguimos maravillados por sus infinitas posibilidades.

 

  Entrada originalmente publicada en el blog Una habitación con viñetas el 25-1-2007

Bruce Springsteen & The E Street Band: SOMETHING IN THE NIGHT

Nada tienes cuando naces,y mejor será que te quedes así.Tan pronto como tienes algo,envían a alguien para quitártelo. (...)

Cuando encontramos lo que amábamos,estaba destrozado y moribundo entre el barro.Intentamos recoger los pedazosy escapar indemnes,pero nos atraparon en la frontera del estado,quemaron nuestros coches en una última peleay nos dejaron huyendo, abrasados y ciegos,persiguiendo algo en la noche.


 "Something in the Night" es una de mis baladas sprinsteenianas favoritas, por no decir la que más me llega. Me atrapó desde un principio por el desgarro con el que Bruce la canta, introducida y despedida por unos melódicos y desesperados alaridos, y una E Street Band soberbia, donde las guitarras toman un discreto segundo plano como fondo, aportando meros matices a una demoledora sección rítmica donde destaca Max Weinberg golpeando los tambores como si le fuera en ello la vida, y con el contrapunto de los dulces acordes en arpegio de Roy Bittan al piano con el trasfondo de los teclados de Danny Federici, terminando con la última estrofa seca, desnuda, interpretada solo por la voz de Springsteen arropada por la batería... todo ello ilustrando una historia de perdedores sin esperanza ni pasado ni futuro, muy en consonancia con la temática pesimista del maravilloso "Darkness on the Edge of Town" en el que está incluída, viendo algunos, como reflejan Philippe Margotin y Jean-Michel Guesdon en su libro sobre las canciones de Springsteen, la posibilidad de una metáfora sobre las relaciones entre Bruce y su anterior manager y productor Mike Appel, y con la industria discográfica en general, durante el hiato de tres años dominado por trámites judiciales para romper contrato con aquel, lo cual impidió que pudiera publicar nuevo material.

La canción fue tomando forma a lo largo de 1976, estrenándose una primera versión en agosto durante un concierto en Red Bank, New Jersey. 


 A medida que avanzaba el año, Bruce fue refinando el tema, afinando la letra y los arreglos, llegando a proponerse una introducción al saxo o trompeta, como puede verse en esta versión en directo en noviembre en Nueva York...

... hasta la versión definitiva en álbum, que Springsteen introdujo en la gira de presentación de "Darkness...", tal como puede escucharse en esta actuación a finales de mayo de 1978 en Boston, pocos días antes de que el álbum saliera a la venta.


El tema ha seguido siendo tocado en directo a lo largo de cinco décadas, y en 2009, como complemento de la edición de "The Promise", fue lógica parte de la interpretación del "Darkness..." completo en el vacio Paramount Theatre de Asbury Park, New Jersey.


Termino este repaso de una de mis canciones fetiche del Jefe con un toque personal. Fue una tremenda sorpresa, bendita sorpresa, para mí que a las nueve de la noche del 14 de junio de 2024, en el estadio Metropolitano de Madrid, la última ocasión en la que le he visto en directo, Bruce empezara el concierto justamente con "Something in the Night", algo de lo que doy fe con este breve clip con el inicio de la canción. Podría haber habido otras canciones con las que empezarlo, pero pocas habrían resultado tan emotivas para mí como esta.



lunes, 23 de febrero de 2026

Una peli al día (2026-02-22): LA ISLA DEL FIN DEL MUNDO (Robert Stevenson, 1974) 6/10

 

© The Walt Disney Company

Nostalgia, nostalgia y más nostalgia. De eso me tomé ayer un buen montón de dosis al revisionar “La isla del fin del mundo” (The Island at the Top of the World, Robert Stevenson, 1974), película de aventuras en imagen real de la Disney que no veía desde nano, cuando fue proyectada en el teatro de la (Universidad) Laboral durante lo que entonces era el Festival de Cine para la Infancia y la Juventud de Gijón.

 

Y como viaje nostálgico, no ha estado mal. He recordado (que no revivido, lo que es imposible no puede ser, ya se sabe) la ilusión con la que la fui a ver y lo bien que me lo pasé con ella. Otra cosa son los ojos ya sesentones con la que la he vuelto a ver, encontrándome con un producto familiar con el que la productora de tito Walt intentaba reverdecer laureles de pelis similares, como “20.000 leguas de viaje submarino”, pero que aspirando a ser un film espectacular de campanillas se queda en casi una serie B con momentos entretenidos y dignos y otros aburridos y hasta irrisorios de lo torpemente realizados que están.

