Farmacia de Alonso Luengo, en León. Foto de Jordi Asturies.

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miércoles, 18 de marzo de 2026

La mirada de Leónidas

  

Variaciones sobre el mismo tema: hace poco veíamos el uso del punto de vista subjetivo por parte del maestro Will Eisner en una historieta de Spirit. Allí era la visión de un hombre normal y decente convertido en un asesino.

Ahora observemos esta página del 300 de Frank Miller. Nuevamente se usa un punto de vista subjetivo, pero con algunas variaciones, unas claramente perceptibles y otras más subrepticias. Para empezar, el formato a gran tamaño de las páginas de la obra de Miller le permite aumentar el detalle y la espectacularidad, algo lejano de la cotidianeidad que ofrecía Eisner. Por lo demás, aparentemente el recurso es el mismo: vemos lo que ve el protagonista; pero no todo es tan sencillo...

lunes, 16 de febrero de 2026

Spirit: Tras los ojos del asesino

 

Imagen © Will Eisner, Norma Editorial.
En todas las artes hay en el espectador un matiz de voyeur, en el sentido de que somos cotillas testigos de la visión del mundo que el artista ha querido darnos. Sin embargo, en pocas somos tan manejados por el artista como en las artes visuales narrativas, como el cine o la historieta. Ahí somos marionetas en manos del creador, qué nos hace ver lo que él quiere que veamos y nos deja poco espacio para la imaginación. Pero también es cierto que el narrador omnisciente que nos cuenta historias en estos medios hermanos puede, al decidir la forma en que cuenta el relato, dar cierto margen de actuación al espectador. Sin embargo, otras veces fuerza a éste a ser observador indefenso de lo que acontece.

En la historieta "El asesino" Will Eisner nos pone de repente (previo aviso, eso sí), literalmente tras los ojos de Henry, el protagonista. Vamos a presenciar una tragedia en primera fila, sin ninguna barrera, ni siquiera la emblemática cuarta pared. Esto va a permitir que comprendamos mucho mejor las motivaciones de Henry, sin ninguna innecesaria explicación más. Es como si, situados en las cuencas de los ojos de éste, recibamos al mismo tiempo que él las instrucciones que manda el cerebro.


Toda el flash-back que se ha desarrollado antes ha llevado a esta cruda manifestación de la realidad, donde la implicación con el personaje es total. Ya no es que la viñeta sea el ineludible destino al que el artista obliga al lector a llevar a sus ojos... Se nos introduce tras los ojos del personaje, y ya no vemos lo que ve el artista, si no lo que ve aquel. Es como si el creador nos dijera que él es también esclavo de su relato, que no puede elegir lo que cuenta. Es más, este punto de vista incide en la frialdad con la que actúa el personaje, demostrándonos como el modo de narrar una historia no sólo es un medio para el desarrollo de la misma, si no que también puede aportar datos a la caracterización.

El acertado uso de recursos como este es campo vedado de maestros en su arte, como el añorado Will Eisner. Muchas veces, cuando vemos algo así somos inmunes a su efecto, por tantas veces como ha sido imitado, repetido e incluso parodiado, y olvidamos, o ignoramos, a los pioneros que experimentaban con el lenguaje del medio. No está de más rendirles el homenaje que se merecen de vez en cuando.

 Entrada originalmente publicada en el blog Una habitación con viñetas el 7-1-2007