Por más vueltas que se le dé, no se entiende. Es difícil de entender la cadena de despropósitos que ha acabado convirtiendo a España, mi país, en el primer lugar del mundo occidental donde se da un contagio por ébola. Y a estas alturas de la película, quizá sea hora ya de ir olvidando la raíz del problema y exigir que se empiecen a tomar, de una vez por todas, las medidas necesarias para que el daño no llegue a convertirse en una tragedia de proporciones descomunales.