 

En 1907 el industrial millonario Sir Anthony Ross (Donald Sinden) contrata los servicios del arqueólogo y profesor universitario experto en civilizaciones nórdicas John Ivarsson (David Hartman) para intentar hallar a su hijo Donald (David Gwillim), desaparecido durante una expedición que pretendía encontrar un mítico cementerio de ballenas en aguas árticas. Para ello monta otra expedición en la que viajarán más allá de Groenlandia en un dirigible construido y pilotado por el francés Capitán Brieux (Jacques Marin). Por el camino se encontrarán con la ayuda del esquimal Oomiak (Mako) y de la joven Freyja (Agneta Eckemyr), habitante de una arcaica civilización residente en la misteriosa isla de Astragard…

 

El film está basado en una novela del escritor Donald Gordon Payne bajo el seudónimo Ian Cameron. Al adaptarlo, se adelantó la acción de la trama a comienzos de siglo XX y se añadieron los elementos a lo Jules Verne, en especial el dirigible Hyperion, que supuestamente es la estrella de la película. La intención, como he dicho ya, era hacer una producción espectacular que superara los éxitos entre lo moderado y lo aceptable con los que entró en los años setenta, como “Los aristogatos”, “Robin Hood” o “La bruja novata” o “Herbie, un volante loco”.

 

© The Walt Disney Company

De hecho, la película empezó a prepararse en 1968, y el departamento de diseño de producción echó el resto, con unas pinturas mate espectaculares para los fondos y, por supuesto, el dirigible que pretendía emular al Nautilus… En cuanto al reparto, como protagonista principal pretendían a alguien que repitiera la gravedad serena y misteriosa de James Mason, para lo cual contactaron primero con Sean
Connery y más tarde con Peter Ustinov. Lamentablemente, las pretensiones económicas de estos eran demasiado grandes, y acabaron acudiendo a Donald Sinden, actor ingles shakesperiano de prestigio, aunque su personaje tuviera un tono más cómico que el del Capitán Nemo…

 

© The Walt Disney Company
Y ahí se acaban los aciertos del reparto. Porque para el resto de personajes se contrató a un plantel de actores que oscilaron entre la sobreactuación y la profunda sosería. Esto es especialmente grave en el personaje coprotagonista, el sabio supuestamente fascinado por las civilizaciones nórdicas, interpretado por David Hartman, que ofrece una actuación acartonada y sin ningún atisbo de esa fascinación. Hartman, un antiguo jugador de béisbol que luego derivó a la publicidad televisiva, tuvo una carrera como actor relativamente corta, apenas una década, siendo uno de sus papeles más destacados el protagonista en la serie Lucas Tanner, donde interpretaba a un enrrollado e innovador profe de instituto, siendo esta serie y la peli que me ocupa sus últimos trabajos como actor antes de convertirse en un exitoso presentador de noticiarios.

 

Pero no son estos los únicos problemas con la película. A pesar del excelente diseño de producción, los efectos especiales son en general muy pedestres, y la dirección de Stevenson (currante-para-todo de la casa Disney, tan capaz de cumplir con mucha dignidad como de ofrecer productos de lo más ordinario) es muy monótona, convirtiendo las escenas de más acción, de huidas y escapadas en secuencias rutinarias que se acaban haciendo excesivamente largas.

 

© The Walt Disney Company

Curiosamente, la película funciona mejor antes de que los héroes lleguen a su destino. El viaje en el dirigible sí que alcanza un aura de auténtica aventura, consiguiendo una más que acertada mezcla del tono a lo Julio Verne y el ambiente victoriano. Esa primera mitad del film aguanta muy bien todavía hoy y justifica una revisión cariñosa de la peli. Además, cuenta con una banda sonora del clásico Maurice Jarre que, sin estar a la altura de sus grandes obras, sí que evoca un tono épico y aventurero que el guion, lamentablemente, no ofrece en el momento supuestamente estelar de la aventura…

 

Si conseguimos ver esta película con los ojos de un niño, le perdonaremos sus muchos pecados, y la veremos con la nostalgia de la inocencia con la que vimos tantos filmes que, más allá de su calidad, en su momento nos marcaron y nos contagiaron de la magia del cine. Vista con los ojos adultos, no es que estemos ante una peli horrible, pero sí bastante mediocre a la que salvan algunos momentos concretos. Como prefiero ser caritativo y rendirme a la nostalgia, le daré un 5,5 redondeado a 6/10.

 


 

Camilo Sesto: MELINA

 Vale, lo confieso. En mi época preadolescente, mis gustos musicales eran un batiburrillo en el que convivían Beatles, Simon & Garfunkel, Serrat... y Camilo Sesto. Me encantaba Camilo Sesto. Me aprendía sus canciones de memoria, las cantaba a voz en grito en los viajes en coche con mis padres, para su horror acústico... La cosa llegó a su apogeo con su versión de "Jesucristo Superstar", que en formato cassette ponía una y otra vez, alternándola con la versión de la peli de Norman Jewison.

Y luego estaba esta canción, una de mis favoritas, con ese ritmillo saltarín tan agradable y esas cosas tan bonitas que decía sobre esa mujer de evocador nombre, Melina... cuando pocos años me enteré de quién era esa Melina, estaba uno ya despertando ideológicamente, y no pude menos que admirar a la actriz y política griega por su valor y lucha antifascista... y admirar aún más a Camilo por dedicarle esta canción en las postrimerías del franquismo. 

 Pues vale, por los buenos viejos tiempos, por Melina Mercouri y por Camilo, aquí la dejo. 


 

domingo, 22 de febrero de 2026

La tristeza de Jeremiah

© Herman Huppen / Planeta Cómic

 La fuerza de una viñeta puede verse fácilmente si se descontextualiza. Para que una viñeta mantenga su vigor aislada de sus referentes, sin embargo, hace falta un excelente dibujante, alguien que sea capaz de reflejar en un rostro o en un ambiente todo el contenido del recuadro, además de poder, si es necesario para la narración, usar otro elementos consustanciales a la historieta.

Veamos esta viñeta de Hermann, del álbum Un cobaya para la eternidad, de la serie Jeremiah. Tanto si conocen la obra como si no, es difícil sustraerse a la fuerza de su expresión, y casi imposible no deducir los sentimientos del personaje.

Obviamente, el principal garante del contenido es el dibujo del rostro. A pesar del detalle del dibujo realista del autor belga, es de una simplicidad latente. Ojos cerrados, labios con mohín, el rostro ligeramente entornado. Así de sencillo. Hay tristeza en el personaje. Podemos elucubrar: si no fuera por los ojos cerrados, probablemente veríamos las lágrimas; es posible que cerrar los ojos implique también que no quiere ver algo o a alguien.

Decíamos que no basta con ser un buen dibujante, con todo; hay otros elementos del lenguaje del cómic que el autor debe saber dominar. Evidentemente, un primer plano es el mejor medio para mostrar el sentimiento del personaje, pero aquí ese primer plano es convenientemente manipulado por el artista. El rostro esta cortado a la altura de la coronilla, por arriba, y de la barbilla, por abajo. El efecto es que si dividiéramos la viñeta horizontalmente en tres partes más o menos iguales, veríamos que la prímera línea que corta estaría aproximadamente a la altura de los ojos; la segunda, a la altura de los labios. Los dos elementos que definen la expresión de Jeremiah. Según una regla de la fotografía, esas líneas imaginarias que dividen en tres una imágen definen los puntos de más interés.

Veamos ahora el encuadre: estamos ante una viñeta horizontal. Un encuadre vertical habría constreñido la imágen, dando la impresión de un ambiente cerrado y redundando probablemente en la interioridad de los sentimientos del personaje. Pero el autor decide introducir una línea de diálogo, con lo cual entra en escena un personaje que no aparece en la viñeta. Es un diálogo corto y, además, en un rotulado muy pequeño. El encuadre horizontal que nos ofrece Hermann parece exagerado para algo tan exiguo. ¿O no?

Al estar el personaje situado a la derecha, se respeta el sentido de lectura desde la izquierda, así que leemos primero sus líneas y luego vemos su rostro. La última impresión es la demoledora tristeza que transmite. Para cuando vemos el dibujo, ya sabemos la causa de su tristeza: decepción. El rotulado pequeño transmite un sonido bajo, casi un susurro. Los puntos suspensivos que le rodean, la idea de una frase inacabada, quiza enmarcada en un suspiro. El bocadillo no engloba las palabras, y queda deliberadamente abierto: las palabras de Jeremiah son lanzadas al aire, más que dirigidas a su invisible interlocutor, y en su pequeñez dentro de la viñeta, dentro de ese desequilibrio con respecto a la ocupación de las dos mitades de la misma, transmiten absoluta indefensión.

Sí, una viñeta descontextualizada puede mantener su fuerza. Eso nos da una idea de su función dentro del relato. Sólo hace falta un autor que sepa bien lo que hace.

 

  Entrada originalmente publicada en el blog Una habitación con viñetas el 15-1-2007

Sobre franquismos que ya no existen, heridas reabiertas y rostros encapuchados

 Venga, ahora díganme eso tan bonito de que el franquismo es cosa del pasado y que retirando horripilancias como esta se abren viejas heridas.

Por cierto, lo de las "caras encapuchadas" en espacios públicos es lo que cierta gente quiere prohibir por "motivos de seguridad", ¿no?
 
Puede ser una imagen de una o varias personas, monumento y texto que dice "ύИ LOS HÉROES NO NOSE SE -ANACIONAL ክር ነር N Neonazis, caras encapuchadas y 'arribas España' en la concentración en Gijón en defensa del monumento a los héroes de Simancas La Nueva. España Gijón"